Apagar la zarza ardiendo

Dolça Catalunya es un Blog que se define como “un grupo de catalanes normales. De los que os cruzáis por la calle o en el bar. De toda Cataluña y de toda la vida. O sea, que somos lo que fueron nuestros abuelos y bisabuelos: catalanes, españoles y europeos. Como siempre. Estas cosas no cambian. Estamos aquí. Para decir que nos gusta Cataluña, a secas. Y que no nos gusta la Cataluña nacionalista, porque el nacionalismo es la degeneración de todo lo que queremos”. Es seguido diariamente por miles de ciudadanos de toda España.

Hace unos días publicó el siguiente artículo: A la alcaldesa de Vich también le sale el hitlerito: hay gente que “por su aspecto físico no parece catalana”

Això del nacionalisme està ple de genetistes fanàtics, escolti. Anna Erra és mestra a les madrasses del Règim, llepaire del partit dels Pujol i fa de batllessa de Vich. Ayer dijo esto en el parlamento autonómico:

“Hay que aprender el catalán y poner fin a la costumbre muy presente en determinadas zonas del país de hablar en castellano con cualquier persona que, por su aspecto físico o su nombre, no parezca catalana”.

O sigui, 3 costums totalitàries del nacionalisme en una sola frase:

Obligar a aprender catalán, aunque los catalanes hablamos 2 lenguas y escogemos la que más nos gusta.

Prohibir hablar en español, la llengua habitual del 51% dels catalans; y nada de tener la buena educación de hablarlo con quien solo entiende esa lengua nuestra, sisplau.

Decir que a los catalanes se nos identifica por nuestro aspecto físico. Porque debemos tener un RH amb fetdiferencial, és clar. Que viene a ser lo mismo que decía racisTorra: quien no habla catalán es una “bèstia amb forma humana”.

Pues nada, un abrazo a la alcaldesa racista de Vich (JxC) y otro al profesor de Vich (ERC) que afirma que “hay pruebas genéticas” de que “España es filofascista”. I al genetista Junqueras, la appartheidi Forcadell, el entomólogo de “bèsties amb forma humana” racisTorra, el president fanàtic que pedía “foragitar els invasors”, al exdirector de TV3 que dice que los “tots els espanyols són xoriços per ser espanyols”, a la consellera de Cultura que lloa la “raça catalana”, y a toda la clerecía lazi que nos gobierna desde hace 4 décadas.

Per cert, Anna: va a ser que hablaremos lo que nos vingui de gust, y lo de asociar el catalán con tu ideología racista no ayuda.

Dolça i nazificada Catalunya…

Hace años, cuando aún no había llegado el tema separatista a los niveles actuales, yo escribí:

Cuando un charnego llega a Barcelona, además de encontrarse con una ciudad preciosa, abierta, acogedora, necesita saber unos conceptos mínimos para poder flotar en el asfalto y, con alto riesgo de equivocación, estas fueron mis impresiones de tres años de estancia allí.

El catalán es una mezcla de mercader fenicio y leyenda merovingia, trabajador, culto, ahorrador, serio, decidido, pacífico, no encaja bien los chistes en los que se siente reflejado, sexualmente liberado, más las mujeres, mantenedor de sagas familiares, burgués, a lo que todo catalán aspira, botiguer, que es un concepto mucho más amplio y sofisticado que tendero, ante un semáforo en ámbar el madrileño acelera y el catalán frena, mal banquero a lo largo de la historia, más europeo que el resto de españoles, no toma cervezas después de salir de trabajar y paga a escote. Y quienes son verdaderamente inteligentes son las mujeres, que dirigen a sus maridos y compañeros en la sombra y sin que estos se den cuenta.

Es constatable la idiosincrasia catalana del “deixar fer, deixar passar” (dejar hacer, dejar pasar) del día a día, siempre y cuando tú me dejes hacer y me dejes pasar a mí, o sea, círculo estrábico, mirar para un lado y ver otro, o mejor no ver nada.

 

 

Entre una y otra opinión, hay diez años de diferencia; y dos posiciones políticas encontradas, una separatista y otra integradora. Me da la impresión que cada vez estamos más distanciados y que ellos estarían dispuestos a ir a una guerra civil con armas contra España, pero no la población civil española contra Cataluña. Solo un gobierno fuerte, compacto y con el apoyo de todas las fuerzas políticas, aplicando la Constitución y no actuando de forma torticera retorciendo las leyes vigentes, puede apagar esta zarza ardiendo, de forma similar a como hace Italia, Alemania o Francia con quienes pretenden la secesión de alguno de sus territorios.

 

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