Olvidados de la democracia

Uno de los principales problemas que tenemos hoy día en España, es el secesionismo. Bajo el concepto de “nación independiente”, “raza pura”, “raza superior”, “mejor nivel de vida”, “toma de decisiones locales” y otros parecidos, algunos de ellos rozando la xenofobia y el racismo contra España, a la que muchos vascos y catalanes engrandecieron incluso con sus vidas, se ha hecho un totum revolutum que parece que son todos los vascos y todos los catalanes los que desean la independencia.

Nada más lejos de la realidad. Aunque las circunstancias han cambiado mucho desde que yo vivía en Bilbao, y posteriormente en Barcelona, son millones los ciudadanos de ambas autonomías que se sienten, además de catalanes o vascos, españoles. Y esos españoles están olvidados por completo por las autoridades nacionales, por el Gobierno de la Nación.

No voy a entrar hoy en que los niños no pueden estudiar si no es en el idioma autóctono, que un estudiante universitario de Almería no puede ir a ninguna universidad de esas regiones, un director de banco de Sevilla no podría trasladarse allí, o un juez de Badajoz o un catedrático de Valladolid, porque no entendería nada del idioma en el que tendrían, obligatoriamente, que estudiar, trabajar o desenvolverse, estando, hoy por hoy, en España.

Para ello, desde siempre, utilizan la debilidad del Estado central, del Gobierno de turno, aumentado en grado sumo cuando, como ahora, gobierna un egocéntrico mitómano ayudado por comunistas y separatistas, que ignoran a los que se sienten españoles en esas tierras, que no les tienen presentes para nada y que ni siquiera les oyen como debieran, al menos con el mismo rango y rigor que a los que pretenden la separación de España.

 

 

Los separatistas se unen entre ellos, porque es su primer objetivo, sea cual sea su credo y pensamiento político y económico. Pero no creamos que son todos iguales. Si llegaran a independizarse, supongo que tras una nueva guerra civil, Dios no lo quiera, aparecerían las diferencias de objetivos como partidos políticos. Las últimas noticias, rumores, apuntan a que PSE, Bildu y Podemos podrían unirse en Irún en un Gobierno vasco tripartito para echar al PNV. Los tres primeros son partidos de izquierda, algunos de ellos radicales; el PNV es la extrema derecha vasca, la de La Comercial, la de Neguri, la de los curas, la de los ricos vascos venidos a menos. Todos estos pactos los puede vender “Iván el Terrible” con el lacito de colores que le parezca bien, pero la realidad de idearios es la que he descrito.

Lo mismo pasa en Cataluña, dónde coexisten en el separatismo la izquierda moderada, la ultraizquierda y comunistas, con la derecha tradicional de los botiguers, pañeros, industriales, banqueros y residentes en Pedralbes, la parte alta de Barcelona.

Fue Fraga el que dijo que “la política hace extraños compañeros de cama”, una persona ahora vilipendiada pero que fue decisivo en la Transición española de la dictadura a la democracia, que murió siendo “cero” más rico que cuando entró en política, y eso que estuvo en activo más años que el “palo de la bandera”.

No. Los secesionistas son una piña contra España; pero entre ellos, existen muy notables diferencias que tienen confundidos a los ciudadanos de esas CCAA’s, que se creen que todos vivirían como ricos de la noche a la mañana. De eso hay muy pocos casos en España, el más reciente, el de Pablo Iglesias, que se ha hecho rico en cuatro años con el voto de los pobres.

 

 

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