El discurso del Rey

Como desde hace años, el mensaje navideño de SM El Rey de España, ha suscitado verdadero interés y opiniones encontradas entre los Partidos Políticos.

En mi opinión, con problemas de identidad desde el tálamo por si la bellísima, y preparada, Leonor es futura Reina de España, o solo la ciudadana Leonor, dentro de un discurso frío, demasiado moderado para los tiempos que corren y falto de la energía necesaria de quien es el Jefe del Estado, las frases más importantes fueron:

 

 

“Quiero destacar la voluntad de entendimiento y de integrar nuestras diferencias dentro del respeto a nuestra Constitución, que reconoce la diversidad territorial que nos define y preserva la unidad que nos da fuerza»

“Mantengámonos unidos en los valores democráticos que compartimos”.

“El deterioro de la confianza de muchos ciudadanos en las instituciones, y desde luego Cataluña, son otras serias preocupaciones que tenemos en España”.

Como antes escribíamos, las opiniones han sido encontradas, considerándolas prudentes y ajustadas siempre a la Constitución según el arco de la derecha, comentadas con pinzas por el socialismo sanchista, y con odio, rabia, contra la paz y convivencia nacional, la reacción de los secesionistas catalanes.

Puigdemont replica “Gracias a su ‘a por ellos’ miserable, y nunca rectificado, que entonó en el discurso del 3 de octubre de 2017, se puso al frente de la represión. No nos olvidaremos nunca de eso”.

Quim Torra ha apostado por “seguir avanzando para culminar el proceso de independencia”.

Rufián, haciendo honor a su nombre, compara el discurso con un mitin de VOX; supongo yo que porque, hasta ahora, ni VOX ni el Rey se han saltado la Constitución.

A ellos se han unidos los independentistas vascos y gallegos, envalentonados por los hechos consumados por los catalanes, las prebendas obtenidas y el avance de sus pretensiones ante la ineficacia del Gobierno de España.

 

 

¿Qué pasaría si la policía me pillara a mí con los planos del Banco de España, sus sistemas de blindaje, de su seguridad, y con una banda de delincuentes dispuestos a atracarlo? ¿Qué pasaría si se detectara media docena de yihadistas con explosivos y planos detallados del campo de fútbol del Sevilla? ¿Qué pasaría si se descubriera una organización militar dispuesta a hacer una acción con el Gobierno Español similar a la que han hecho los condenados por el procès en Cataluña con respecto al resto de España? ¿Qué pasaría si hubiera un grupo que repeliera los actos y la violencia terrorista de los CDR, con sus mismas armas y bagajes? Estoy seguro que, en ninguno de los casos detallados, pretenderían gobernar desde la cárcel, en donde permanecerían por muchísimo más tiempo que van a estar Junqueras y su séquito, y sin imponer, ni consentir, que desde la Moncloa se cambie el informe de la Abogacía del Estado, y ya veremos si la cosa no llega más arriba y se acaba con la credibilidad del poder judicial.

Desde hace años se postula por el diálogo, que no es sino un monólogo en el que los catalanes no se mueven de su posición más favorable, sin que ningún político del Estado haya conseguido nada que no fuera en su beneficio personal para resistir en su columna peridiana. Esto, más bien antes que después, tiene que explotar por algún sitio; en mi juventud, cuando Franco ya no era tan fuerte ni como militar ni como Jefe del Estado (antes no se atrevía nadie, por mucho que digan algunos ahora), gritábamos “Más vale morir de pie con honor, que vivir de rodillas en la dictadura”. Ahora hay muchos, millones de españoles, que lo piensan, pero nadie se atreve a decirlo, por aquello de las etiquetas y de que, sin que la mayoría de ciudadanos se de cuenta, nos están empujando a una dictadura comunista, sin Dios en sus diferentes acepciones, sin familia, sin patria, sin honor y, próximamente, tratando de ahogar la propiedad privada. Cuando se han puesto todos los diálogos sobre la mesa, y una y otra vez solo se llega a transgredir el Ordenamiento Jurídico Español, el poder represivo únicamente puede ejercerlo el Estado. La gran pregunta es: ¿Cuándo y quién será el que de la orden de utilizar ese poder represivo con contundencia y poner punto final a la actual situación, antes de llegar a una nueva guerra civil? “Con la gente vil obra más el rigor que la bizarría”, según Baltasar Gracián.

 

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