Los imperios pasan

Voy a tratar de contar un cuento. Que no parezca verdad ni mentira, sino todo lo contrario. Desde la creación y conquista de Roma por parte de los etruscos, estuvo regida por Reyes y por la República, periodo de la historia de Roma como forma de gobierno que se extiende desde el 510 a.C., cuando se puso fin a la monarquía con la expulsión del último rey, Lucio Tarquino el Soberbio, hasta el 27 a.C., fecha en que tuvo su inicio el Imperio.

 

 

Cuando se estableció la república en sustitución del rey, el poder cayó en manos del estrecho círculo de los patricios, quienes acapararon la autoridad, que reposaba en el linaje y la riqueza. Estos patricios controlaron totalmente los puestos de elección, el senado y la asamblea de ciudadano; durante los dos siglos y medio siguientes sobrevino lo que se ha llamado la “Lucha de Ordenes”. En un lado estaban los patricios, determinados a mantener su monopolio en el poder y su exclusiva posición social; desafiándolos estaban los plebeyos, quienes apenas constituían una clase homogénea; algunos eran ricos y ambiciosos, deseosos de tomar parte en la toma de decisiones políticas. La mayoría eran pobres y de humildes familias.

En el 494 a.C., la secesión (retirada) al Aventino (una de las siete colinas de Roma) de los plebeyos, obligó a las clases patricias a conceder la institución de los tribuni plebis (tribunos de la plebe) que eran elegidos anualmente por el Concilium plebis (Asamblea de la plebe) como representantes de los plebeyos para la defensa de sus intereses.

El resultado final la creación de una constitución para la república que situó el control del estado en las manos de sus ciudadanos, el senado romano y el pueblo, como decían los romanos. Alrededor del 265 a. de C. los ciudadanos teóricamente tenían el máximo poder de decisión sobre la política pública; ejercieron tal poder mediante la participación en las asambleas ya mencionadas; de éstas la asamblea de tribu fue el instrumento principal para la expresión unida del deseo popular. El sistema ejecutivo romano era colegiado en la forma; con pocas excepciones, cada función administrativa se llevaba a cabo por una junta de por lo menos dos miembros de igual rango, cada uno de los cuales tenía poder de vetar los actos de sus colegas, un sistema que restringía las acciones temerarias de los funcionarios elegidos y llevaba complicadas negociaciones para lograr cualquier resultado.

Con la llegada de Julio Cayo César al poder, en el año 45 a.C. se convertía en el único dueño de la situación y recibía el nombramiento de “dictador perpetuus” al que había de añadir los títulos de “imperator”, “pontifex maximus” y “pater patriae”.

 

 

Grandes guerras de conquista constituyeron el Imperio Romano, desde que Octavio recibió el título de Augusto (27 a.C.), hasta la llegada al poder de Diocleciano (284 d.C.), cuyas fronteras abarcaban desde Mesopotamia hasta Finisterre en la provincia de Hispania. La división y decadencia se extendió desde Diocleciano hasta la disolución del Imperio Romano de Occidente en 476 d.C.

En el año 218 a. de C. las legiones romanas llegan por primera vez a la Península. La conquista duró doscientos años, hasta que, en el 19 a. de C., las tropas romanas consiguieron someter el último foco de resistencia: cántabros y astures.  Durante esos doscientos años tuvo lugar la adaptación al modo de vida romano por parte de las sociedades conquistadas: es lo que se conoce como romanización.

En tiempos de Augusto, Hispania estaba dividida en dos provincias: Citerior o Tarraconensis, y Ulterior, que estaba a su vez dividida en Lusitania y Bética.

Ni que decir tiene que las costas de Tarraco, Ampurias y Barcino, dónde antes se hubieran instalado los fenicios, que dejaron su impronta de mercaderes y avaros en aquellas tierras, era el punto más cercano por mar desde la capital del Imperio en Roma.

Siguiendo la tradición de los trapecitas griegos, el sistema bancario llegó a Roma, y a sus provincias, proveniente de la parte oriental de Grecia. Tito Livio señala por primera vez la presencia de los argentarios en las tiendas del Foro romano en el año 310 antes de Cristo. Las guerras contra Cartago comportaron la opulencia romana, y los cambistas se convirtieron con rapidez en argentarii, nombre de los banqueros romanos, que pusieron en práctica las reglas seguidas en Atenas, cuyo poderío iba a desvanecerse ante el de Roma.

Se autorizó la constitución de sociedades de capitales, en cuya estructura figuraban el Mancep, que era el adjudicatario de la concesión; los Socii eran los asociados nominales que formaban la sociedad; el Magister era el administrador general de la Sociedad; los Pro magistri eran los directores provinciales de la Sociedad; y los Tabellarii eran los mensajeros/valijeros que mantenían la interconexión de todos ellos.

 

Durante el mandato de Nerón (nacido año 37 y muerto en el 68) y tras el incendio de Roma en el año 64, se produjo la primera devaluación documentada de la moneda: Se introdujo una aleación del 10% en el denario, de plata pura hasta entonces.

En el siglo III d.C., se produce una crisis por devaluación de la moneda, bajo los césares Felipus Gonzálibus y Aznáribus Lopézubo, a través de la emisión de soliduseuro, argenteuseuro y nummuseuro, por la que lo que antes costaba cien unidades, ahora valía 166 unidades de lo mismo.

La pretensión de Paulo Templus Podemus era la de emitir un Edictum Máximum fijando precios máximos para más de 1.300 productos de primera necesidad, regular los salarios y ser el Estado quien controle toda la actividad mercantil, dictando que “Nos place que, si alguno tiene la osadía de actuar contra lo dispuesto en esta norma, sea condenado a la pena capital”.

El procónsul de la provincia tarraconensis era Jordi Pujolons, que montó una red de espías que ríete tú del Mosad, y cuando necesitaba dinero reunía a los argentarii allí establecidos y les decía: Tú, tanto; tú, otro tanto; tu, igual; tú, esto; tú, lo otro, ……… hasta colocar, por su cuenta y riesgo, los bonos basura o la deuda impagable de aquella provincia de Hispania dentro de la zona del Imperio Romano o Europa que se llamó más tarde.

Hasta tal punto fue la cosa que se creó una banca, que tampoco se complicó mucho la vida en buscarle un nombre: La llamaron Argentia, derivado de su función de argentarii. Y un banco Hipodomus, para financiar la compra de las domus más allá del cardo y decumano de las ciudades, a todo aquel que acudía con su pretensión de instalarse en cualquier páramo, aunque fuera ilegal de acuerdo con el Derecho Romano.

Pasó lo que tenía que pasar, que como los bancos están para ganar dinero y aquello no daba para más, tuvo que juntarse con dos parientes que no se hablaban entre ellos, y salió un mastodonte varado durante algún tiempo que, por fin, empezó a navegar a velocidad de crucero. Y el Argentia pasó a ser algo parecido a una A muy grande, pero sin palito horizontal uniendo el ángulo, algo que igual puede ser cierto que sea una A, un ala presta a despegar o las puntas de un compás.

Como había que cobrar las hipodomus impagadas, la presidenta de la PAH (Plataformus afectatum hipodomus), convertida posteriormente en priorius munícipium y llamada Ada Pasau Valla-ano, ocupó varias veces las instalaciones de ese argentarii, que ya no era local y no recibía con tanto agrado las órdenes de “tragarse” todo lo que se le ordenaba desde el poder establecido, ahora en manos de una mente meningitoria, expropiando viviendas de ese banco y llamando criminales a sus empleados (Ada Colau (@AdaColau) March 18, 2014).

Y no es porque la Provincia Tarraconensis esté para tirar cohetes, pues en el último trimestre (hasta marzo de 2019) es la comunidad autónoma que más oficinas ha cerrado (un 2,2% respecto al cierre de 2018), según el informe trimestral que elabora el Banco de España. En concreto, en 2008 había allí 8.159 oficinas bancarias, y actualmente son 3.522 sucursales. En el conjunto de Hispania existen 25.755 oficinas, un 1% menos que a finales del 2018. El punto álgido se alcanzó también en 2008 con 45.707 sucursales en funcionamiento.

El Imperio Romano se fue a pique con su división; las Taifas musulmanas se fueron a pique por su división; Europa está vieja y trasnochada con una democracia populista que insulta a quien se atreve a seguir las políticas de países como Japón, China, Canadá, Estados Unidos, Rusia, los países árabes ricos y otros territorios de similar pequeña importancia en el mundo, las Autonomías (las dos más secesionistas reclaman otras demarcaciones en Francia, y allí no se mueve ni dios), ¿serán el fin de la nación española?

 

 

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 15-07-2019

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