Judíos y masones en la historia de España – II de III

LA MASONERIA CONSPIRA Y PREPARA EL ADVENIMIENTO DE LA I REPUBLICA

En 1868 triunfó la revolución, a la que los masones tildaron como la “gloriosa” y comenzó, con el gobierno provisional, una época de esplendor para la masonería española. Los trabajos masónicos pasaron de la clandestinidad a la publicidad más absoluta.

A mediados de octubre de 1868, el Supremo Consejo de la Masonería dirigió al Gobierno 14 proposiciones para incorporarlas a la Constitución, entre las que se encuentran:

1) Libertad de Cultos.

2) Supresión de las Órdenes religiosas y de las Asociaciones de caridad anejas a ellas.

3) Secularización de los cementerios.

4) Incautación de todas las alhajas, ornamentos sagrados y preciosidades artísticas, quedando sólo en las iglesias los objetos necesarios al culto, bajo inventario y la más estrecha responsabilidad de los Cabildos catedralicios y clero parroquial, constituidos en meros depositarios de los mismos.

5) Matrimonio y Registro Civil.

6) Sujeción al servicio de las armas para los seminaristas y ordenados “in sacris”.

7) Reducción de las Iglesias de España a un número determinado de catedrales y parroquias, pasando las demás a la categoría de edificios enajenables del Estado en clase de bienes nacionales.

8) Abolición del celibato eclesiástico.

Etc.

Estas propuestas se incorporaron íntegras al programa de Gobierno revolucionario.

La masonería dominaba en la vida nacional por medio de sus afiliados, entre los que se encontraban los Presidentes del Consejo de Ministros Prim, Malcampo, Ruiz Zorrilla (Presidente del Supremo Consejo Masónico Español) y Sagasta. Entre los Senadores y Diputados del periodo revolucionario, 105 eran los miembros a la obediencia masónica.

Durante el periodo de la I República Española (1873-1874), la euforia republicana llevó a tomar un acuerdo de una Junta revolucionaria, instalada en un pueblo de Andalucía, que “en atención a la República” derogaba el Concilio de Trento. Castelar, el Presidente de la República, disolvió las órdenes nobiliarias y suprimió los títulos de nobleza de Castilla. La primera República afianzó en España la masonería y el anarquismo.

 

RESTAURACION BORBONICA Y AFIANZAMIENTO MASÓNICO

Tras el experimento negativo de la I República, que llevó a España al borde del abismo y del caos, donde incluso las logias vivieron la euforia de la anarquía y de luchas “fraternales” e intestinas, vino la restauración del Rey Alfonso XII, que depositó su confianza en el Partido Liberal Republicano, bajo la jefatura del masón Práxedes Mateo Sagasta, cuyo nombre simbólico era “hermano Paz”, que entonces ostentaba el cargo de Gran Comendador de la masonería española. El criptojudío Sagasta, al ser nombrado Presidente del Consejo de Ministros, presentó las renuncias de sus cargos de Gran Comendador y de Gran Maestre del Gran Oriente de España.

Durante su reinado, la masonería tuvo una vida próspera; sus leyes fundamentales se ajustaron a los preceptos internacionales de 1721, implantando el Rito Escocés antiguo en todo el territorio nacional.

En abril de 1876 llegó a Madrid el Príncipe de Gales, que acudiría, además de los actos oficiales, a las logias en su condición de grado 33 y Gran Maestre de la Gran Logia de Inglaterra y protector del Supremo Consejo del grado 33. Intercedió ante el rey español para la legalización plena de la masonería.

Las logias que trabajaban, en 1883, en España y posesiones eran 399.

En el año 1885 funcionaban, tan sólo en Madrid, 22 logias. Ese año, el 25 de noviembre, fallecía el Rey Alfonso XII. Se abrió un periodo transitorio con la Regencia de la Reina doña María Cristina (1885-1902) hasta que alcanzara su descendiente, el futuro Rey Alfonso XIII, la mayoría de edad, circunstancia que aconteció en el año 1902.

En un documento masónico de 1887, durante la Regencia, se solicitaba combatir sin tregua ni descanso toda manifestación clerical y jesuítica, como los actos de culto externo, las escuelas llamadas católicas, las Asociaciones religiosas literarias, políticas y científicas sostenidas, formadas o subvencionadas por los enemigos de nuestra Orden.

En 1889 existían en España las siguientes obediencias:

* Gran Oriente Nacional de España (Gran Maestre, José María Pantoja).

* Gran Oriente de España, legalidad electiva (Gran Comendador, Pío Vinardel).

* Gran Oriente de España, legalidad positiva escocesa (Gran Comendador, Juan Antonio Pérez).

* Gran Logia Simbólica (Gran Maestre, José López Padilla).

* Confederación Masónica Ibero-Americana (Gran Maestre, Jaime Martí).

* Gran Oriente Español (Gran Maestre, Miguel Morayta).

* Soberano Gran Consejo del Rito Menphis Misraim (Gran Maestre, Ricardo López Salaberry).

La campaña masónica arreció en 1900, y a principios de 1901 se dio el célebre Decreto de González; preparó por aquel entonces el Sr. Canalejas su proyecto de Ley de Asociaciones, dirigido contra las órdenes religiosas.

En el año 1902 subía al trono el joven Rey Alfonso XIII, al cumplir su mayoría de edad. Se mantendría coronado hasta 1931, en un reinado de graves incidentes y acontecimientos históricos diversos.

 

EL ANARQUISMO IBERICO Y LA MASONERIA

La vinculación de la masonería española con las organizaciones carbonarias, extremistas, anarquistas o de pistoleros, ha sido una constante durante dos siglos.

En el año 1909 tuvieron lugar los sangrientos sucesos de la que se conoce como “semana sangrienta” de Barcelona, protagonizados por los elementos anarquistas e inducidos por la masonería. La “semana sangrienta” de Barcelona no tuvo ningún atisbo de social, como se quiso presentar, y sí de raíz política por las manifestaciones, tanto religiosas como ácratas, que se sucedieron, con cortes de comunicaciones, voladuras de puentes, quema de templos, ataque y asesinato de religiosos y agentes de la autoridad. Se destruyeron cuarenta iglesias y conventos, pero ninguna fábrica ni establecimiento privado o público corrió esta suerte.

La masonería, en aquel año de 1909, había acordado realizar una activa campaña anticlerical en España.

Se dictaron tres penas capitales contra los autores destacados de los violentos desmanes. Entre ellas, la del cabecilla anarquista y principal responsable de los sucesos, Francisco Ferrer Guardia, masón, miembro de la Logia “La Verdad”, de Barcelona, desde el año 1902, y afiliado también, durante su exilio en París, en el centro masónico de la Rue Cadet. Ferrer Guardia llegó al grado 31 de la masonería, conferido por el Gran Oriente de Francia. Servía de intermediario a Morayta y Viguier, máximos responsables de la potencia española y gala.

Ferrer Guardia se había divorciado en el año 1883, amancebándose con la acaudalada señora Meunier, de quien heredó su enorme fortuna patrimonial.

Ferrer empezó siendo inspector de ferrocarriles. Fue expulsado de su trabajo tras un suceso extraño y sin aclarar, el asesinato con robo de un sacerdote cuando él estaba de servicio en el tren, y fue acusado por los indicios racionales de haber cometido el macabro delito. Se fue a París, donde comenzó a colaborar con el Gran Maestre Ruiz Zorrilla, y allí fundó la “Asociación Militar Republicana”. Al no ser Ferrer militar, adoptó el nombre simbólico de “hermano Cero”. Fue acusado de preparar el atentado contra Cánovas del Castillo y de haber intervenido en la preparación del atentado contra el Rey de España, Alfonso XIII, en la calle Mayor de Madrid, el día de la boda regia, cuando le fue lanzado un artefacto por Mateo del Moral, discípulo de Ferrer.

Con el dinero que sacó a la Sra. Meunié fundó el anarquista Ferrer en España la “Escuela Moderna”. Se da la circunstancia que, cuando la Sra. Meunié hizo testamento a favor de Ferrer, dejándole como heredero universal de sus bienes, murió “oportunamente”, para que éste pudiera heredar una pingüe fortuna.

El programa anarquista, elaborado por el masón Ferrer, establecía, entre otras cosas y de forma lapidaria:

  • Expulsión y exterminio de las comunidades religiosas.
  • Derribo de las iglesias.

Cuando se dictó la sentencia de muerte contra Ferrer, que se ejecutó el día 13 de octubre de 1909, por ser el causante principal de los crímenes y daños acaecidos en la “semana sangrienta” de Barcelona, la masonería europea inició una campaña contra su ejecución, mientras que el ajusticiamiento de los otros dos encausados no levantó las iras masónicas. Una intensa y activa campaña de presión, por medio de la prensa y de los políticos de la época, que llegó a provocar la dimisión del Gobierno Español, al coaligarse los masones liberales con los republicanos, fue lo que hizo manifestar a Maura: “Queda rota la normalidad constitucional”.

El 31 de octubre de 1909 el Ayuntamiento de Bruselas aprobaba, por 31 votos a favor contra 8 en contra, la propuesta presentada por el masón Dr. Depage, de la Universidad Libre de Bruselas, para condenar la muerte de Ferrer como un atentado grave a las leyes de la civilización moderna y patrocinar la erección, por suscripción pública, de un monumento en su memoria. Posteriormente se colocaría una placa, en la Gran Place de Bruselas, con la siguiente inscripción: “A la memoria de los condes d’Egmond y de Hornes, decapitados en este lugar por orden de Felipe II en 1568 por haber defendido la libertad de conciencia. Este mármol les fue dedicado por el comité internacional instituido para conmemorar la muerte heroica de Francisco Ferrer, fusilado en Montjuich por la misma causa en 1909”. En la inauguración de la placa estaban presentes el Dr. Simarro, quien ofreció en su día al Rey Alfonso XIII el apoyo internacional de la masonería si aceptaba su filiación, así como Soledad Villafranca, la amante del difunto.

El Consejo de la Orden del Gran Oriente de París envió a todas las organizaciones masónicas del mundo un manifiesto de protesta contra la ejecución del director de la “Escuela Moderna”. Se arrojó del poder a D. Antonio Maura y subió al podium José Canalejas, ayudado por la Gran Logia catalana.

En 1910 la masonería, como represalia, tramó un complot contra la monarquía española. José Canalejas sería asesinado, por indicación de la secta, en 1911, por el sicario anarquista Manuel Pardiñas.

El líder de los grupos anarquistas, Anselmo de Lorenzo, grado 18 de la masonería, fue uno de los fundadores de la sección española de la Primera Internacional. Nombrado albacea testamentario de Ferrer Guardia, fundó en España una entidad sindical susceptible de ser controlada por el anarquismo, la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo). Hombre de ideas ácratas y ateo ejerciente.

 

CRIMENES EN LOS QUE SE HA VISTO INVOLUCRADA LA MASONERIA

Son demasiadas muertes misteriosas y crímenes impunes los que hacen sospechar la influencia de las Sociedades Secretas.

* 1834.- Matanza de los frailes en Madrid, que posteriormente, Francisco Martínez de la Rosa, que presidió el Gobierno que promulgó el Estatuto Real de 1834, confesó por escrito de su puño y letra que la masacre perpetrada contra los religiosos fue obra de la masonería, a cuya secta había pertenecido.

* 1870.- El asesinato del General Juan Prim y Prats, marqués de los Castillejos y Conde de Reus (h.: Whasinton), fue decidido por las logias españolas y se ejecutó el día 27 de diciembre de 1870. Su muerte fue decidida por la masonería en la sesión celebrada el día 16 de noviembre tras conocerse oficialmente la elección del Duque de Aosta, que pertenecía también a la masonería, donde alcanzó el grado 33, para ocupar el trono de España y terminar con la I República, cuya candidatura defendía personalmente Prim.

* 1911.- El asesinato de José Canalejas, Presidente del Consejo de Ministros entre 1910-1912, quien a pesar de estar afiliado a la masonería y de haber realizado una tenaz campaña anticlerical y de restricción de las actividades de las órdenes religiosas con su famosa Ley del Candado, fue asesinado, por designio expreso de la masonería y en venganza, en la Puerta del Sol, de Madrid, por el anarquista Manuel Pardiñas.

* 1921.- Eduardo Dato, Jefe del Partido Conservador y Jefe del Gobierno (1913-15,1917,1920-21), fue otra víctima de la incógnita, asesinado el día 8 de marzo por los anarquistas catalanes Casanellas, Mateu y Nicolau, autores materiales del magnicidio. La estatua que se le erigió en Vitoria fue hecha pedazos el mismo día de la proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, mientras se sacaba en triunfo a Pedro Mateu, su asesino y brazo ejecutor, que recibía aplausos y ovaciones desde el balcón del Ayuntamiento de Valencia. Entre los que conspiraron en su atentado se hallaba involucrado Mauro Bajatierra, anarquista con ficha masónica.

* 1923.- El día 4 de junio caía vilmente asesinado por dos anarquistas -Ascaso y Torres Escartín- el Cardenal Arzobispo de Zaragoza, doctor Juan Soldevilla y Romero, quien había reafirmado la primacía de la Religión Católica en la configuración del Estado Español. La defensa de los asesinos fue costeada y asumida por el Grande Oriente de Francia.

* 1930.- La muerte del General Primo de Rivera en su exilio de París está rodeada de misterio masónico. Fue una muerte extraña. Cuando murió no estaba enfermo. Su diabetes estaba controlada. Su fallecimiento fue repentino y para las logias “oportuno”. Su estancia en la capital francesa fue seguida desde su llegada, paso a paso, por el Embajador de España, Quiñones de León, conocido masón. Se sabe que la víspera de su muerte el General estuvo cenando con un judío sefardita afiliado a la secta. No se permitió por el médico de la Embajada, Bandelac de Pariente, que se le practicara la autopsia al cadáver.

* 1936.- El asesinato de Melquiades Alvarez, Jefe del Partido Republicano Liberal Demócrata, que un día ocupara el puesto más elevado de la masonería en España, fue decidido por la condena pública que hizo de la revolución de Asturias de octubre de 1934, en la que participó la secta. Asesinado en la cárcel oficial bajo la custodia del gobierno masónico.

* 1936.- Salazar Alonso, militante del Partido Republicano Radical, y Ministro de la Gobernación durante la II República, condenado por un Tribunal Popular, sin cargo ni pruebas, por haber considerado que su labor en el Ministerio del Interior fue moderada y no beligerante, pues había permitido la celebración de las procesiones de Semana Santa en Sevilla y había acudido a presenciar los cortejos religiosos; se había dado de baja en el taller masónico al que pertenecía, siendo irradiado. Fue fusilado en Madrid al iniciarse la guerra, crimen cometido por sus antiguos “hermanos”.

* 1936.- Abad Conde, Subsecretario de Comunicaciones durante el régimen republicano, Presidente del Consejo de Estado y vocal del Tribunal de Garantías y Presidente del Patronato para la incautación de los bienes de los Jesuitas, que abandonó la masonería y fue asesinado durante la persecución inicua decretada por las logias contra los partidarios de Lerroux.

* 1936.- El General masón López Ochoa, irradiado y sentenciado por haber reprimido la sublevación de Asturias en 1934, a quien asesinaron en el hospital de Carabanchel (Madrid) y posteriormente decapitaron, siendo su cabeza puesta en una pica primero y colocada entre las piernas abiertas en compás, con ensañamiento, en un macabro ritual masónico.

1936.- Rico Avello, Ministro de Gobernación en la II República, asesinado en la cárcel bajo control masónico, por no haberse querido someter al dictado de las logias.

Al estallar en julio de 1936 el Movimiento Nacional, en la zona roja, que estaba bajo la Presidencia y los gobiernos masónicos, se desencadenaron ejecuciones masivas y significativas de masones que habían sido irradiados de la masonería, porque, en relación a la revolución iniciada en Asturias en octubre de 1934, no habían sido consecuentes con los dictados de la secta, aunque entre las actividades mafiosas de la masonería la más importante a poner en práctica sea la de tratar de ocultar y encubrir los crímenes masónicos.

1936.- La muerte en accidente aéreo, en Estoril (Portugal) del General José Sanjurjo fue un triunfo de la masonería

 

LA DICTADURA DEL GENERAL PRIMO DE RIVERA (1923-1930) Y LA MASONERIA.

Al producirse en el año 1923 el golpe de estado del General Primo de Rivera, coexistían en España dos potencias masónicas, afincada una en Barcelona, la Gran Logia Española, y el Grande Oriente Español, radicado en Madrid.

Instalado el Directorio Militar en Madrid, Primo de Rivera, Marqués de Estella, no dio gran importancia a las gentes de la “escuadra y el compás”. Era entonces Gran Maestre del Oriente Español Augusto Barcia, que al siguiente año cedió el mando a José María Rodríguez, con el nombre simbólico “Argentino”, hasta el traslado de la sede principal desde Madrid a Sevilla, donde recayó el gran mallete en manos de Demófilo de Buen Lozano, conocido en los talleres por “Manuel Kant”, que ingresó en la masonería en 1913 y que abandonó su puesto, bien entrada la República, para cedérselo a Diego Martínez Barrio.

El General Primo de Rivera, hombre de bien, no captó el trasfondo de la masonería. Fue Benito Mussolini quien le abrió los ojos durante la visita de los Reyes de España a la Italia Fascista.

Don Miguel Primo de Rivera llegó a tener redactado un Decreto para poner fuera de la ley el peligro masónico, que no vio su publicación por la influencia, en sentido contrario, del Capitán General de Cataluña, que consideraba inocua a la masonería.

La tolerancia del Régimen era contrapunto con las conspiraciones masónicas en las tenidas en las que se debatía la eliminación de la monarquía o la descuartización de la Patria. A la benevolencia de los gobernantes se oponía la intrínseca inquina de los masones.

Ya sabemos la sentencia masónica. Con las democracias la Orden se desparrama, floreciente y frondosa. Con las dictaduras, pacta.

La masonería acabó con la Dictadura del General Primo de Rivera y con su vida en 1930

Durante la dictadura, Diego Martínez Barrio refugió el Grande Oriente Español en Sevilla. A la masonería le convenía, entonces, sigilo, quietud, olvido.

Antes de la Dictadura, el Gran Oriente Español (G.O.E.) no tenía en toda la Península más que 33 logias, y la Gran Logia de España, con influencia en Cataluña, diez, de las cuales nueve eran catalanas. Es decir, 43 logias, con cuadros reducidos y personas de poco relieve político, económico e intelectual.

A finales de 1927, el G.O.E. tenía ya 85 logias, es decir, 52 más que en 1922, y la Gran Logia 39, más tres en la zona del Protectorado de Marruecos, o sea 42.

La “Revue Internationale des Societées”, de París, en 1931 daba una estadística mundial de cuatro millones y medio de masones, entre los cuales figuraban siete mil españoles. En esta misma revista, Monseñor Jouin anunció a don Alfonso XIII que en abril de 1930 las potencias masónicas habían fijado el derrumbamiento de la monarquía española para principios de enero de 1931, como sucedió “proféticamente”.

 

LA II REPUBLICA ESPAÑOLA (1931-36) UNA REPUBLICA MASONICA.

Tras la marcha del General Primo de Rivera, la masonería preparó la llegada del 14 de abril, instauración de la II República. Una fuerza invisible y arrolladora removía los cimientos básicos de la vida nacional.

El 17 de agosto de 1930, se reunía en San Sebastián un representativo grupo de masones, entre los que se encontraban Lerroux, Azaña, Marcelino Domingo, Alvaro de Albornoz, Angel Galarza, Niceto Alcalá Zamora, Miguel Maura Maciá, Mallol, etc., y mediante un pacto sectario, conocido como “Pacto de San Sebastián”, se acordó la secesión interna de España, conviniendo que el futuro e inminente triunfo revolucionario supondría el reconocimiento de la personalidad jurídica soberana de Cataluña y otras regiones españolas.

El diario Le Figaro, de París, de fecha 2 de marzo de 1931, adelantándose a la proclamación de la II República, escribía en sus páginas: La más grave falta de la Dictadura fue sin duda el haber declarado la guerra a la francmasonería española…;las logias españolas invocaron la solidaridad masónica internacional…;la Dictadura vio que, en un abrir y cerrar de ojos, se desencadenaban contra ella las fuerzas coaligadas de la prensa e influencias masónicas de todo el mundo…Las fuerzas político financieras acometieron contra el crédito en España…La francmasonería redobló sus intrigas en la Administración, en el Ejército y en el medio sindicalista…Los cómplices internacionales alzaron su voz contra Alfonso XIII… M. Jean Longuet, técnico en materia de conspiraciones, llegó a Madrid en abril de 1930 para dar sus últimos consejos a los conjurados.

El día 12 de abril de 1931 la masonería se instaló oficialmente en España y procedió al reparto de carteras ministeriales entre sus miembros.

Toda la campaña electoral para el 12 de abril de 1931 se llevó a cabo con abundancia de medios económicos. Llegó, incluso, por aquel entonces a Madrid un personaje importante de la judeo-masonería: Víctor Basch, Presidente de la Liga de los Derechos del Hombre, que ocupó la tribuna del Ateneo madrileño.

El nuevo régimen republicano, tras la caída de la monarquía y el abandono y exilio del Rey Alfonso XIII, fue inmediatamente reconocido merced a la acción de la masonería, evidenciando cómo, a la sombra de la vida oficial de las naciones, funciona el super Estado de las logias.

Del Gobierno provisional que se preparó para el caso de éxito, formaban parte, de los once miembros que lo constituían, ocho masones.

La República triunfó y el Boletin Oficial de la Gran Logia Española del primer semestre de 1931, número 8, se complació en rendirle homenaje publicando un artículo de fondo que titulaba “Saludo a la República”, el cual, tras ensalzar la llegada del nuevo régimen masónico, concluía con las siguientes palabras: A los francmasones que integran el Gobierno provisional, al alto personal, compuesto así mismo, y en su mayoría, de hermanos, nuestro aliento les acompaña. Sean leales custodios de esos caudales que se les confían y que por la República hagan la ventura de España.

En el Boletín del Supremo Consejo del grado 33 se insertó un artículo diciendo:

“La República es nuestro patrimonio. Acaba de inaugurarse en España una República fundada en los tres grandes e inalterables principios, sillares básicos y exclusivos de toda organización política humana: libertad, igualdad, fraternidad. El movimiento revolucionario español que ha triunfado con el advenimiento del régimen republicano ha producido admiración en todo el mundo. Nunca, en pueblo alguno, un cambio tan radical se llevó a cabo por procedimientos parecidos a los que hemos empleado los españoles.

La nueva República nace libre de todo pecado y con la enorme fuerza de todas las virtudes civiles. Podemos decir que es la imagen perfecta, modelada por dulces manos, de nuestras doctrinas y principios. No es posible realizar una revolución política más perfectamente masónica que la revolución española.

El mismo día 15 de abril de 1931, a las 24 horas de la proclamación de la República en España, el flamante Ministro de Estado, el masón Lerroux, declaraba a la prensa que se habían recibido felicitaciones del Gobierno de Uruguay. En Francia, el Sr. Briand envió al Sr. Rolland, encargado de negocios de la Embajada de España, su reconocimiento. Se recibieron telegramas de Bolivia, Panamá, etc.

La masonería había preparado el terreno con bastante anterioridad con una eficaz intervención cerca de gobiernos extranjeros. Se recibieron cablegramas del Gran Maestre de Paraguay, de la Gran Logia de Chile, del Gran Maestre de Santo Domingo, de la Gran Logia Valle de Méjico, de la Gran Logia de Panamá, de Luxemburgo, de Austria, de la Gran Logia de Cuba, etc.

Con el advenimiento de la República pudieron quitarse la careta y el Gran Oriente trasladó su residencia desde Sevilla a Madrid, fijando su sede en la calle del Príncipe nº 12. El 11 de septiembre de 1931, el Gran Consejo General Simbólico quedó constituido. La Gran Logia, cuya sede radicaba en Barcelona, tenía su “templo” en la calle de Zurbano 1.

 

ODIO INCONDICIONAL. LA QUEMA DE CONVENTOS

La quema de las iglesias y conventos comenzó el día 10 de mayo de 1931, un mes después de proclamada la República masónica, siendo esto el prólogo de la disolución de la Compañía de Jesús y de las persecuciones martiriales que han dado origen a la mayor catarsis y hecatombe, al holocausto más cruel contra los religiosos en Europa de todo el siglo XX.

La quema de iglesias y conventos, al mes de la implantación del nuevo régimen, fue vandálica, destrozándose impunemente religión y arte. El día que las llamas devoraban los mejores conventos de Madrid, se intentó asaltar e incendiar, a las dos de la madrugada, en Toledo, el Palacio del Cardenal Segura. Su Eminencia se fue a Francia. Y el Boletín Oficial de la Gran Logia Española (2ª época, núm. 8, pág.2) escribiría después: … no nos extrañaría que el propio clérigo, como alma que lleva el diablo, caminase al destierro. Pero ¿y el Obispo de Vitoria? ¿Y el cardenal de Sevilla? Posteriormente el Obispo de Vitoria tuvo también que abandonar España.

Comenzaron a arder la Iglesia de San Francisco de Borja y la residencia de los jesuitas, en la Gran Vía de Madrid, pasando a continuación al convento de las religiosas Bernardas y al de las Maravillas. La Universidad Católica y el Instituto Católico de Artes e Industrias, el convento de los Salesianos, de la calle de Villamil, la iglesia de Bellas Vistas, el convento nuevo de los Carmelitas, de la Plaza de España, el convento de monjas del Sagrado Corazón de Chamartín, el colegio de Nuestra Señora del Pilar, el convento de clausura de la calle Bravo Murillo 120…etc., etc.

La masonería fue la responsable directa o indirecta de las terribles persecuciones religiosas de la que fue objeto la Iglesia católica, con la quema de conventos, la disolución de los jesuitas, las leyes laicas, así como del asesinato de más de siete mil religiosos, entre obispos, profesos y sacerdotes.

La proclamación de la República fue una explosión de entusiasmo para la secta, que con ella iba a llevar a cabo su plan de laicismo y persecución religiosa.

 

 

La revista masónica de Buenos Aires, “La Cadena de Unión”, decía en los números de mayo y junio de 1931, al mes de la venida de la República: A medida que la joven República de España afiance su solidez política, tanto interna como externa, se puede observar claramente que… está en vías de desaparecer para siempre en España el poder pernicioso del clericalismo católico romano.

Pronto convocará la Asamblea Constituyente … y se implantará la separación de la Iglesia y del Estado … El Gobierno Republicano español piensa también implantar la instrucción laica en las escuelas y la completa libertad de conciencia … el confesionario y los bienes celestiales son ya cosas absurdas en la mente de los niños; el catecismo y la Historia sagrada son relegados al olvido.

 

LA CONSTITUCION MASONICA DE LA II REPUBLICA

En el Diccionario Enciclopédico de la Masonería, redactado por los masones del grado 33, del rito escocés antiguo y aceptado, Lorenzo Frau Abrines (criptojudío) y Rosendo Arus Arderíu, en la página 467, del tomo III, se puede leer que “149 masones conocidos figuraron en las Cortes Constituyentes de la República, aparte de los ministros, subsecretarios, gobernadores civiles de las distintas provincias y directores generales”.

La Constitución fue calcada de un patrón masónico. El texto del proyecto de la Constitución se repartió en las logias. Cada “taller” nombró su ponencia. En las logias se organizó un mecanismo de discusión constitucional antes de producirse los debates “oficiales” en el Parlamento. En la calle del Príncipe nº 12, sede del G.O.E., funcionaba regularmente una logia de diputados. Se incorporó a la Constitución la declaración de principios masónicos.

En la Asamblea Masónica, celebrada del 23 al 25 de mayo de 1931, entre otras cuestiones se acordaba: a) El derecho de la libre emisión y difusión de pensamiento (que sería adoptado en el artículo 34 de la nueva Constitución masónica republicana); b) El Derecho a la libre expresión de la conciencia y al libre ejercicio de los cultos (Artículo 27 de la Constitución); c) La escuela neutra y obligatoria (Artículo 48 de la Constitución); d) El matrimonio civil, con la ley de divorcio y legitimación de los hijos naturales (Artículo 43 de la Constitución); e) La separación de la Iglesia y del Estado. Expulsión de las Órdenes Religiosas extranjeras (Artículos 3 y 26 de la Constitución).

Todos sus acuerdos fueron incorporados al nuevo texto constitucional que se estaba debatiendo.

La Gran Logia Española remitió, el 20 de julio de 1931, la siguiente carta a los ministros masones de la República:

“Ciudadano: la Gran Logia Española aprobó en su Gran Asamblea última, que se celebró en Madrid los días 23, 24 y 25 de mayo próximo pasado, la adjunta declaración de principios.

Hemos visto con satisfacción que algunos de los puntos acordados en dicha Gran Asamblea han sido ya recogidos en el proyecto de Constitución, pendiente de aprobación, y celebraríamos que Vd. se interesase para que fuesen incorporados a las nuevas leyes que ha de dictar el primer Parlamento de la República los demás extremos de nuestra declaración de Principios, que aún no han sido aceptados.

Viva Vd. muchos años”

En las Cortes Constituyentes de la República había más de ciento veinte diputados masones. El h.: Mateo Hernández Barroso, gran canciller, Gran Secretario del Supremo Consejo del Grado 33, en la Asamblea General de la Logia de Francia, celebrada en París en septiembre de 1931, pudo decir: Os traigo el saludo cordial y fraternal del Supremo Consejo de España. Se ha dicho que la masonería española era débil. Sin embargo, habéis podido comprobar que ya tenemos la República. Tenemos (no sé si conocéis este detalle) seis ministros masones, una veintena de altos funcionarios masones y más de ciento veinte diputados masones en la Cámara Constituyente. Veréis por esos datos que esta masonería tan débil ha trabajado y que ha llegado a crear una conciencia democrática y republicana”.

Manuel Azaña, en su discurso del 13 de octubre de 1931 ante el Parlamento, que le valió la Jefatura del Gobierno, pronunció su frase apocalíptica: “España ha dejado de ser católica”.

 

 

Entre los primeros actos legislativos de la República, una vez constituidas las Cortes masónicas que aprobaron la Constitución del mismo signo, fue el ataque a las Órdenes religiosas, y entre éstas a la Compañía de Jesús. Un diario madrileño, dirigido por un francmasón, escribía: “La Ley de Congregaciones religiosas es la obra maestra de la República”. Se disolvió la Orden de los jesuitas y se creó un Comité de incautación de sus bienes, dirigido por el masón y antiguo Gran Maestre Demófilo de Buen Lozano. La misma suerte siguieron la Congregación de Nuestra Señora del Buen Consejo y la de San Luis Gonzaga.

En el año 1932 todas las logias, cumpliendo las órdenes del Gran Consejo Federal Simbólico, exigieron de sus afiliados la renovación del juramento masónico, estableciéndose penas severísimas para quienes faltaran a sus deberes.

Como parte integrante de su programa masónico comienza la secesión en España. Cataluña consigue libertades sin límites razonables. Las provincias Vascongadas también intentan la desmembración de la Patria.

La enseñanza cayó bajo la garra masónica, formándose una escuela única, racionalista y laica, privándose a los padres de su derecho a educar a sus hijos; con principios tales como que el niño no se pertenecía a sí mismo ni a sus progenitores, sino que era del Estado, estaría formado en el espíritu de las logias, donde se encargarían de modelar a los niños y de fabricar sus conciencias.

Se impartió oficialmente la orden de la supresión del Crucifijo en las escuelas. La orden circular del 12 de enero de 1932 de Rodolfo Llopis, masón conspicuo y Director General de Primera Enseñanza, dirigida a todos los maestros con motivo de la promulgación de la nueva Constitución, dice: La Escuela, por imperativo del artículo 48 de la Constitución, ha de ser laica. Por tanto, no ostentará signo alguno de confesionalidad, quedando igualmente suprimidas del horario y del programa escolares la enseñanza y las prácticas confesionales. La escuela, en lo sucesivo, se inhibirá en los problemas religiosos.

La Ley del divorcio republicana fue también una ley dictada por la masonería, como lo fueron, así mismo, la secularización de los cementerios o el Estatuto de Autonomía de Cataluña.

El masón Azaña, desde el Ministerio del Ejército, dedicó su actividad a triturar a las fuerzas armadas. El Jefe de Gobierno de la República, Manuel Azaña ingresó en la masonería, en la calle del Príncipe 12, el 5 marzo de 1932.

Otro ejemplar del masonismo era Alvaro de Albornoz, conocido en las logias como “Juan Probayses”. Funcionó como Secretario General del Socorro Rojo Internacional y de Presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales.

El Dr. Albiñana, Jefe del Partido Nacionalista Español, que fue asesinado en 1936 por órdenes de la secta, escribía en su libro “Prisionero de la República” (pág. 72), publicado en 1932, desde su confinamiento: “El judaísmo actúa en nuestro país por medio de la masonería, que transmite a sus agentes españoles las órdenes perturbadoras, dictadas desde la Rue Cadet, de París, por el Gran Oriente francés”.

 

MASONERIA Y COMUNISMO DURANTE LA II REPUBLICA

Masonería y Comunismo, ambos internacionales, luchan por el dominio universal, aunque sus métodos son bien diferentes: la masonería, por medio de la clandestinidad y el sectarismo, y el comunismo, a través de la agitación de masas.

Las puertas al comunismo libertario fueron abiertas en España por la masonería. El complot fue urdido en los conciliábulos internacionales. Si el comunismo dio la cara, la masonería le respaldaba y secundaba en sus criminales iniciativas.

La circular número 6.471 de la Gran Logia Española dice así:

“El Soberano Consejo de Gobierno, en su sesión plenaria del día 12 del actual y a propuesta de la respetable Logia Adelante, tomó el acuerdo de felicitar a la II Internacional, por mediación de la entidad española adherida a la misma (Partido Socialista Obrero Español), y adherirse a la campaña que para formar un frente único contra la guerra ha iniciado con el manifiesto que ha lanzado a la opinión pública y especialmente a las agrupaciones de carácter liberal y progresivo de todo el mundo.

Al comunicaros este acuerdo, este Soberano Consejo de Gobierno os encarece la necesidad, ya manifestada en otras ocasiones, de intensificar en las localidades donde residen nuestros organismos y todas aquellas donde tengan influencia los hh.: la campaña pro paz y la “agitación de la opinión pública” en este sentido, para lograr que la labor de la II Internacional cuente en nuestro país con el calor necesario, al objeto mencionado.

Recibid V.M. y qq. hh. nuestro más afectuoso abrazo. Oriente de Barcelona, 13 de marzo de 1932. El Gran Maestre, F. Esteve.-el Gran Secretario, Alvaro Salvat”.

En España, durante la II República, se fundó la Logia Carlos Marx, número 92. En la plancha de su fundación se decía: Hemos querido dar el nombre de Karl Marx a esta respetable logia; hacer que sus trabajos se efectuasen al compás del tiempo, saturándolos de ese humanismo tan imposible de separar tanto de la Francmasonería como del marxismo”.

También Julio Alvarez del Vayo, dirigente comunista, desde su ingreso, en julio de 1918, en la logia “Ibérica”, hizo compatible esta ideología con la francmasónica.

Marxista recalcitrante era Angel Galarza Gago, Fiscal General de la República, quien sostuvo la acusación pública contra el Rey destronado, Alfonso XIII, y Director General de Seguridad, iniciado en la logia “Luis Simarro” en 1928, o Luis Jiménez de Asúa, simbólico “Carranza”, Presidente de la Comisión encargada de redactar la Constitución de la República, nombrado en 1935 Gran Orador de la Gran Logia Regional del Centro, por no citar más que algunos ejemplos elocuentes de concomitancia entre marxismo y masonería.

La Revolución de Octubre de 1934, en Asturias, fue preparada por la masonería, habiendo repartido las logias armas a los marxistas y sindicalistas. Cuando fue detenido el cabecilla de la sublevación, González Peña, la masonería inició una campaña en su favor y lanzó la consigna de que había que salvar a González Peña. El masón Pérez Farrás, al ser detenido, aseguró: “Mis “hermanos” me sacarán”.

Entre las mujeres que destacaron en la masonería española citaremos a Victoria Kent, Directora General de Prisiones, y a la joven Hildegart, simbólico “Iris-Egle”, a quien asesinó por celos su propia madre.

 

EL FRENTE POPULAR MASONICO

Masones eran los principales cabecillas rojos, los gobernadores, muchos jefes de policía y presidentes de comités. En las elecciones celebradas en febrero de 1936 se da una connivencia entre la masonería, en el poder por el Gobierno de Portela Valladares, y el Frente Popular, dada la pertenencia del Presidente del Gobierno y de gran parte de los dirigentes del Frente Popular, encabezados por Martínez Barrios, a la masonería. La masonería militante y combatiente se empleó a fondo al lado de los destructores de España.

La masonería intervino de manera muy destacada para que triunfase el frentepopulismo.

El número de masones, entre los diputados del Frente Popular, queda expuesto en el siguiente cuadro:

 

Partido Total Diputados Masones
Socialista Obrero Español

99

34

Izquierda Republicana

87

53

Unión Republicana

39

27

Ezquerra Catalana

36

14

Partido Comunista

17

3

Independientes de Izquierda

10

2

Partido Sindicalista

1

1

T O T A L

289

134

 

Diputados masones: El 46,37% del total.

El Jefe de Acción Popular, coalición católica de derechas, José María Gil Robles, según consta en el Diario de Sesiones del Parlamento Español, del 17 de junio de 1936, hacía una estadística resumen de los sucesos graves acaecidos entre el 16 de febrero y el 15 de junio, es decir, durante el Gobierno del Frente Popular, en el que figuraban:

* Iglesias totalmente destruidas: 160.

* Asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto: 251.

Y desde el 13 de mayo al 15 de junio:

* Iglesias totalmente destruidas: 36.

* Asaltos de Iglesias, incendios sofocados, destrozos e intentos de asalto: 34.

El Estado Español había caído bajo el poder de la masonería. Los grandes “gurús” masónicos estaban encarnados, entre otros miles, por los siguientes responsables:

Manuel Azaña Díaz, masón, Ministro de la Guerra (1931), Presidente del Consejo de Ministros (1931-33) y Presidente de la República (1936), iniciado en Madrid en la Logia “Matritense” de la calle del Príncipe número 12 -local del Grande Oriente Español- en la noche del sábado 5 de marzo de 1932, cuando ya era Jefe de Gobierno.

Alejandro Lerroux y García, masón, Ministro de Estado (1931) y Presidente del Consejo de Ministros (1933-36), adoptó el nombre simbólico de “Giordano Bruno” y predicaba la violencia contra los centros religiosos.

Diego Martínez Barrio, Gran Maestre del Gran Oriente de España, grado 33, adoptó el nombre simbólico de “Vergniaud”; Ministro de Comunicaciones, Guerra y Gobernación y Presidente del Consejo de Ministros durante diferentes gobiernos de la II República; posteriormente fue nombrado Presidente de la República en el exilio.

Fernando de los Ríos Urruti, judío y masón, Ministro de Justicia, Instrucción Pública, Bellas Artes y Estado en sendos Gobiernos republicanos.

Manuel Portela Valladares, masón, tres veces Ministro de la Gobernación y Jefe del Gobierno (1935).

Niceto Alcalá Zamora, criptojudío, fue Presidente del Gobierno (1931) y Primer Presidente de la II República (1931-36).

La lista sería interminable.

En febrero de 1935 el diputado de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), Dionisio Cano López, presenta un proyecto prohibitivo de la masonería en el Ejército. La ley es aprobada, pero nunca entrará en vigor.

En el mes de julio la Komintern inicia su VII Congreso Mundial, que aprueba la consigna de los “Frentes Populares” para lograr la bolchevización de Europa. En ese momento figuraban en el Comité Central del Partido Comunista, Margarita Nelken y Neumann, ambos judíos.

Gil Robles, en enero de 1936, pronuncia en Córdoba un discurso en el que levanta la voz de alarma diciendo: Si la francmasonería se hace dueña de nuestro Ejército, no quedará nada que hacer para contener la revolución”.

El Jefe de la oposición al gobierno masónico del Frente Popular, José Calvo Sotelo, ferviente católico y gran patriota, que había sido Ministro de Hacienda durante la Dictadura del General Primo de Rivera, es asesinado en julio de 1936 mediante una maniobra conjunta de la masonería con el comunismo. Fue este crimen de Estado la chispa que desencadenó la reacción de las fuerzas nacionales y el inicio de la llamada Cruzada de Liberación y la Guerra Civil.

 

LA CRUZADA DE LIBERACION NACIONAL (1936-39)

La Cruzada Nacional de Liberación, el pueblo en armas, vendría a redimir a España de la masonería y a restituir los valores y la moral cristiana, y esos fueron los principales argumentos para que en Europa se desatase una indigna campaña de difamación contra la Nueva España y su Régimen, acaudillado por el General Francisco Franco.

Con fecha 6 de agosto de 1936, recién iniciada la Guerra, la masonería confeccionó una relación secreta de los hermanos masones que luchaban a favor del Frente Popular en Madrid, que estaba encabezada por el General de División José Riquelme, a quien seguía una interminable lista de jefes y oficiales. Se hacía la advertencia de que aquellos que no se encontrasen en la detallada relación confeccionada deberían comunicar la actividad en que se ocupaban a sus venerables maestros o secretarios, pues, según el escrito, “No es hora de desinteresarse de los acontecimientos ni de la disciplina. Cada cuál en su puesto y la Institución, como siempre, por encima de las fracciones y los individuos, procurando el bien de la humanidad en todas partes”.

El periódico El Liberal, vinculado a la masonería, publicaba, en su edición del día 14 de octubre de 1936 -la Guerra había estallado el 18 de Julio de ese año-: que Los masones españoles, que no son simplemente masones, sino que quien más, quien menos, están todos sujetos a alguna otra disciplina política de izquierdas, piden a sus compañeros de lucha en esta cruzada por la libertad de España que no perdure en ellos ni un momento más la menor sombra de duda sobre su rectilínea actuación. Seguía una serie de hechos y actuaciones de la masonería en favor de la guerra y de las fuerzas comunistas.

El 20 de octubre de 1936 se hizo público en Madrid un manifiesto de los poderes masónicos, La masonería afirma su actitud, en el que, entre otras cosas, se decía: “La masonería española está entera, total y absolutamente con el Frente Popular, al lado del Gobierno legal y contra el fascismo”.

En la conferencia que pronunció en el Teatro Principal, de Burgos, el día 1 de noviembre de 1936, el Reverendo Padre Tusquets afirmaba que “la francmasonería es un crimen de lesa patria” cuyo objetivo último es la destrucción de la Iglesia Católica y es el instrumento -al cual a la vez presta grandes servicios- del imperialismo británico, siendo sus aliados el judaísmo, el marxismo y el separatismo. El Padre Tusquets recalcaba: “Yo acuso a la masonería. Yo sostengo, con pruebas irrefutables, con espíritu de justicia y ponderación, que la masonería española, sirviendo, como una esclava, intereses bastardos y extranjeros, es la principal responsable de los cinco años de revolución anticlerical y antiespañola y de la Guerra Civil que ensangrienta los campos de la Patria”.

El Decreto del 23 de agosto de 1936, creando los Tribunales Populares, fue obra del masón Manuel Blasco Garzón, Ministro de Justicia.

El día 20 de noviembre de 1936 se asesinaba, en la cárcel de Alicante, al Jefe del movimiento político Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. La sentencia iba firmada por Federico Enjuto Ferrán, Magistrado, que era un masón afiliado a la logia Concordia, de Madrid.

En el curso de la Asamblea General del Grande Oriente de Francia, celebrada en París en septiembre de 1936, el Presidente del consejo de la Orden, Arturo Julio Groussier, hizo la presentación del Gran Maestre adjunto del Oriente Español, Ceferino González Castroverde, quien pronunció un discurso en el que, entre otras cosas, dijo:

“La Iglesia: he aquí el enemigo.

…Esto deberá hacernos pensar a nosotros, los francmasones, hasta qué límites debemos llevar nuestra tolerancia, porque es a causa de esto de que la República Española y los francmasones hayan sido excesivamente tolerantes con los hombres reaccionarios de la Iglesia, por lo que hemos de sufrir este duro calvario”.

Otro tanto hizo el judaísmo internacional. El día 30 de mayo de 1937, en la Conferencia Central de rabinos americanos celebrada en Colombo (Ohio), se publicó la siguiente declaración:

“Esta Conferencia expresa su vigorosa condena de los insurgentes de España y acuerda expresar su simpatía a las fuerzas leales del Gobierno de Madrid que luchan por la paz y la democracia”.

El día 4 de septiembre de 1937, el General Queipo de Llano, desde los micrófonos de Radio Sevilla-Radio Salamanca, en la zona redimida del comunismo y la masonería por la espada victoriosa del General Franco, decía valientemente: La lucha que sostiene España, es la lucha entre el cristianismo y el judaísmo.

El 31 de mayo de 1938, James Waterman Wise hijo del rabino Stephen Wise, comentaba en el Washington Post:

“La causa de la libertad española es la causa de la libertad judía. España es el punto central de la resistencia a los ataques contra las democracias, y por consecuencia contra los judíos; la evolución de la democracia, según los conceptos sociales y socialistas, es una esperanza de supervivencia por los judíos del mundo entero”.

En las filas de las Brigadas Internacionales, que se aprestan a luchar con masones y frentepopulistas, muere en España el hijo del rabino Levinger, miembro de la Orden de los B’nai B’rith -reservada en exclusiva a los judíos-.

Los aviadores masones lanzaron durante la Guerra española (1936-39) tres bombas sobre el Pilar de Zaragoza, basílica donde se venera a la Virgen Patrona de España.

 

 

El día 15 de septiembre de 1936, en la zona nacional, se da un primer Decreto por el Comandante en Jefe de las Islas Canarias, por el que se declaraban fuera de la Ley la masonería y otras asociaciones y sectas clandestinas. El propio Francisco Franco, Jefe del Estado Español, el 21 de diciembre de 1938, en plena guerra, decretaba que las inscripciones y símbolos masónicos que pudieran ser juzgados ofensivos para la Iglesia Católica fueran retirados de la zona liberada en un plazo de dos meses. Antes de concluir la guerra, el 9 de febrero de 1939, se dictó la Ley de Responsabilidades Políticas y se puso fuera de la ley a todas las logias masónicas. Terminada la contienda en 1939 los ataques internacionales urdidos por la masonería continuaron contra la España Católica y Nacional, que se vio forzada a dictar el 1 de marzo de 1940 la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo y demás sociedades clandestinas que sembraran ideas disolventes contra la Religión, la Patria y sus instituciones fundamentales y contra la armonía social, formándose un Tribunal de Represión de la Masonería, presidido por el General Saliquet, que estuvo vigente hasta 1963.

La masonería expolió a España llevándose a Odessa (Unión Soviética) una enorme cantidad de oro, de tal magnitud que, si hubiesen sido colocadas en la Plaza Roja de Moscú una junto a la otra las cajas de oro robadas al pueblo español, la hubiesen cubierto totalmente de extremo a extremo. Fue el doctor Negrín, Ministro de Hacienda del Gobierno presidido por Largo Caballero y masón, quien, en octubre de 1936, decidió poner “a buen recaudo” el oro del Banco de España, enviándolo a la Unión Soviética. El oro amonedado y en lingotes se embarcó en el puerto de Cartagena (España) el 25 de octubre de 1936; se componía la expedición de siete mil ochocientas cajas, que constituían la mayor parte de las reservas del Banco de la Nación. El día 6 de diciembre, vía puerto de Odessa, llegó el oro español a Moscú.

Otro barco repleto de oro y alhajas, el buque “Vita”, fue enviado por los masones a Méjico.

La persecución religiosa, instigada por los masones y desatada en la zona roja durante la Guerra Civil Española (1936-1939), ha sido la más ominosa de la era contemporánea. Ninguna otra iglesia en nuestro tiempo ha pagado tan alto tributo de sangre por su fidelidad a Cristo y sin ninguna defección, como la española de hace sesenta años.

Las cifras trágicas de los asesinados por el gobierno masónico en la Guerra de España fueron:

* 13 Obispos.

* 263 monjas.

* 2.365 miembros de órdenes religiosas.

* 5.255 Sacerdotes.

Además, en los tres años que duró la contienda bélica, el culto fue suspendido en la zona dominada por los masones, que se autoproclamaban defensores de la civilización y del progreso.

La victoria bélica de las fuerzas nacionales, Ejército, Requetés y Falangistas, conducidas por el Caudillo Francisco Franco, bajo la bendición de la Iglesia Católica, fue una derrota para los enemigos seculares de España: marxismo, judaísmo, anarquismo y masonería. La reacción de estas fuerzas no se hizo esperar, tratando de insidiar y desestabilizar el Régimen surgido de la Cruzada de Liberación, que se inició el 18 de Julio con el Alzamiento en armas contra la tiranía de los sin Dios y la dictadura de la República masónica.

Durante el régimen de Franco (1936-1975) la masonería internacional intentó ahogar y estrangular al sistema, rechazando el 15-01-1945 la entrada de España en las Naciones Unidas; el 16-06-1945 se condenó a España en la ONU por ser un gobierno de fuerza; se llevó a cabo un bloqueo internacional contra España; se acordó por las logias internacionales su aislamiento hasta que no cambiase el régimen político (02-08-45); el 09-02-46 la ONU consideró al régimen español un peligro para la paz mundial; la frontera con Francia fue cerrada el 01-03-1946; el 04-03-1946 firmaron una declaración conjunta las dos grandes obediencias de los dos países anfitriones, Francia y Gran Bretaña, con los Estados Unidos, condenando unilateralmente al régimen de Franco e invitando al pueblo español a levantarse y expulsar al Caudillo; la retirada de embajadores como medida masónica de presión se produjo el 13-12-1946; a España se le negó la inclusión en el Plan Marshall el 02-04-1946.etc. etc. España, sin embargo, resistió con dignidad las embestidas masónicas hasta la muerte de Franco. Con la llegada al poder de un nuevo Borbón, el Rey Juan Carlos I, se abrieron de nuevo a la masonería las puertas de par en par, esparciéndose la semilla de la desintegración y la discordia entre los hombres y las tierras de España, y se inoculó la carcoma a la Religión Católica, que se está dejando sentir. Estamos, en 1999, ante una España al borde de la inexistencia como unidad nacional y con una Religión Católica confusa, cómplice y en declive, infectada por la penetración de sectas poderosas de apariencia católica, pero que, en realidad, son adoradoras del “becerro de oro”.

 

Publicado en el Blog de Campos el 26-06-2019

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