España – Golpe de Estado en Cataluña – I

De: Antonio Campos en Puerta de Madrid, diciembre 2012

Cuando un charnego llega a Barcelona, además de encontrarse con una ciudad preciosa, abierta, acogedora, necesita saber unos conceptos mínimos para poder flotar en el asfalto y, con alto riesgo de equivocación, estas fueron mis impresiones de tres años de estancia allí:

  1. El catalán es una mezcla de mercader fenicio y leyenda merovingia, trabajador, culto, ahorrador, serio, decidido, pacífico, no encaja bien los chistes en los que se siente reflejado, sexualmente liberado, más las mujeres, mantenedor de sagas familiares, burgués, a lo que todo catalán aspira, botiguer, que es un concepto mucho más amplio y sofisticado que tendero, ante un semáforo en ámbar el madrileño acelera y el catalán frena, mal banquero a lo largo de la historia, más europeo que el resto de españoles, no toma cervezas después de salir de trabajar y paga a escote. Y quienes son verdaderamente inteligentes son las mujeres, que dirigen a sus maridos y compañeros en la sombra y sin que estos se den cuenta.
  2. Es constatable la idiosincrasia catalana del “deixar fer, deixar passar” (dejar hacer, dejar pasar) del día a día, siempre y cuando tú me dejes hacer y me dejes pasar a mí, o sea, círculo estrábico, mirar para un lado y ver otro, o mejor no ver nada.
  3. En el referéndum sobre el proyecto de Constitución Española de 1978, datos facilitados por un tercero de mi máxima confianza y fiabilidad, las cuatro provincias catalanas estuvieron entre las quince con mayor porcentaje de votantes a favor de la Constitución, todas a cinco o más puntos de Madrid, ocho de Valladolid y a diez de Toledo; el 91% de los votantes catalanes lo hicieron a favor, por tan solo el 86% de Madrid; uno de cada nueve votantes de Madrid lo hicieron en contra, mientras que en Barcelona fueron uno de cada veintiuno y en Lleida uno de cada veintiséis. Con estos datos, parece que Catalunya estaba claramente a favor de la Constitución.
  4. La pretendida actual independencia de Catalunya se empezó a gestar en el año 1982; catalanes asentados en Madrid constituyeron un looby alrededor de una mesa justificada por los productos autóctonos y cuyos comensales eran seleccionados e invitados en función de sus intereses de aquella época y futuros ya entonces prestablecidos, viajes relámpago en puente aéreo Barcelona-Madrid con el único objetivo de ampliar agenda y redes de contacto ante unos calçots, romesco, cargols a la llauna, butifarra, escalivada, rape, xatò, cocas, pescados de roca, robellons, esqueixada, empedrat, trinxat, gambas de Palamós, langosta, zarzuela de marisco y tantos otros de exquisito tránsito gastronómico.
  5. De forma paralela, asunción de atribuciones en los planes de educación, sin prisas pero sin pausas, asignaturas, contenidos, historia, cultura, medios de comunicación, inmersión lingüística, hasta un momento en el que el castellano es el tercer idioma en rotulación autonómica y medios públicos de transporte, detrás del catalán y del inglés. Y aunque a SM no le parezca bien lo manifestado por el Ministro Wert de que “el objetivo es que se sientan orgullosos de ser españoles y catalanes”, si eso se hubiera hecho en el ya citado año 1982, ¿son o no españoles?, probablemente no se enseñaría en las escuelas que “Catalunya está formada por Barcelona, Tarragona, Lleida, Girona, la Catalunya Norte, el País Valenciano y las Islas Baleares”, ni habría ahora titulados superiores en la veintena de su vida que escribieran joyas literarias como la que sigue a continuación y que guardo en mi archivo particular: ““Haber si elije vosté entre anbas””, que ha conseguido que las nuevas generaciones catalanas no tengan lazos con España. Eso sí, todos los mayores de cuarenta años son absoluta y perfectamente bilingües, piensan en catalán y castellano, y en Barcelona capital, cosmopolita a la vez que pueblerina (los catalanes pudientes viajan a Madrid a ver museos, teatro y grandes espectáculos), existe máxima educación y ningún problema para hablar y que te hablen en castellano, salvo en impresos y actuaciones de organismos oficiales, incluida policía, que redactan los documentos en catalán añadiendo si lo solicitas: y manifiesta, dos puntos, entre comillas, y escriben lo que diga el ciudadano en su idioma, lo mismo da que sea en castellano que en italiano o inglés.
  6. Hay que ser socio o, dado el precio que cuesta, al menos invitado permanente de un socio, del Club de Golf, Club de Tenis y del Círculo Ecuestre. Además de tener todos ellos una excelente restauración, por sus salones pasa quien puede, y quien quiere, ser alguien en Catalunya, político, banquero, empresario, burgués u opositores a alguno de esos grados, principalmente estos últimos, hijos de, relacionados entre sí en la democracia y que aspiran a superar, y lo hacen en ambición, a sus progenitores. Y el Barça, que sería una de las cosas más dolorosas que podría ocurrirles si se le hace competir en una Liga Catalana con solo equipos catalanes.
  7. Existen diversos partidos políticos con porcentajes de votos fragmentados, que fluctúan demasiado para obtener una mayoría amplia por parte de ninguno, pero cautivos de algún o algunos partidos minoritarios muy activos en asuntos independentistas. En cuanto a los dos grandes partidos nacionales, tampoco alcanzan relevancia suficiente por sí mismos para ser decisivos en el día a día de la política catalana. Es la coalición CiU, compuesta por CDC y UDC, en torno a la que verdaderamente gira el poder.
  8. Convergencia Democrática de Catalunya es la opción más conservadora del arco político de sentimiento nacionalista catalán como identidad propia e independentista, de ideas liberales mucho más a la derecha de lo que en su día pudiera haber representado Esperanza Aguirre para todo el estado español. Desde su fundación en 1978 como organización política, ha girado en torno a Jordi Pujol, buen amigo de Felipe González, que le enseñó a decir aquello de “Eso ahora no toca”. Presidente de la Generalitat desde enero de 2010 es Artur Mas (Barcelona – 1956), eficaz colaborador de Pujol y auspiciado por él a ser su sucesor.
  9. Unió Democrática de Catalunya, partido nacionalista democratacristiano, fundado en el año 1931, a cuyo frente se encuentra el aragonés de nacimiento Durán i Lleida (1952), que vivió hasta los 15 años en su pueblo natal Alcampell, próximo a la frontera catalana, donde era conocido por Pepito de la Sinda (nieto de Gumersinda). Catalán de sentimiento y “pacimiento”, “bon vivant” de comida, bebida y relaciones interpersonales, tiene fama de moderado y moderador, se ha visto desbordado personal y políticamente por la marea independentista de petición de estado propio para Catalunya, como otros muchos catalanes, que han visto cómo se ha pasado de proclamar más competencias autonómicas, pues de algo hay que vivir y de eso lo hacen muchos en Cataluña desde hace tiempo, amagar pero no dar, a reclamar abierta y firmemente la independencia, solicitando amparo mundial ante una hipotética y esperada respuesta constitucional a tal pretensión. Y ¿quién ha propiciado el empujón final a este planteamiento? Pues el péndulo compuesto por Convergencia en la derecha y de ERC en la izquierda, a los que se les han unido una parte importante de los emigrantes, entre ellos la comunidad musulmana, deseosa de pescar en río revuelto.

 

Foto obtenida de internet – acceso libre

 

  1. Ha sido Durán i Lleida el que no hace mucho ha dicho que la actual pretendida independencia de Catalunya es equiparable a la pérdida de la colonia española de Cuba en 1898.

En 1859 el General Serrano, favorito de la reina Isabel II, y como forma de aplacar las periódicas insurrecciones puntuales que se venían sucediendo, realizó diversas concesiones a la clase criolla cubana acaudalada, incluyendo una amnistía política que permitió en 1862 al médico cubano masón Vicente Antonio de Castro y Bermúdez, fundar el Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA), que se extendió rápidamente mediante otras logias y ciudades, manteniendo viva la llama revolucionaria e independentista; muchos de los soldados y oficiales del Ejército Libertador fueron masones militantes; y también era masón José Martí y Pérez, “El apóstol de la independencia”, hijo de emigrantes canarios, de la logia de Cienfuegos. Es reconocido por la actual Gran Logia de Cuba la intervención de diferentes y abundantes hermanos masones en la gestación y alcance de su independencia.

La bandera cubana contiene el triángulo rojo, motivo masón originario de la Revolución Francesa, “simboliza la grandeza del poder que asiste al Gran Arquitecto del Universo y cuyos lados iguales aluden a la divisa masónica de libertad, igualdad, fraternidad y a la división tripartita del poder democrático. La estrella de cinco puntas significa la perfección del maestro masón: la fuerza, la belleza, la sabiduría, la virtud y la solidaridad”.

¿Es esta la equiparación a la que ha aludido Durán i Lleida? La masonería es legal en España, tan legal como el Banco Santander, El Corte Inglés o el Real Madrid; pero algo más opaca. Y es de suponer que, como siempre sucede, si hay masones en ese objetivo, la versión oficial versará sobre que será a título particular y no como grupo, al igual que suele ser cuando afecta a la curia, los políticos, los militares, los picapedreros o los ciclistas que se drogan. Pero a lo mejor sí que se debería saber quién es quién en Catalunya y en el resto de España, a todos los niveles de organigrama, desde el primer al último español de los que toman decisiones estratégicas en cualquier asunto público.

Los españoles de la época estaban hartos “de lo de Cuba”; los de ahora “empiezan a estar hartos de lo de Cataluña”.

 

De: Futuro incierto – Antonio Campos – Puerta de Madrid, mayo 2014

Jordi Pujol ha sido listo, muy listo. Un forero amigo, que conoce bien los entresijos catalanes, me dice: Banca Catalana entidad financiera creada en 1959 por Florenci Pujol Brugat, su hijo Jordi Pujol y Francesc Cabana, con la compra de la Banca Dorca de Olot, absorbió: en 1971 el Banco de Expansión Comercial, el Banco de Gerona en 1975, el Banco Industrial del Mediterráneo en 1979, en 1980 el Banco Mercantil de Manresa, el Banco de Barcelona, el Banco Industrial de Catalunya. Entre 1974 y 1976 repartió 516 millones de pesetas en dividendos, pese a que tenía un déficit de 11.086 millones. En 1982 suspendió pagos y por motivos políticos fue rescatada por el Fondo de Garantía de Depósitos. Pujol fue procesado por presuntos delitos de apropiación indebida, falsedad en documento público y mercantil y maquinación para alterar el precio de las cosas, proceso que se solventó con un veredicto anunciado (¿Cómo y por qué se sabía previamente el resultado de la votación?) por Piqué Vidal de treinta y tres a favor y resto en contra, de los cuarenta y un Magistrados de la Audiencia de Barcelona.

Los hoy jubilados fiscales Jiménez Villarejo y Mena saben esta historia completa, y las amistosas gestiones de Felipe González a cambio de “eso ahora no toca”.

Después de las elecciones legislativas de 1996, el Partido Popular, liderado por José María Aznar y su “catalán en la intimidad”, suspendió definitivamente cualquier investigación relacionada con el Gobierno Autónomo Catalán, impidiendo que el proceso pudiera llegar al Tribunal Supremo.

Sin acritud, solo recordar que tanto Felipe González como José María Aznar gobernaron –qué tendrá el poder- con la ayuda parlamentaria del Sr. Pujol. El Premio Nobel Imre Kertész dejó escrito en su obra Sin destino (año 1975) que “la amistad es una cosa pasajera, limitada por las leyes de la vida”.

Desde los tiempos de Banca Catalana, pasaba demasiadas horas de trabajo con su secretaria, la mujer más influyente de Cataluña durante muchos años, a la que se llevó a la Generalitat cuando fue Molt Honorable y en cuyas dependencias durmió durante unos meses de crisis matrimonial, superada por su muy inteligente y ambiciosa esposa, porque en Catalunya son las mujeres las verdaderamente inteligentes, que dirigen a sus maridos y compañeros en la sombra y sin que estos se den cuenta.

Cuando el cántaro va tantas veces a la fuente, antes o después se rompe. El hereu se ha visto involucrado en diferentes temas, política y económicamente oscuros, y tuvo que dimitir como secretario general de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC), la formación creada por su padre en 1978 como organización política.

El padre confiesa su fortuna oculta en paraísos fiscales, treinta y cuatro años viviendo de la política, que han auspiciado un patrimonio familiar de empresas varias, concesiones administrativas, coches de alta gama, propiedades diversas, cuentas multinacionales, que salpican, no prejuzgan, y menos juzgan, que para eso está la judicatura independiente, una saga que ha progresado exponencialmente muy por encima de la media nacional, en el círculo estrábico catalán.

Artur Mas fue auspiciado por Pujol a ser su sucesor, y ahora piensa que sus males tienen origen en su hasta ahora protegido, no hay peor astilla que la de la propia madera. Lucha de castas entre el que ha sido, el que es y lo que será, futuro incierto que, a lo peor, beneficia a los secesionistas catalanes republicanos, y a otras formaciones extremistas de carácter nacional que, como dejó escrito Lenin en su “Decálogo” de 1913, “hable siempre sobre democracia y estado de derecho, pero en cuanto se presente la oportunidad, asuma el Poder sin ningún escrúpulo”.

He vuelto a Barcelona a pasar unos días con amigos, y enemigos. He encontrado un ambiente político muy cambiado del que dejé hace tres años, más extremista, claramente independentista, con proliferación de la estrella de cinco puntas, que significa la perfección del maestro masón: la fuerza, la belleza, la sabiduría, la virtud y la solidaridad, con acoso real a quien no se encuentra en ese frente, con gente en contra de España sin argumentos, solo porque es lo que le han imbuido machaconamente, haciendo bueno aquello de que una mentira muchas veces repetida se convierte en verdad.

La Diada (trescientos años desde Felipe V) ha sido un clamor unánime de ultra-nacionalistas catalanes. ERC quiere ganar las próximas municipales por mayoría absoluta, y autoproclamar la independencia, algo similar a lo sucedido en los años treinta del siglo pasado, que el Presidente de la República zanjó declarando la guerra a Cataluña.

La convicción que tienen los catalanes de que no habrá uso de las Fuerzas de Seguridad del Estado cuando se salten la Constitución, dada nuestra pertenencia a la Unión Europea, no es compartida por todo el mundo, incluso por una parte de los catalanes no independentistas. Hemos confundido el respeto a las culturas locales con cuestionar la identidad de España. Hay un verdadero problema de Estado, que no es debidamente asumido en su plenitud, pero que puede explotar en cualquier momento.

 

De: España, siglo XVIII, Antonio Campos, agosto 2018

 

El rey francés Luis XIV aceptó el testamento de Carlos II y presentó a su nieto Felipe como nuevo Rey de España ante la Corte reunida en el salón de los Espejos del palacio de Versalles. Le dio los siguientes consejos: debía ser un buen español, pero no olvidar su origen francés; respetar las instituciones españolas, viajar continuamente por el país, sentir y demostrar un gran respeto por la Iglesia, cuyo poder e influencia en España eran decisivos, y acometer una profunda política de reformas para modernizar España.

Con sus 17 años (había nacido en Versalles el 19 de diciembre de 1683), Felipe V entró en España con una resolución y confianza que le valieron el apelativo de El Animoso. Escribe De la Cierva: «Todos los reinos de Europa le reconocieron con mayor o menor sinceridad y los pueblos y ciudades de Guipúzcoa y Castilla le acogieron con entusiasmo desbordante». Después de aguardar unos días en Irún a que la reina viuda Mariana de Neoburgo se retirase a Toledo, llegó a Madrid el 18 de febrero de 1701. El 8 de mayo siguiente juró solemnemente como Rey de España ante las Cortes de Castilla reunidas en el convento de San Jerónimo el Real.

Casi al tiempo, la parisina Ana María de la Trémoille, princesa de Orsini o de los Ursinos, concertaba en Turín el matrimonio de Felipe V con la princesa María Luisa Gabriela de Saboya, que por entonces tenía 13 años. Antes de conocer a su mujer, «Felipe V salió para Barcelona y en el camino juró los Fueros aragoneses en la basílica del Pilar de Zaragoza en medio del entusiasmo popular. En Lérida juró por primera vez los Fueros de Cataluña y luego renovó sus promesas ante las Cortes reunidas en Barcelona el 12 de octubre. Se presentó ante los catalanes, que recelaban de sus propósitos, como celoso defensor de sus libertades –dice el gran historiador catalán Jaime Vicens Vives- y promotor de su progreso. Aprobó en Barcelona concesiones muy importantes como un puerto franco para la ciudad y el establecimiento del comercio catalán con las Indias…» El 3 de noviembre de 1701 se encuentra por fin con su esposa en Figueras, y los reyes instalan ese invierno su Corte en Barcelona.

 

Felipe V, el primer Borbón de España

 

La guerra se empezó a gestar en Europa, no en España. «El emperador Leopoldo de Austria intrigaba en las cancillerías protestantes y marítimas de Inglaterra y Holanda contra la alianza dinástica francoespañola, que podría dominar con facilidad todo el continente americano (…) Entonces Guillermo de Orange, rey de Inglaterra y archienemigo holandés de España, concertó en La Haya el 7 de septiembre de 1701 la gran alianza europea contra Luis XIV; la firmaron Inglaterra, Holanda, Dinamarca, el elector de Brandeburgo a quien el emperador Leopoldo reconoció como rey de Prusia y por supuesto el propio emperador de Austria, cuya dinastía se consideraba la gran perjudicada por la sucesión borbónica española».

Las hostilidades estallan en Flandes e Italia en la primavera de 1702. Felipe V El Animoso llega por mar a Nápoles y consigue grandes victorias en la región del Po. Pero pronto la amenaza naval de las escuadras inglesa y holandesa se cierne sobre las costas españolas. Gracias al empuje y a las órdenes de la adolescente Reina María Gabriela, Cádiz resiste un asedio. Como dice Ricardo de la Cierva: «Pronto creyó toda Europa que Felipe V perdería su trono inevitablemente; pero los agoreros no contaban con una especie de milagro, la adhesión inquebrantable y absoluta de la antigua Corona de Castilla a unos Reyes que apenas habían tenido tiempo de arraigar en España. La victoria final de Felipe V y María Gabriela se ganó en los campos de batalla de España, pero dependió sobre todo de la adhesión popular, un factor moral».

Sin embargo, el camino a la victoria sería largo y tortuoso. Entre 1704 y 1706 los borbónicos cosecharon importantes derrotas. Entre ellas, una muy dolorosa cuyas secuelas llegan hasta nuestros días: la pérdida de la ciudad de Gibraltar. El 4 de agosto de 1704, la escuadra anglo-holandesa del almirante Rooke consigue, gracias a una apabullante superioridad de fuerzas, la rendición de la plaza, defendida por don Diego de Salinas con 80 soldados y 470 milicianos. Los gibraltareños abandonan su ciudad solemnemente para instalarse en San Roque. El príncipe Darmstadt toma posesión de la Roca en nombre del Rey Carlos III de España. Inglaterra reconoce que ha conquistado Gibraltar para España el 17 de noviembre. Pero Rooke, que no consigue conquistar Ceuta, iza en el Peñón la bandera inglesa. Y desde entonces.

La causa de Carlos III arraigó en España en los territorios de Aragón, Valencia y Cataluña. El motivo político fundamental es que recelaban de la Administración centralista borbónica, y temían por la pérdida de sus propios fueros e instituciones, como finalmente sucedió. «El 8 de agosto la escuadra aliada fondea junto a Denia (…) la rebelión prende con fuerza en el reino de Valencia, sobre todo desde el éxito decisivo de la escuadra en Barcelona, frente a la que apareció el 22 de agosto». En Barcelona también se produce una división entre borbónicos y austracistas, pero pronto el apoyo a Carlos III se convierte en hegemónico: «Antes de acabar el año 1705 toda Cataluña le reconocía por Rey menos la ciudad de Rosas; y todo el reino de Valencia menos la ciudad de Alicante enarbolaba también su pendón».

No cabe aquí un recorrido exhaustivo por la Guerra de Sucesión, pero es importante destacar dos batallas decisivas, que terminaron de inclinar la balanza del lado de los borbónicos. El 25 de abril de 1707 los dos ejércitos chocaron en Almansa (Albacete), donde las tropas del duque de Berwick infligieron a las de Lord Galloway y el marqués das Minas una severísima derrota. A raíz de este destrozo en el ejército rival Berwick reconquistó Valencia el 8 de mayo y Játiva el 20 de junio, mientras que el duque de Orleans recuperó Zaragoza el 26 de mayo y Lérida el 14 de octubre. La segunda batalla decisiva es la de Villaviciosa y Brihuega, donde el duque de Vendôme obtiene una victoria total frente a los hombres de lord Stanhope. El duque de Vendôme, por cierto, dijo en cierta ocasión sobre Felipe V: «Jamás vi tal lealtad del pueblo con su rey».

Fuera de los campos de batalla, otro hecho determinante vino a dejar la Guerra de Sucesión vista para sentencia. Se trata de la muerte del emperador José de Austria, hermano mayor del archiduque Carlos, lo que significa la sucesión de este al trono como Carlos VI. Ante este panorama, Inglaterra y Holanda deciden poner fin cuanto antes a la guerra para que no haya un Carlos III de España y VI de Alemania. Para Inglaterra, el equilibrio europeo ya no es lo que era. Los ingleses inician conversaciones en Utrecht el 29 de enero de 1712, de momento sin contar con España. Felipe V renuncia solemnemente al trono de Francia el 9 de noviembre de 1712. El 10 de julio de 1713 España firma el Tratado por el que entrega a Inglaterra Menorca y Gibraltar.

Cataluña se sabe y se siente sola y abandonada. Felipe V miraba ya hacia Barcelona con inevitables ganas de revancha política, sin perjuicio de cierta magnanimidad. En el Tratado de Utrecht el Rey de España concedía a los rebeldes catalanes «la amnistía y todos los privilegios que poseen y gozan y en adelante puedan poseer y gozar los habitantes de las dos Castillas, que de todos los pueblos de España son los más amados del Rey católico». En cambio, la emperatriz Isabel Cristina, esposa del ya Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, engañaba a los representantes y gobernantes catalanes con promesas cada vez más vanas.

El gobierno de Cataluña estaba formado entonces por tres instituciones: los Consejeros de Ciento, que administraban la ciudad de Barcelona, la Diputación del General o Generalidad y la Junta de Brazos. Estas tres instituciones se reúnen en junio de 1713 y deciden resistir hasta el final. Juega un papel principal la Junta de Brazos, donde destacan tres claros líderes: el gobernador Pedro de Torrellas, el conseller en Cap Rafael Casanova y el general en jefe de la defensa, Antonio de Villarroel y Peláez. Ante la negativa de Barcelona a entregarse, el duque de Pópoli inicia un bloqueo de la ciudad.

El 14 de febrero de 1714 fallece la Reina María Luisa Gabriela, cuya actuación había sido importantísima para lograr la victoria de la causa borbónica. El Rey de España entra en depresión. Los dos hijos vivos que quedaban del valeroso matrimonio llegarían a ser reyes de España como Luis I y Fernando VI. Es posible que sin su esposa María Luisa Gabriela Felipe de Borbón no hubiera llegado a convertirse en el Rey que más tiempo ha reinado en España: 45 años (1700-1746, con una interrupción de nueve meses en 1724).

Cuando Felipe V vuelve a ocuparse de Cataluña, sus gobernantes no solo exigen el mantenimiento de sus fueros e instituciones, sino además tres millones de libras para compensar los daños de la guerra. Como contestación, Felipe V releva al duque de Pópoli por el duque de Berwick, el vencedor en Almansa. Este se pone al frente del asedio el 6 de julio, con un importante contingente francés y sin la más mínima oposición de Inglaterra. Cuenta con 40.000 hombres y 140 cañones para el tercer y definitivo asedio. «El mes de agosto es un asalto continuo» y el último amago de Inglaterra de interceder por los catalanes se queda en eso, en un amago.

 

 

Y así llega el 11 de septiembre de 1714. A las cuatro y media de la madrugada se inicia el asalto borbónico, que emplean en la ofensiva a más de 20.000 hombres. «La resistencia se encona, algún bastión, como el convento de san Pedro, cambia de mano once veces. A las dos horas de lucha, y a ruegos del general Villarroel, Rafael Casanova tremola la bandera de Santa Eulalia que enardece a los defensores en el punto más comprometido». Tanto Casanova como Villarroel caen heridos. La dura batalla se prolonga durante todo el día, hasta que, «ya cerrada la noche, algunos consellers enarbolan bandera blanca».

El historiador catalán Ferrán Soldevila, en Síntesis de la historia de Cataluña, afirma: «La defensa fue tan heroica que suscitó el estupor y la admiración de toda Europa, ganándose el respeto de sus adversarios en sus figuras más dignas. El Consejo Municipal, que encabezaba Rafael de Casanova, fue el alma de la resistencia…» Casanova, añade De La Cierva, «consiguió ocultarse y pocos años después, incitado por sus familiares, se acogió al perdón real y residió hasta su muerte sin que nadie le molestara en San Baudilio de Llobregat».

No menos reseñable es el comportamiento del vencedor, el duque de Berwick. Escribe De la Cierva: «El duque de Berwick, asombrado por el valor de los defensores, con quienes no se ensañó en momento alguno, otorga bajo palabra, pero sin firma, la capitulación; en la que ofrece la vida y la seguridad personal a quienes depongan las armas y la pena de muerte a quienes, de uno u otro bando, se desmanden después del armisticio. Tan admirable o más que la heroica defensa es el comportamiento de la ciudad al empezar la mañana: las tropas borbónicas entraban con orden, sin tropelías ni abusos, pero con sorpresa desmedida al contemplar cómo los barceloneses emprendían, en los comercios, los talleres y ante las casas, su quehacer diario como si no hubiese pasado nada».

Este es el inicio y la fecha reivindicada por los catalanistas para su pretendida independencia a lo largo de la historia.

 

De: https://es.wikipedia.org/wiki/Independentismo_catalalan

El primer grupo independentista catalán apareció en Santiago de Cuba poco después de que la isla fuese independiente. En el Centre Català de esa ciudad fue donde ondeó por primera vez la estelada, creada por un residente catalán en Cuba, Vicenç Albert Ballester.

En Cataluña habrá que esperar hasta 1918 para que surjan las primeras organizaciones propiamente independentistas. ​ Así en julio de ese año se constituyó con gente de la Unió Catalanista el Comité Pro Cataluña presidido por Vicenç Albert Ballester, y en diciembre nacionalistas catalanes radicales constituyeron en París el autodenominado “Comité Nacional Catalán” para reclamar a los países vencedores en la Primera Guerra Mundial que se ocuparan del «pleito catalán», pero esto no se incluyó en el orden del día de la Conferencia de París. ​

En junio de 1922 se celebró una Conferencia Nacional Catalana, de donde surgieron dos nuevos partidos nacionalistas catalanes más radicales que la Lliga Regionalista: Acció Catalana, integrada por jóvenes de la Lliga y por intelectuales republicanos, y Estat Catalá, integrado por un grupo encabezado por el diputado netamente independentista Fransecs Macià.

En 1931, después de haber sido juzgado y desterrado a Bélgica por intentar llevar a cabo una invasión de Cataluña con un pequeño ejército integrado por escamots de la Cataluña francesa, el 14 de abril de 1931 Macià proclamó la República Catalana en Barcelona, integrada en una «Confederación de Pueblos Ibéricos». Tres días después tres ministros del Gobierno Provisional viajaron a Barcelona donde se entrevistaron con Francesc Macià alcanzando un acuerdo por el que Esquerra Republicana de Cataluña renunciaba a la “República Catalana” a cambio del compromiso del Gobierno Provisional de que presentaría en las futuras Cortes Constituyentes el Estatuto de ASutonomía que decidiera Cataluña y del reconocimiento del gobierno catalán que dejaría de llamarse Consejo de Gobierno de la República Catalana para tomar el nombre de Gobierno de la Generalitat de Cataluña, recuperando así el nombre de la centenaria institución del Principado que fue abolida por Felipe V en los Decretos de Nueva Planta de 1714.

El 6 de octubre de 1934 Lluis Companys, sucesor de Macià al frente de la Generalitat, proclamó “El Estado Catalán en la República Federal Española”. ​ Pero la falta de planificación (a pesar de que el conseller de Gobernació, Josep Dencàs, movilizó los escamots, las milicias de la Esquerra, y a los Mossos d’Esquadra) y la pasividad con que respondió la principal fuerza obrera de Cataluña, la CNT, hizo que la rebelión catalana se terminara rápidamente el día 7 de octubre por la intervención del Ejército.​ El president y los consellers de la Generalidad fueron encarcelados (menos Dencás que consiguió escapar) y a continuación el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932 fue dejado sin efecto.​

Tras el triunfo en las elecciones de febrero de 1936 del Frente Popular, Companys y los consellers fueron amnistiados y repuestos en sus cargos.

Tras el final de la Guerra Civil con la derrota de los republicanos, se constituyó en Londres un Consell Nacional de Catalunya (CNC), presidido por Carles Pi y Suñer, y que al igual que el Consejo Nacional de Euzkadi reivindicó la independencia de Cataluña, integrada en una confederación ibérica formada por cinco o seis estados soberanos.

Durante la transición democrática que siguió a la muerte del dictador Francisco Franco en noviembre de 1975, el independentismo catalán desempeñó un papel muy poco importante porque todas las fuerzas políticas catalanas estaban volcadas en el restablecimiento del EstaTUTO DE Autonomía de 1932.

También fue durante la Transición, concretamente en 1978, cuando apareció Terra Lliure, una organización independentista que a semejanza de ETA en Euskadi propugnaba la violencia política para alcanzar sus objetivos y que llevará a cabo en los años siguientes más de 200 atentados terroristas, en uno de los cuales resultó muerta una persona.

“La Vanguardia, 23-10-2017”. En 1977, el president Josep Tarradellas i Joan volvió a Catalunya tras haber pasado 38 años en el exilio. Tuvo un regreso triunfal, una multitud se concentró en la Plaza Sant Jaume para darle la bienvenida. En aquel palco pronunció unas palabras que 40 años después siguen en la memoria colectiva: “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí!”.

Tarradellas marcó la historia de Catalunya. Fue uno de los fundadores de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y ocupó varios cargos antes de convertirse en el presidente de la Generalitat en el exilio en 1954. Su vuelta a Barcelona fue vista como una victoria de la resistencia política catalana tras casi cuatro décadas marcadas por la dictadura de Franco.

 

 

En 1989 se produjo el «giro independentista» de Esquerra Republicana de Catalunya ―un partido hasta entonces muy condicionado por su alianza con CiU, la federación encabezada por el presidente de la Generalitat Jordi Pujol― como consecuencia de la entrada en el mismo de militantes como Josep Lluis Carod Rovira o Ángel Colom, quien asumió la secretaría general del partido.

Es a partir de aquí cuando se inicia el “problema catalán” y la situación que llega hasta la actualidad.

​Los 23 años de «pujolismo» terminaron en 2003 cuando tras las elecciones al Parlamento de Cataluña se formó un gobierno de coalición «tripartito» de izquierdas integrado por el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) e Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) y presidido por el socialista Pasqual Maragall, con el independentista y líder de ERC Josep Lluis Carod Rovira como Conseller Primer.​ El «tripartit» se fijó como principal objetivo elaborar un nuevo Estatuto de Autonomía que ampliara el autogobierno catalán,​ que fue aprobado por el Parlamento de Cataluña el 30 de septiembre de 2005 con los votos de todos los grupos excepto el de los diputados del Partido Popular, y sobre el que el presidente de Gobierno Sr. Rodríguez Zapatero habría comprometido su aprobación en el Congreso de Diputados.

Durante su tramitación en el Congreso de Diputados el proyecto enviado por el Parlamento de Cataluña sufrió importantes cambios que rebajaron su “soberanismo”​ a los Esquerra Republicana se opuso … En junio de 2010, después de cuatro años de deliberaciones, el Tribunal Constitucional publicó su sentencia sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña del año 2006 ―respondiendo a un recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Partido Popular―, que supuso un duro golpe a las aspiraciones del nacionalismo catalán en temas tan sensibles como la identidad «nacional», la lengua, la administración de justicia o la posibilidad de disponer de una Hacienda propia. ​ Así a partir de su publicación se produjo un crecimiento espectacular del independentismo en Cataluña, ​ cuando doce años antes, según una encuesta publicada en 1998, solo el 17 % de los entrevistados prefería la independencia. ​

 

Manifestación en Barcelona el 10 de julio de 2010.

 

 

El cambio del escenario político catalán que trajo consigo la sentencia del Constitucional se pudo comprobar solo pocos días después cuando el 10 de julio de 2010 se celebró en Barcelona una gran manifestacvión de rechazo a la misma con el lema Som una nació, nosaltres decidim, que derivó en un plebiscito a favor de la independencia. ​ Cuatro meses después se celebraron las elecciones al parlamento catalán que ganó CiU, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta, y su líder Artur Mas fue investido como nuevo presidente de la Generalidad de Cataluña.

La gran eclosión del independentismo se produjo en la multitudinaria manifestación celebrada en Barcelona el 11 de septiembre de 2012, Día de Cataluña, con el lema Catalunya, nou estat d’Europa y que no estuvo organizada por los partidos políticos sino por la nueva entidad independentista Asamblea Nacional Catalana.

El impacto de la gran manifestación del 11 de septiembre de 2012 se pudo comprobar enseguida cuando dos semanas después el Parlamento de Cataluña aprobaba una resolución en la que instaba al gobierno catalán la celebración de una «consulta» en la que «el pueblo de Cataluña pueda determinar libre y democráticamente su futuro colectivo». A continuación el presidente de la Generalidad de Cataluña Artur Mas adelantó las elecciones al Parlamento de Cataluña previstas para 2014 y estas se celebraron el 25 de noviembre.​ En ellas CiU se presentó con un programa electoral en el que abandonó el marco autonómico al proponer un proceso de «transición nacional» en el que se pondrían en marcha «estructuras de estado» que constituirían el primer paso para la consecución de la independencia de Cataluña. ​

En las elecciones del 25 de noviembre de 2012, aunque CiU sufrió un descalabro ―perdió 12 escaños―, las fuerzas políticas «soberanistas» consiguieron la mayoría absoluta —ERC obtuvo 11 diputados más e ICV 3 más, y entró en el ‘’Parlament’’ la CUP que consiguió tres diputados―.​ Así el 23 de enero de 2013 el Parlamento de Cataluña aprobó la «Declaración de Soberanía y del derecho a decidir del Pueblo de Cataluña» cuyo artículo primero —que declaraba al «pueblo de Cataluña» «sujeto político y jurídico soberano»— anuló el Tribunal Constitucional en marzo del año siguiente. ​

El 11 de septiembre de 2013 una gran cadena humana unió de norte a sur el territorio de Cataluña en la que se llamó la “Vía Catalana hacia la Independencia” y tres meses después, el 12 de diciembre, los partidos defensores de celebrar una «consulta» al «pueblo de Cataluña» (CiU, ERC, ICV y CUP) acordaron la pregunta («¿Quiere que Cataluña sea un Estado?» y «En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?») y la fecha de la misma, fijada para el 9 de noviembre de 2014. ​

El 27 de septiembre de 2014 el presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, firmó el decreto de convocatoria de la “Consulta sobre el futuro político de Cataluña 2014”,​ pero el gobierno de Mariano Rajoy reaccionó inmediatamente y presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional​ que lo admitió a trámite, por lo que el 29 de septiembre quedaron suspendidos cautelarmente el decreto y la Ley de Consultas de Cataluña que lo amparaba.

El 9N (9 de noviembre de 2014), fue un proceso que el presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas, planteó como alternativa legal ante la imposibilidad de obtener del Gobierno Central el permiso necesario para celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña y tras el recurso del Gobierno ante el Tribunal Constitucional contra la consulta sobre el futuro político, con los mismos objetivos. Al igual que la consulta, esta tiene como objetivo conocer la opinión de los ciudadanos catalanes sobre si Cataluña, actualmente Comunidad Autónoma, debería ser un Estado y si ese Estado deberia ser independiente. Se mantuvieron las mismas dos preguntas que se plantearon originalmente para la consulta.

Este proceso participativo fue recurrido por el Gobierno de España ante el Tribunal Constitucional, por entender que vulnera la legalidad. Tras ser admitido el recurso a trámite, el proceso quedó cautelarmente suspendido. Sin embargo, la Generalidad de Cataluña se negó a acatar la suspensión cautelar y continuó con la organización de este proceso. ​ Los principales cargos responsables de la consulta fueron condenados en 2017 por el Tribnunal Superior de Justicia de Cataluña por desobediencia al Tribunal Constitucional y prevaricación. ​

El 25 de noviembre de 2014, cuatro días después de que la fiscalía hubiera presentado una querella contra él por la celebración del «proceso participativo», Mas presentó su plan para conseguir la independencia de Cataluña en 18 meses,​ y el 14 de enero anunció el adelanto de las elecciones autonómicas para el día 27 de septiembre de 2015 y que éstas tendrían un carácter “plebiscitario” » sobre la independencia de Cataluña. ​

La opción claramente independentista por la que había optado Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) acabó rompiendo la coalición Convergència i Unió (CiU) porque Uniò Democrática de Catalunya seguía siendo partidaria de la vía «pactista» y del «autonomismo». Así el 22 de junio de 2015 los consellers de Unió abandonaron el govern de la Generalitat y la federación quedó disuelta. A partir de entonces CDC aumentó la presión sobre Esquerra Republicana para que integraran una candidatura conjunta a las elecciones «plebiscitarias» del 27 de septiembre, llegándose a un acuerdo el 20 de julio. Así nació la «llista de país» que se llamó “Junt pel Sí”. A ella se sumaron también destacados miembros de las entidades soberanistas, como Carme Forcadell, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, o Muriel Casals, presidenta de Omniem Cultural.

 

Grupo parlamentario de Junts pel Sí. En primera fila y en el centro Muriel Casals, Artur Mas, Carme Forcadell, Raul Romeva (cabeza de lista por Barcelona), Oriol Junqueras y Germá Bel (cabeza de lista por Tarragona). En el extremo izquierdo Lluis Llach (cabeza de lista por Girona).

 

En las elecciones del 27 de septiembre de 2015 la fuerza política más votada fue Junts pel Sí. Consiguió el 39,59% de los votos y 62 escaños que sumados a la otra fuerza independentista, laCUP con el 8,21 % de los votos y 10 diputados, suponían la mayoría absoluta en el Parlamento, aunque entre las dos candidaturas no alcanzaron el 50 % de los sufragios, consiguieron el 47,8 %.​

El 9 de noviembre, justo el día en que se iba iniciar el debate de investidura de Artur Mas para la presidencia de la Generalitat, el Parlamento de Cataluña aprobó con los votos de los 72 diputados independentistas una resolución en la que se proclamaba el inicio del proceso de independencia de Cataluña ―el «proceso de desconexión democrática» con España, que duraría 18 meses―. El gobierno de Mariano Rajoy interpuso inmediatamente un recurso ante el Tribunal Constitucional y este lo admitió a trámite el día 11 con lo que la resolución quedó suspendida.

 

Artur Mas coloca la medalla de Presidente de la Generalitat a su sucesor en el cargo

Carles Puigdemont el 12 de enero de 2016.

 

En cuanto a la investidura de Artur Mas, esta resultó fallida porque la CUP no la apoyó aunque abrió la puerta al acuerdo si Junts pel Sí presentaba otro candidato. ​ Así, cuando a principios de enero de 2016 estaba a punto de cumplirse el plazo de dos meses para que se tuvieran que convocar nuevas elecciones, Artur Mas renunció a la investidura, proponiendo como su sustituto a Carles Puigdemont, que sí recibió el voto favorable de la CUP, por lo que pasó a ser el nuevo presidente de la Generalitat. En su discurso de investidura Puigdemont reiteró el compromiso de conseguir la independencia de Cataluña en año y medio. ​ Sin embargo, meses después Puigdemont cambió el plan previsto y propuso la celebración de un referéndum de autodeterminación​ en el que el «pueblo catalán» decidiera si quería convertirse en un Estado independiente en forma de República. La fecha fijada para su celebración fue el 1 de octubre de 2017. ​

El 6 de septiembre de 2017 el Parlamento de Cataluña aprobó la Ley del Referéndum entre las protestas de los grupos «constitucionalistas» ―Ciudadanos, Partit dels Socialistes de Catalunya y Partido Popular― que consideraban la ley contraria al Estatut y a la Constitución por lo que abandonaron el pleno en el momento de la votación. ​ El gobierno de Mariano Rajoy presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional que al ser admitido a trámite supuso la suspensión de la ley, ​ pero a pesar de todo el “govern” de Puigdemont mantuvo la convocatoria del referéndum ilegal. ​ Entonces el presidente Rajoy aseguró que el referéndum no se celebraría y que utilizaría todos los instrumentos de los que disponía el Estado para impedirlo. ​

A pesar de todas las medidas tomadas por el gobierno, el referéndum se acabó celebrando el domingo 1 de octubre, aunque sin ningún tipo de garantías. En las primeras horas se produjo la intervención de guardias civiles y de policías nacionales en varios colegios electorales para intentar impedir la votación y las imágenes de las cargas policiales dieron la vuelta al mundo.​ Cinco días más tarde la Generalitat facilitó los resultados, sin que hubieran sido verificados por ningún órgano independiente: votó el 43 % del censo, es decir, 2.286.217 personas, de las que 2 044 038 votaron ‘SÍ’, lo que suponía el 90 % de los sufragios. ​

Dos días después de la celebración del referéndum el rey Felipe VI calificó la actuación de la Generalitat como de «deslealtad inadmisible a los poderes del Estado».​ A causa de la inseguridad jurídica que abría la posible declaración de independencia muchas empresas catalanas comenzaron a trasladar su sede social fuera de Cataluña.

 

Discurso de Carles Puigdemont el 10 de octubre de 2017 en el Parlamento de Cataluña en el que

“suspendió los efectos de la declaración de independencia”

 

En cumplimiento de la Ley de Referéndum, aunque con algunos días de retraso, Carles Puigdemont comunicó el 10 de octubre al pleno del Parlamento de Cataluña que asumía «el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república» para añadir a continuación que proponía suspender «los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos el diálogo».​ El gobierno de Rajoy anunció entonces que ponía en marcha los mecanismos previstos para aplicar en Cataluña el artículo 155 de la Constitución, lo que supondría la suspensión de la autonomía. ​

Ante el riesgo que la autonomía de Cataluña fuera intervenida por el gobierno central, Carles Puigdemont sopesó el jueves 26 de octubre la posibilidad de convocar elecciones autonómicas y suspender así la posible proclamación de la independencia prevista para el pleno del Parlamento de Cataluña que se iba a celebrar al día siguiente, pero cuando ya parecía convencido de que esa era la mejor opción ―llegó a convocar a los medios para comunicarles la noticia― se echó para atrás, según dijo, por la «falta de garantías» por parte del Estado de que no aplicaría el 155 si convocaba elecciones. ​

Así que al día siguiente, viernes 27 de octubre, el Parlamento de Cataluña aprobó en votación secreta una resolución que incluía la declaración de independencia de Cataluña. ​ Casi al mismo tiempo el Senado aprobaba en Madrid la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña. ​

El mismo viernes 27 de octubre a última hora de la tarde el gobierno central acordaba la destitución de Puigdemont y de todo el govern y la asunción de sus funciones, y Mariano Rajoy, asumiendo las del presidente de la Generalitat, convocaba elecciones al Parlamento de Cataluña para el 21 de diciembre. ​ Poco después la Fiscalía General del Estado presentaba una querella ante la Audiencia Nacional contra Puigdemont y todo los consellers por la declaración unilateral de independencia, y ante el Tribunal Supremo contra la presidenta del Parlament Carme Forcadell y los miembros de la mesa por haber admitido a trámite la moción en la que se declaraba aquella.

Oriol Junqueras

 

El domingo 29 de octubre Carles Puigdemont y cuatro consejeros del govern cesado se marchaban a Bruselas para evitar comparecer ante la Audiencia Nacional​ mientras que el exvicepresidente Oriol Junqueras y el resto de consejeros sí se presentaron el jueves 2 de noviembre ante la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, quien tras tomarles declaración decidió su ingreso en prisión incondicional, excepto en el caso del exconseller Santi Villa, que pudo salir de prisión al día siguiente tras el pago de una fianza. ​

Por su parte el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, que se ocupaba de la instrucción del caso contra la presidenta del Parlament y los miembros de la mesa investigados, acordó su puesta en libertad condicional, aunque Carme Forcadell estuvo unas horas en la cárcel hasta que pagó al día siguiente la fianza que le impuso el juez.​ Cuando más tarde asumió la causa de la Audiencia Nacional contra el govern puso en libertad con fianza a todos los exconsejeros menos al vicepresidente Oriol Junqueras y al exconseller de Interior Joaquim Forn.​ Asimismo suspendió la euroorden que pesaba contra el expresident Puigdemont y los otros cuatro exconsellers huidos, pero manteniendo la orden de detención española, para que pudieran ser juzgados por los mismos delitos que los encausados en España. ​

Como estaba previsto, el 21 de diciembre de 2017 se celebraron las elecciones convocadas por el presidente Mariano Rajoy en virtud de la aplicación del artículo 155, que las fuerzas políticas independentistas calificaron de «ilegales e ilegítimas», pero a las que acabaron presentándose. La participación fue la más alta de las registradas hasta entonces ―rondó el 80%― y, aunque la fuerza política más votada fue CD’s, que consiguió más de un millón de votos y 36 escaños ―era la primera vez que un partido no nacionalista catalán ganaba unas elecciones al Parlamento de Cataluña―, los partidos independentistas (Junts per Catalunya, ERC y, CUP) consiguieron la mayoría absoluta al sumar 70 diputados en total, consiguieron el 47,49% de los votos.​

El nuevo Parlament surgido de las elecciones del 21-D se constituyó el 17 de enero de 2018, resultando elegido nuevo presidente de la cámara Roger Torrent, de ERC, la mesa del Parlament que se constituyó en la misma sesión contaba con mayoría independentista.​

Tres días después Torrent propuso como candidato a la presidencia de la Generalitat al cabeza de lista de Junts per Catalunya, el expresident Carles Puigdemont, que continuaba en Bruselas y que seguía considerándose a sí mismo como el presidente «legítimo» de Cataluña. ​ Pero su investidura no fue posible porque el Tribunal Constitucional advirtió al presidente y a la mesa del Parlament que el candidato tenía que estar presente en la cámara y haber obtenido el permiso para asistir del juez Pablo Llarena que llevaba su caso en el Tribunal Supremo.​ Torrent acató la decisión del Tribunal Constitucional y aplazó el pleno de investidura el mismo día 30 de enero en que estaba prevista su celebración​ siendo criticado por Junts per Catalunya y la CUP que pretendían que se aceptara la «presencia» de Puigdemont en el debate de investidura por vía telemática o por delegación de la lectura de su discurso en algún otro diputado, y a continuación proceder a la votación. ​

Se tardó más de un mes para que Esquerra Republicana y Junts per Cataluña encontraran una salida a la situación de bloqueo de la investidura. Así el 1 de marzo de 2018, poco después de que el Parlament aprobara una moción en la que se denunciaba la «destitución ilegal e ilegítima» de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat, ​ este anunciaba desde Bruselas que renunciaba «provisionalmente» a ser el candidato a la investidura y proponía al número 2 de la lista de Junts per Catalunya, entonces en prisión, como su sustituto. ​

Sin embargo, el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena denegó el permiso para que Sánchez pudiera asistir al pleno de investidura que estaba convocado para el día 12 de marzo, que Torrent tuvo que suspender hasta que se resolviera el recurso que iban a presentar los abogados de Sánchez​, por lo que la situación de bloqueo continuó, agravada además por el rechazo de la CUP a la candidatura de Sánchez porque apoyarla supondría la «sumisión a la legalidad española» y porque no iba encaminada a la «materialización de la república».​

El tercer intento de investir un presidente de la Generalitat también resultó fallido porque el candidato Jordi Turull no consiguió el apoyo de la CUP en la primera votación celebrada el 22 de marzo​ y porque al día siguiente el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena lo envió a prisión junto con otros tres exconsellers y la expresidenta del Parlament Carmen Forcadell.​ Un cuarto intento tampoco tuvo éxito porque el 12 de abril el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, basándose en la posibilidad de reiteración delictiva y en la restricción parcial de sus derechos políticos, volvió a denegar el permiso carcelario a Jordi Sánchez, que por segunda vez había sido propuesto como candidato a la presidencia de la Generalitat, por lo que el presidente del Parlament Roger Torrent tuvo que aplazar el pleno de investidura previsto para el día siguiente. ​

En marzo de 2018, la Mesa del Parlament tramitó una proposición para modificar la ley de Presidencia y del Govern con el objetivo de permitir la investidura a distancia de Puigdemont. ​ Dicha ley fue suspendida el 9 de mayo de 2018 por el Tribunal Constitucional y declarada inconstitucional. ​ Finalmente, el Parlament invistió el 14 de mayo como nuevo presidente de la Generalitat a Quim Torra, el candidato designado por Puigdemont desde Berlín. Fue investido en segunda votación por mayoría simple gracias a los votos de Junts per Catalunya y de Esquerra Republicana y la abstención de la CUP. Las primeras palabras de Torra tras la votación fueron de agradecimiento al «president Puigdemont» del que aseguró: «Lo investiremos».

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 07-06-2019

 

 

 

 

 

 

 

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