Talibanes rojos

Acabado el espíritu de la Transición democrática pacífica durante el mandato de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, su ley de Memoria Histórica que volvía a abrir heridas cerradas muchos años atrás, y el giro político inequívocamente izquierdista dado, más propio de países bananeros que de naciones democráticas del siglo XXI, en España volvieron a aparecer términos fuera de uso hasta entonces, como facha, fascista, machista, xenófobo, tirano, dictatorial, totalitario y otros apelativos similares contra las ideas de derechas, democráticas y constitucionalistas sin lugar a dudas desde el primer momento de la citada Transición política.

Lo mismo pasaba con la izquierda, moderada en el partido socialdemócrata de Felipe González, uno de los mejores estadistas europeos del último cuarto del siglo XX, y en el Partido Comunista, integrado en su mayoría por personas que habían pasado la Guerra Civil y sabían de hambre y penalidades, obreros honrados y con un amplio sentido de la lógica y de la responsabilidad que ha de existir en el juego democrático.

Se atemperó el tema de ETA y sus execrables crímenes, a la vez que fue creciendo el secesionismo catalán, con una declaración unilateral de independencia que ahora se está juzgando en el Tribunal Supremo, y que en su momento se trató de forma poco contundente, todo lo contrario que hizo la II República en una situación similar en el tiempo.

Volvieron, decía, los apelativos con oprobio y los improperios contra la derecha, que callaba y no era consciente que, una vez más, se cumplía la “ley del péndulo” y que los hijos y nietos de conspicuos franquistas se habían unido a otros con ADN manchado de sangre, y se habían convertido en talibanes rojos, más corruptos y peores personas que sus padres y abuelos.

 

 

Y, lo que es peor, desde viviendas unifamiliares, desde fincas de caza, desde parcelas construidas a diez metros de la playa, desde Goyas y Óscares, desde televisiones públicas y privadas, desde su multinacional de discos, desde negocios millonarios, desde vestidos de seda ellas y smóking ellos, desde sus mayordomos y sirvientes, desde la abundancia en todo, mandan rodear el Parlamento Andaluz porque han perdido las elecciones democráticas, montan manifestaciones en las que hay todo tipo de vandalismo, pero insultan, menosprecian y llaman “mierdas” a los miles de españoles que se congregaron en Madrid el pasado domingo, pacíficamente, sin romper ni una sola papelera, sin banderas anticonstitucionales, reclamando a Pedro Sánchez que cesara en una de sus grandes mentiras: Que presentó la moción de censura para convocar elecciones generales. Hablan, además, de convencer a mentes pobres (textual), cuando son ellos los que están siguiendo el Decálogo de Lennin y las ideas de Joseph Goebbels para imponer sus ideas en ese porcentaje pensante por medio de terceros y que aceptan la infalibilidad de su líder, ahora que se cuestiona la del Papa.

“Malos tiempos corren ahora para la picaresca”. ¿O no?

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 13-02-2019

 

 

 

 

 

 

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