En febrero, sale el oso del osero

Casi sin darnos cuenta, pasamos la Navidad y la cuesta de enero, con bendición de animales de dos y cuatro patas en San Antón por parte del Cura Palero. Febrero, “un día malo y otro bueno”, dos problemas, dos, tenemos encima, ambos de consecuencias impredecibles.

Uno es Venezuela. Si reconoces a Maduro como Presidente, malo. Si al que reconoces es a Juan Guaidó, también malo. A Maduro, que ganó unas elecciones en las que nuestro expresidente socialista Sr. Rodríguez Zapatero fue observador internacional y no puso pega alguna, le apoyan Rusia y China, a los que les deben millones de dólares en petróleo de dinero cobrado y gastado hace años, Cuba, Turquía, entre otros. No son naciones baladís para tomar el tema con displicencia.

Además, España ha perdido el liderazgo de negociación con Latinoamérica y las empresas españolas allí establecidas quedan expuestas a una nacionalización.

Vengo escribiendo sobre Venezuela desde hace años, denunciando el abuso de poder de Maduro, la falta de alimentos y medicinas, la mala calidad de vida de sus ciudadanos, la super inflación descontrolada desde hace mucho tiempo, la corrupción existente y otra serie de penosos temas que han venido ocurriendo en aquel país desde la época de Chaves, acentuado todo bajo el mandato del analfabeto social que es Maduro. Cuidado con justificar un golpe de estado amparándose en esta situación, porque a lo peor nos vemos en un espejo si retrocedemos algo así como ochenta años.

 

 

Si se está a favor de Guaidó, también malo. Es masón, grado XIII de la misma Logia que George Soros, y los primeros en apoyarle han sido los también masones franceses Manuel Valls y Emmanuel Macron, y el pelopaja de Donald Trump, que parece ser quiere enviar tropas para “solucionar” el problema. Podría pasar lo mismo que ha venido pasando en los países musulmanes, que se han removido dictadores civiles o militares por dictadores religiosos anclados en la Edad Media. El mundo, y España en concreto, necesita estadistas y no políticos de andar por casa.

El otro tema es el juicio en el Supremo de los presuntos golpistas catalanes, en el que se juntan presiones de todo tipo, económicas, sociales, judiciales y, sobre todo, políticas, con algaradas, previsible enaltecimiento del secesionismo y guerra de guerrillas en la calle, tratado con demasiada benevolencia en Cataluña y que, esperemos, se haga en Madrid con la misma intensidad y profesionalidad policial que las leyes prevén para estas situaciones.

Si al final son absueltos, los secesionistas se irían arriba y considerarían que su objetivo está muy cerca, y podríamos tener una situación similar a Venezuela en el momento en el que algún país satélite reconociese a Cataluña como estado independiente.

Si son condenados, España en general lo aceptaría con alegría, elogiando la independencia judicial y recordando que en esta ocasión no se ha actuado políticamente con la misma contundencia que la II República reprimió una situación parecida.

Y si fuesen amnistiados posteriormente por el gobierno socialista, probablemente sería el final de dicho partido, aunque es de suponer que lo harían después de las próximas elecciones generales.

Estos son los dos principales temas que tenemos para febrero, “mes fulero”, “un día al sol y otro al brasero”, “lluvia de febrero, llena cuba, tinaja y granero”, “en febrero, sale el oso del osero”. Esperemos que el oso no atrape entre sus zarpas a ningún ciudadano de bien.

 

Publicado en el Blog de Campos el 02-02-2019

 

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