Ética y BBVA

Nací en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos, entré a trabajar, casi con pantalón corto, como Auxiliar Administrativo en el Banco de Bilbao, al que estoy profundamente agradecido por haberme dado la oportunidad de desarrollarme profesional, académica, personal y humanamente. Me prejubilé como Técnico Nivel I como Directivo de BBVA y hace poco me he incorporado a la mayor empresa de España, los mantenidos por el Estado, en su versión jubilado.

He ocupado diversos puestos, tanto en Sucursales como en los Servicios Centrales. He dado la vuelta a España varias veces visitando oficinas, en mis inicios, como “pinche” de Inspección, que por aquellos años era algo así como la “policía interna” en cumplimiento de la legalidad bancaria y personal de los empleados. He visto, y alguna vez me ha tocado, expulsar a algún empleado por cosas mal hechas, pero que si las comparo con el FGWG (Francisco González Watergate), eran minucias de pobres diablos necesitados. 

Un botones que había dejado embarazada a su novia y no “mataba” los timbres para volverlos a utilizar cobrándolos como si fueran nuevos, para poder llevar a Londres a su novia a abortar; un empleado que “redondeaba” el abono de intereses en las cuentas de los clientes, y los “decimales” los derivaba a una cuenta de su esposa; un director que hacía unas pocas pólizas de seguros para el Banco y muchas para una aseguradora que le pagaba comisiones; un cajero que, cuando se legalizó el bingo, siempre tenía diferencias faltantes en el arqueo de caja, cada vez mayores; otro director que con las aportaciones de clientes para imposiciones a plazo fijo, a un tipo superior a mercado, lo que realmente hacía era dar la cartilla a los clientes pero no contabilizarlas en el banco, sino que financiaba a otros clientes a tipos abusivos, de los que se quedaba él una parte; obras en oficina con especificaciones de determinados productos sobre plano, que a la hora de llevarse a efecto realmente eran otras con valor muy inferior al presupuestado; otro director que denegaba el cincuenta por ciento de los préstamos hipotecarios y derivaba a esos clientes a una financiera de la que recibía comisiones; etc, etc … Durante tantos años en el negocio, he podido ver de todo … y de todos, incluyendo famosos empresarios y conocidos políticos. A esos empleados, con presencia sindical, se le hacía ver los hechos y se les planteaban dos alternativas: Firmaban la renuncia voluntaria al puesto de trabajo y no se enteraba nadie de los hechos (riesgo reputacional para el banco y para él) o se presentaba denuncia policial y correspondiente paso a vía judicial, con conocimiento público y escarnio de los compañeros. También hay que decir que, en más de una ocasión, personas de las que estábamos seguros no eran trigo limpio, no se pudo demostrar nada y siguieron con “ascensos planos” dentro de la empresa.

 

 

Pero que el presidente de BBVA – no me llaméis D. Francisco, llamarme presidente – esté involucrado directamente en escuchas ilegales a empresarios, políticos, Ministro (compañero nuestro hasta poco tiempo antes) y hasta el propio Rey de España, a través del excomisario Villarejo y su jefe de Seguridad, también excomisario de policía, Julio Corrochano, hace saltar por los aires todo el esfuerzo profesional y ético que muchos miles de empleados hemos tenido como norma durante nuestra presencia en el Grupo BBVA; y todas las palabras, eslóganes y paráfrasis autárquicas con que el Sr. González ha regado la apariencia de su vida, vulnerando año tras año el Reglamento del Consejo de Administración del banco que él presidió. 

También es muy preocupante que un partido político, en el poder en ese momento, procure y apoye un intento de descabalgar al presidente de uno de los mayores bancos de Europa en aquel momento. 

Lo peor de todo es que aquí no pasa nada. Ni dimite D. Francisco de la Presidencia de Honor de BBVA, ni el banco lo cesa, ni ninguno de los espiados acude a la justicia, ni la CNMV, ni el Banco de España dice nada (los pagos deben estar contabilizados porque en caso contrario sería aún más grave, y eso debería haberlo visto esa entidad en su momento), ni la Inspección de Hacienda (perenne en un banco como BBVA), ni la fiscalía. Nuestra democracia es imperfecta, a todos los efectos. 

Yo cumplí siempre con la labor que me encomendaban en cada momento, de forma ética y responsable, al igual que todos los de mi generación; primero fue “nuestro banco”; luego fue “el banco”; más tarde, “la empresa”; y después, “la compañía”. Y lo que más me duele es que la compañía, en la persona de su presidente, no ha sido fiel a todos aquellos que hicimos del banco nuestra vida. Algunos empleados actuales nos dicen que “estamos bien jubilados, que el banco ha cambiado mucho”. Yo les contesto que sí, que llevan razón, que ahora está la acción que no llega a cinco euros y que cuando a nosotros nos prejubilaron para que ellos pudieran acceder a sillones de cuero, la acción estaba a diecisiete euros.

 17 de enero de 2019

Antonio Campos Fernández

 

Etiquetas:, , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: