El futuro de la Plaza de Toros

Ahora que estamos en invierno y hay tiempo suficiente para preparar la próxima temporada taurina, quiero recordar lo que escribía yo en el año 2012 en estas mismas páginas: Debo identificarme como aficionado a los toros desde que tenía doce años, defensor de la teoría de que el toro de lidia no existiría si no hubiera corridas de toros, antiguo socio y presidente de dos peñas taurinas de Alcalá de Henares en ya pasadas y diferentes etapas y, como la mayoría de los buenos aficionados, proclamo que no sé nada de toros como decía nuestro paisano D. Fernando Sancho, que él sí que sabía algo de esto.

Las corridas de toros, además de fiesta nacional, es un espectáculo en donde conviven, y por favor que nadie se sienta aludido, mucho dinero, blanco, gris y negro, sexo, drogas, trampas, presiones, corruptelas y un sin fin más de situaciones ajenas a las únicas personas que verdaderamente se juegan la vida, los toreros, de oro y plata.

Y la organización de los festejos taurinos, en general y salvo excepciones de todos conocidas en las que se llenan algunas plazas en días de exhibición personal de políticos, cantantes, actores y actrices, tenistas, periodistas, fiscales, notarios, pintores, empresarios, hoteleros, toreros, ganaderos… Y maduros trajeados con explosivas segundas y terceras oportunidades con la mitad de años que ellos, total, lo habitual en las corridas de tronío de las plazas de categoría primera y especial de España, es deficitaria para el empresario.

 

 

¿Cómo se solventa económicamente esta situación? Pues con uno de los males incardinados hasta el fondo en la idiosincrasia española, las subvenciones. En España, todo el mundo quiere, y muchos viven, de las subvenciones. Desde películas bodrio que solo son vistas por la familia y unos cuantos amigos ¿por qué la subvención no es un porcentaje sobre lo declarado (y por tanto pagado a Hacienda) en taquilla de cada una de las películas?, hasta los toros, «panem et circenses» romanos. No es de recibo que un torero gane cincuenta mil euros, y hasta cuatrocientos cincuenta mil euros, torero digo no promesas ni eternas promesas, contando con que parte de sus emolumentos se paguen con subvenciones de todos los ciudadanos españoles.

¿Cuántos aficionados, verdaderos aficionados, que pagan su entrada a la plaza y que además ven algún otro festejo en otras ciudades, hay en Alcalá de Henares? Yo calculo que unos doscientos cincuenta; tengo amigos, también aficionados, que dicen que alguno más; y otros, que menos. En cualquier caso, el uno o el uno y medio por mil de los alcalaínos.

Volviendo a proclamar mi afición taurina, ¿es justo que se subvencione un acto lúdico por mucho que de arte esté catalogado, para satisfacción de unas cuantas personas, entre las que me encuentro? Creo, sinceramente, que no. Que los toros y los toreros, y el beneficio industrial de los empresarios, deben ajustarse a los ingresos que proporcione el libre mercado, para lo que el precio de las entradas tienen que bajar de una forma importante y los toreros someterse a una deflación de sus salarios.

Ya en diciembre de 2004 deje escrito en este mismo medio Puerta de Madrid que el mundo del toro tiene que cambiar su concepción. Y me afirmo ahora que, entre los precios de las entradas y las trampas no visibles a simple vista para el profano, o se reconvierte la fiesta o irá consumiéndose por inanición a medio plazo.

Volvía sobre el tema en 2015: Los toros ya no cuentan con las subvenciones municipales que los han mantenido en los últimos años, y que permiten a las primeras figuras tener unos emolumentos exagerados, fuera de cualquier comparación en los momentos actuales. Se acabaron las subvenciones, y ninguno de los ricos que pululan por este mundillo acepta una deflación de sus salarios. Los aficionados solo quieren ver a esas figuras. Los empresarios, ganar dinero. Además de jugarse la vida cada día, alrededor de los toros siempre ha habido muchos cuernos, sexo, hetereo y homosexual, fiestas, alcohol, drogas, dinero negro.

Y añado ahora: Mafia taurina que mueve a su antojo e intereses crematísticos el engranaje de los festejos, último ejemplo la precipitada retirada de un torero de relumbrón como Talavante.

Desgraciadamente, en Alcalá no hemos contado nunca con un torero que hiciera las cosas de una forma sencilla: que se estuviera quieto, que no usara el pico de la muleta y que el brazo que sostiene la franela se moviera de fuera a dentro. Eso, las circunstancias que concurrieron en la construcción de la actual Plaza de Toros y el aumento de los antitaurinos de bocadillo, pancarta y foto gratis, ha desembocado en la situación actual, que el gobierno municipal está llevando bien, con prudencia y paciencia, cuya solución, en mi opinión, pasa por dotarse de un buen equipo jurídico especializado en Derecho Mercantil y Concursal, que gestione el asunto de la forma que sea precisa, siendo conscientes que cuando una empresa se encuentra en Concurso de Acreedores los únicos que realmente tienen asegurado su cobro son los Administradores Concursales; una predisposición política seria, decidida y unida en el Consistorio, sin ambages de ningún tipo pensando en el voto futuro; y una reconversión del edificio que haga rentable su explotación, cosa imposible solo con la celebración de media docena de festejos taurinos al año.

La explotación de una plaza de toros en una ciudad como Alcalá de Henares, doscientos mil habitantes, sin prestigio taurino de ningún tipo y con una afición local más bien escasa, pasa por reconvertirla en locales multifuncionales, para invierno y para verano, en donde se puedan llevar a cabo diferentes actividades todos los fines de semana, como lugar de ocio y diversión, locales y establecimientos que completen la oferta del centro comercial que hay casi anexo; e interior para conciertos, teatro (profesional y aficionado), cine, la fiesta del Oktoberfest, la de la sidra y lugar de esparcimiento como restaurante, club de jazz o discoteca, para lo que habría que dotarla de techo y aire acondicionado.

Cuando uno se equivoca en una inversión, lo primero que hay que hacer es no echar la vista atrás, quedándose anclado en el pasado, sino buscar soluciones, que para eso se les paga a todos los que mandan, en la empresa privada y en la pública. Y aquí hay que tomar la decisión de si dar por perdido el dinero invertido, y el que habrá que pagar para que no se caiga el inmueble ni sea okupado por esos que se creen que tienen derecho gratis a todo, y los problemas que podría acarrear un macro asentamiento ilegal en aquellos lares; o invertir, o buscar un inversor, que de vida taurina, comercial y de ocio a aquellas instalaciones.

 

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

 

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Hemnares el 14-12-2018

Publicado en el Blog de Campos el 14-12-2018

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