España – Guerra Civil – 1ª parte

Nota del editor del Blog: Hemos dedicado varios Capítulos a la II República Española, al tema del Oro de Moscú y a saber quién era Franco. Habrán visto que “cada uno cuenta la Historia según sus ideas”. Lo que sí es verdad que, en ese ambiente de odio entre hermanos, la República ostentaba el poder y el Gobierno establecido, y Franco se alzó militarmente contra ella. Estos son los hechos.

 

De: La Guerra Civil Española – Tomo III – Hugh Thomas – Ediciones Urbión – 1983

El 23 de junio de 1936 el general Francisco Franco escribió al jefe del Gobierno, Casares Quiroga. La carta mostraba su preocupación por las divisiones existentes dentro del cuerpo de oficiales, reflejo de la nación dividida. Franco protestaba contra las privaciones de mando a militares de derechas … El jefe del Gobierno no contestó a su carta … Parece ser que el alzamiento militar estaba decidido, pero Franco vacilaba … A finales de junio llegó la fusión entre los movimientos juveniles socialista y comunista, que dio lugar a la JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) … El 8 de julio fueron detenidos en Madrid setenta falangistas, y varios centenares en provincias, acusados de sedición

En Londres, Luis Bolín, corresponsal en aquella ciudad del diario monárquico ABC, había Alquilado un Dragón Rapide al Olley Air Service para trasladar a Franco desde Canarias hasta Marruecos, con parada previa en Lisboa, Casablanca, Cabo Yuby y Las Palmas, donde se estaban realizando maniobras de La Legión y Los Regulares, y donde el plan preveía que asumiría el mando del ejército de África desde Tenerife… El 11 de julio, el jefe del Gobierno fue advertido de lo que iba a ocurrir: “¿Con que aseguran ustedes que van a levantar a los militares? Muy bien, yo, en cambio, me voy a acostar” …

El 12 de julio fue asesinado el socialista Teniente Castillo, de la Guardia de Asalto, por cuatro hombres armados con revólveres, en plena calle … El 13 de julio fue asesinado el líder de la oposición parlamentaria José Calvo Sotelo a quien dos días antes La Pasionaria le había gritado en Las Cortes: “Este es su último discurso”, aunque esta expresión no consta en el Diario de Sesiones. El asesino fue el joven socialista Luis Cuenca, miembro de la policía regular … El gobierno suspendió los periódicos derechistas YA y Época del 14 de julio por publicar relatos sensacionalistas del asesinato de Calvo Sotelo, sin haber sometido previamente los originales a la censura

El general Amadeo Balmes, gobernador militar de Las Palmas, se mató accidentalmente en unas prácticas de tiro, lo que dio una excusa a Franco para acudir desde Tenerife a Las Palmas al entierro. A las 12:30 de la madrugada, en la noche del 16 al 17 de julio, el general Franco subía a bordo del pequeño barco que hacía el servicio entre las islas, acompañado de su esposa y su hija, en la primera etapa de un viaje que le llevaría al supremo poder en España.

De: Guerra Civil Española | Historia de España – https://historiaespana.es › Edad Contemporánea

 

En respuesta a la muerte del teniente José Castillo, los izquierdistas asesinaron a José Calvo Sotelo, líder de la oposición derechista. Esta fue la chispa que incendió la guerra civil española.

 

El 17 de julio de 1936, cuatro días después del asesinato de Calvo Sotelo, el General Francisco Franco, encabezo un levantamiento general en las Islas Canarias, para luego pasar a Marruecos español, siendo secundado por otras guarniciones en la península.

El alzamiento militar fue considerado por sus protagonistas como un pronunciamiento del ejército, “unido a las demás fuerzas de la nación”, para restablecer el orden público, el principio de autoridad y para defender la unidad de España.

Así se inició una sangrienta guerra civil entre dos frentes. Por un lado, los izquierdistas, apoyado por Rusia, Francia e Inglaterra y, por otro lado, los derechistas, con el respaldo de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler.

Los militares golpistas de África atravesaron el Estrecho de Gibraltar, en agosto de 1936. En setiembre conquistaban Toledo, liberando a los soldados franquistas, que se encontraban sitiados en el Alcázar de Toledo. Poco después, el 1º de octubre del mismo año, Franco fue designado Jefe de Estado.

Desde los momentos iniciales, los insurrectos encontraron dura resistencia en los izquierdistas, pero el auxilio de Alemania e Italia, que acudieron con cerca de 100,000 soldados en favor de Franco, inclinaron la balanza en beneficio de los derechistas. En esa oportunidad la aviación nazi bombardeó pueblos indefensos, como Guernica, inmortalizado más tarde en el famoso óleo pintado por el genio de Pablo Picasso (*).

Contra la intervención de los gobiernos fascistas lucharon voluntarios de todo el Mundo, agrupados en las “Brigadas Internacionales”. Sin embargo, fueron doblegados después de acciones heroicas en Brúnete, donde sucumbieron 40 mil soldados de los ejércitos contendientes, Teruel, Río Ebro, Santuario de Santa María de la Cabeza y Barcelona.

Las sucesivas derrotas republicanas obligaron a dimitir al presidente Azaña. Seguidamente cayó Madrid y sus bravos defensores. El 1º de abril de 1939, el General Francisco Franco anunció oficialmente el fin de la guerra, tras haber sido nombrado Jefe del Estado español y Generalísimo de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire. Se inicia así la dictadura franquista en España, que había de durar hasta 1975, en que le sucedió el príncipe Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII.

 

 

(*) En la actualidad hay autores que mantienen que este cuadro fue un homenaje al torero Sánchez Mejías, muerto antes del inicio de la Guerra Civil, en la plaza de toros de Manzanares (Ciudad Real).

 

De: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_civil_española

A las partes del conflicto se las suele denominar bando republicado y bando sublevado:

  • El “bando republicano” estuvo constituido en torno al Gobierno, formado por el Frente Popular, que a su vez se componía de una coalición de partidos republicanos – Izquierda Republicana y Unión Republicana- con el Partido Socialista Obrero Español, a la que se habían sumado los marxistas-leninistas del Partido Comunista de España y el POUM, el Partido Sindicalista de origen anarquista y en Cataluña los nacionalistas de izquierda encabezados por Esquerra Republicana de Cataluña. Era apoyado por el movimiento obrero y los sindicatos UGT y CNT, los cuales también perseguían realizar la revolución social. También se había decantado por el bando republicano el Partido Nacionalista Vasco, cuando las Cortes republicanas estaban a punto de aprobar e Estatuto de Autonomía para el País Vasco.

 

  • El bando sublevado, que se llamó a sí mismo “bando nacional”, estuvo organizado en torno aparte del alto mando militar, institucionalizado inicialmente en la Junta de Defensa Nacional sustituida tras el nombramiento de Francisco Franco como Generalísimo y Jefe del Gobierno del Estado. Políticamente, estuvo integrado por la Falange Española, los carlistas, los monárquicos alfonsinos de Renovación Española y gran parte de los votantes de la CEDA, la Liga Regionalista, y otros grupos conservadores. Socialmente fue apoyado por aquellas clases a las que la victoria en las urnas del Frente Popular les hizo sentir que peligraba su posición; por la Iglesia Católica, acosada por la persecución religiosa desatada por parte de la izquierda nada más estallar el conflicto y por pequeños propietarios temerosos de una “revolución del proletariado”. En las regiones menos industrializadas o primordialmente agrícolas, los sublevados también fueron apoyados por numerosos campesinos y obreros de firmes convicciones religiosas.11

 

Víctimas de la Guerra Civil

El número de víctimas civiles aún se discute. Algunos afirman exageradamente que la cifra se situaría entre 500 000 y 1 000 000 de personas.2​ Muchas de estas muertes no fueron debidas a los combates, sino a la represión en forma de ejecuciones sumarias y paseos. Esta se llevó a cabo en el bando sublevado de manera sistemática y por orden de sus superiores, mientras en el bando republicano se produjo de manera descontrolada en momentos en que el gobierno perdió el control de las masas armadas.319​ Los abusos se centraron en todos aquellos sospechosos de simpatizar con el bando contrario. En el bando sublevado se persiguió principalmente a sindicalistas y políticos republicanos (tanto de izquierdas como de derechas), mientras en el bando republicano esta represión se dirigió hacia simpatizantes de la reacción o sospechosos de serlo y sacerdotes de la Iglesia Católica, llegando a quemar conventos e iglesias y asesinando a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. Es incalculable la pérdida en el patrimonio histórico y artístico de la Iglesia católica, pues se destruyeron unos 20 000 edificios —entre ellos varias catedrales— incluyendo su ornamentación (retablos e imágenes) y archivos. ​

El número de muertos en la guerra civil española solo puede ser estimado de manera aproximada. El bando sublevado estableció una cifra de 500 000, incluyendo además de los muertos en combate, a las víctimas de bombardeos, ejecuciones y asesinatos. Estimaciones recientes arrojan esa misma cifra de 500 000 muertos o algo menos, sin incluir a quienes murieron de malnutrición, hambre y enfermedades engendradas por la guerra. La cifra de un millón de muertos, a veces citada, procede de una novela de Gironella, que la justifica entre los 500 000 reconocidos y otros tantos cuya vida resultó irremediablemente destrozada.

 

De: Javier Paredes – Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá de Henares

Franco fusiló a 22.642 personas, el Frente Popular a 70.000

Y ojo: los condenados a muerte por el franquismo lo fueron por sentencia de un tribunal y por delitos de sangre, nunca por disidencia política. En ese caso, les caían penas de prisión. Javier Paredes 02/09/18 09:00 en hispanidad.com

 

 

Franco fusiló a 22.642 personas, el Frente Popular a 70.000

“En ocasiones veo muertos…”. Yo, no. Yo, todavía, no. El que los ve es Haley Joel Osment, el niño de la película titulada El sexto sentido, que hasta llegó a estar nominado para un Óscar por su actuación. Pero tan cierto como que yo no los he visto, es que hace años sí que tuve una cierta relación con los difuntos y, por lo tanto, parafraseando al niño actor puedo afirmar con toda propiedad:

“¡En ocasiones he contado muertos!”.

Fuera miedos, que lo mío no es de suspense. Se lo cuento. Hace ya muchos años, muchos más de los que a mí me gustaría, andaba yo por tierras del norte ocupándome en escribir mi tesis doctoral, a la vez que me ganaba la vida dando clases de Historia Contemporánea en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Navarra.

Y resultó que uno de los días nublados de Pamplona, que son unos cuantos al año, apareció por aquella ciudad Ramón Salas Larrazábal. A Don Ramón —como naturalmente yo le llamaba— le sorprendió la Guerra Civil siendo estudiante de Ciencias y se alistó en El Requeté. Terminada la contienda ingresó en el Ejército del Aire, formó parte de la Escuadrilla Azul en la guerra contra Rusia y como militar hizo una brillantísima carrera.

Pero Ramón Salas Larrazábal, además de militar, buena persona y gran conversador, era un historiador como la Plaza del Castillo que, si no es la más grande, desde luego es la más famosa de las plazas de Pamplona. Por entonces, preparaba su libro sobre las cifras de la Guerra Civil. Así es que a mí, que era un niñato que estaba empezando, todo esto me animaba a saludar a un historiador consagrado.

Nunca había coincidido personalmente con Salas Larrazábal, pero me di maña para llegar hasta él y presentarme. Y nos caímos tan bien desde el primer momento que los dos días que Don Ramón permaneció en Pamplona, le acompañé a todos los lados. Bueno, a decir verdad, realmente todos los sitios por los que anduvimos se redujeron a dos, porque no fuimos a ningún otro. Solo estuve con él en el hotel donde se alojaba y en el Registro Civil.

Don Ramón, por aquellas fechas, había visitado ya la casi totalidad de los Registros Civiles de España, contando, uno a uno, los muertos de la Guerra Civil de los dos bandos y los fusilados de la postguerra. Me pidió que le ayudará, lo que fue todo un honor para mí durante los dos días que estuvimos trabajando juntos.

Él me explicó que en el Registro Civil no se puede hacer constar los motivos infamantes de la muerte de los reos, de manera que Don Ramón ya me advirtió que nunca me encontraría un registro que dijera que una determinada persona había sido fusilada. Pero tampoco era difícil descubrirlo, porque los que nosotros teníamos que contar no se morían ni de cáncer, ni de pulmonía con los fríos de Pamplona, sino que fallecían de hemorragia en las tapias de la Vuelta del Castillo (no es coña). Y no hace falta haber vivido en la capital de Navarra para saber que ese no es el nombre de ningún hospital.

Don Ramón me contagió su paciencia benedictina, lo que me permitió aguantar sin desfallecer y llevar a cabo aquella tarea tan rutinaria y tan pesada. Y nos dimos una soberana paliza a trabajar, hasta que revisamos todos los tomos de defunciones del Registro Civil. Por lo tanto, no miento: “Yo, en ocasiones, he contado muertos”.

Así es el trabajo del historiador: silencioso, humilde, minucioso y muy largo, y todo para, al final, obtener un dato o una cifra exacta. Todo lo contrario del método del toca-memorias Pedro Sánchez, al que después de pasarme más de cuarenta años desatando el balduque de los legajos en archivos no puedo menos que decirle, para mi desahogo, lo mismo que le soltó el labriego al vecino inoportuno: “no me toques las memorias…, que vengo de vendimiar”. Aunque ahora que lo pienso, ya no recuerdo si el aldeano dijo exactamente eso, o dijo otra cosa.

Me llevan los señoritos cuando oigo las cifras que se están dando sobre los represaliados por Franco, las llamadas por el toca-memorias “víctimas del franquismo”. No pocos políticos, periodistas y contertulios repiten los tópicos y las mentiras de siempre, sin documentarse, sin haber leído nada, despreciando a Ramón Salas Larrazábal y a otros tantos que, como él, se dejaron la vida en la recolección de la uva histórica.

Pues bien, veamos, en esta ocasión, la mentira y la verdad sobre el número de los fusilados después de la Guerra Civil, que de los penados con cárcel me ocuparé en otra ocasión, en algún próximo domingo.

Conviene aclarar que todo lo de la Guerra Civil y sus secuelas es deseable que no hubiera pasado pero, puesto que pasó, contémoslo como fue. Los condenados a muerte después de la guerra lo fueron por sentencia de un tribunal y en todos los casos fueron condenados a la pena capital por haber cometido delitos de sangre, nunca por disidencia política, porque en ese caso, les caían penas de prisión.

 

Javier Paredes Alonso

 

Es decir que, en principio, estos condenados tuvieron más garantías que las dispensadas por los socialistas que asesinaron a Calvo Sotelo, y, desde luego, mayor culpa que la del jefe de la oposición de la derecha durante la Segunda República.

Además, es de justicia reconocer que no es lo mismo juzgar y fusilar a un asesino, que matar y violar a monjas y laicas católicas como hicieron los socialistas y sus aliados del Frente Popular. Sin duda, y a pesar de todos los defectos que se quiera, tuvieron muchas más garantías los tribunales militares de la postguerra, que las actuaciones de los matones de las checas, regentadas por socialistas, comunistas y anarquistas.

Además, cuando se habla de los fusilados de la postguerra por cometer delitos de sangre, conviene recordar que, por entonces, la pena de muerte estaba vigente en muchos países con regímenes democráticos. Sin ir más lejos, nuestros vecinos, los franceses, abolieron la pena de muerte en 1975.

 

 

La primera cifra de los fusilados la proporcionó Heriberto Quiñones, un comunista que fue detenido en 1941, cuando intentaba reorganizar el partido, al que se le incautó un informe en el que afirmaba que, desde abril de 1939 hasta 1941, se había asesinado a medio millón de personas en paseos y ejecuciones.

Y esa fue la cifra oficial para la izquierda durante un tiempo, hasta que Gabriel Jackson, en 1967, la rebajó a 200.000. Ocurrió que Jackson había visto una estadística que hablaba de 213.843 muertes violentas. Él redondeo hasta los doscientos mil, pero su sectarismo le impidió ver que esa violencia de la estadística se refería a muertes que incluían homicidios, envenenamientos, incendios, epidemias, hambre, frío, etc… Y lo increíble es que todavía algunos siguen a cuestas con la cifra de los 200.000 fusilados.

En mis años de estudiante, Ramón Tamames nos comía el coco a los que cursábamos la carrera de Historia en la Universidad Autónoma de Madrid y nos daba la cifra de 105.000 fusilados. Eran otros tiempos para el comunista Tamames de entonces, aunque las malas lenguas ya decían que le seducía el capitalismo, porque le gustaba el dinero más que comer con los dedos y que cobraba hasta por dar los buenos días.

A día de hoy, la cifra más creíble es la que proporciona Carlos Fernández Santander, que da un total de 22.642 fusilados en doce años, de 1939 a 1950. Cifra a la que si se quiere se puede añadir las 1.362 muertes violentas por causas desconocidas del año 1939 y las 1.474 muertes del año siguiente, lo que sumaría un total 25.477, un total bien alejado de los que han dado los autores citados anteriormente.

Y sin el propósito ni de entrar en una guerra de cifras ni de justificar lo injustificable, pero por situarnos en las coordenadas de aquel tiempo, debo decir, que los ejecutados por el Frente Popular en los tres años de Guerra fueron 70.000, y que después de la Segunda Guerra Mundial las represalias en Italia provocaron 67.000 ejecutados. En Francia todavía fueron muchos más, casi el cuádruple que en España: nuestros vecinos fusilaron a 85.000 franceses.

 

De: la batalla final de la guerra civil española – www.grandesbatallas.es/batallafinalguerracivil.html

  • Resumen de la batalla final de la Guerra Civil Española

En la noche del 5 al 6 de marzo de 1939, el coronel Segismundo Casado jefe del Ejército del Centro que defiende Madrid, habló por teléfono con Negrín, presidente del gobierno de la Zona Republicana y le comunicó que se ha sublevado contra él; Negrín, se lo piensa y decide no resistir, sino huir de España. Cuando recibió esta llamada, Negrín se encontraba en Elda (Alicante), decide informar al ministro comunista Álvarez del Vayo, en el cuartel general del Partido Comunista en Elda, cuyo presidente era el ministro de Agricultura Vicente Uribe. El Dr. Negrín, presidente del gobierno de la República, tiene que ir en persona a dar cuenta de lo que pasa al Partido Comunista y recomendarles que se protejan, ya que el final de la Guerra Civil está cerca.

Madrid se convirtió entre el 5 y el 13 de marzo, en el centro de una pequeña guerra civil, dentro de la Guerra Civil. Casado se había negado a ir a Elda, cuando Negrín le convocó a una reunión en el Cuartel General Comunista. Durante estos días, la obstinación de Negrín por continuar con la sangrienta e inútil Guerra Civil y la firme decisión de Casado y Besteiro, para pararla, convirtió el centro de Madrid en la primera línea de fuego del frente de guerra. Casado quería iniciar negociaciones de capitulación con el Cuartel General de Franco y los comunistas se oponían.

Por las calles del centro de Madrid, se disparaba unos a otros, todos eran soldados del Frente Popular. Tanques y piezas de artillería disparando por la Castellana, Recoletos, José Abascal, eran ejércitos el mismo bando: los comunistas de Negrín contra los socialistas y anarquistas de Casado, Besteiro y Cipriano Mera.

Durante las negociaciones de la Junta del coronel Casado con el Cuartel general de Franco se habló de la evacuación al extranjero de cuantos quisieran marcharse, especialmente los que más tuvieran temor de ser castigados por sus actividades durante la guerra. El plan disponía que los fugitivos se reunieran en los puertos del Mediterráneo para ser posteriormente evacuados en barcos franceses e ingleses. Desgraciadamente, aquel sueño no se realizó, ni los que quería pudieron llegar a los puertos de Alicante y Cartagena, ni los esperados barcos llegaron a nuestros puertos. Sólo algunos elegidos pudieron salvarse de los campos de concentración o del pelotón de fusilamiento

Lo derrotados por lo nacionales, dispusieron de 20 días para huir, pero lo hicieron muy pocos por falta de medios. En los aviones se fueron los altos cargos comunistas, algunos lo hicieron por mar y la gran mayoría de los soldados y mandos intermedios, se quedaron esperando en los puertos los barcos que nunca llegaron.

Habla Julián Besteiro por la radio:

«¡Ciudadanos españoles! Después de un largo y penoso silencio, hoy me veo obligado a dirigiros la palabra, por un imperativo de la conciencia, desde un micrófono de Madrid».

«Ha llegado el momento en que irrumpir con la verdad y rasgar la red de falsedades en que estamos envueltos, es una necesidad ineludible, con deber de humanidad y una exigencia de la suprema ley de la salvación de la masa inocente e irresponsable».

«Tras la Batalla del Ebro, los ejércitos nacionales han ocupado Cataluña y el Gobierno republicano ha andado errante durante largo tiempo en territorios franceses . Por tanto, el Consejo Nacional de Defensa viene a llenar un vacío de poder ante el panorama de ministros ausentes y, peor aun, ante una cabeza decapitada, pues el presidente de la República también ha dejado su cargo».

«El Gobierno del señor Negrín no puede aspirar a otra cosa que a ganar tiempo.».«Y esa política de aplazamiento no puede tener otra finalidad que alimentar la morbosa creencia de que la complicación de la vida internacional desencadene una catástrofe de proporciones universales, en la cual, juntamente con nosotros, perecerían las masas proletarias de muchas naciones del mundo ».El socialista, 7 de marzo de 1939.

De: ABC 02-04-2014

La voz de Fernando Fernández de Córdoba, actor de profesión, sonó a través de las ondas poco después de las 10.30 con el habitual énfasis y engolamiento, pero también especialmente emocionada. Era un momento muy especial y eso pesaba en el ambiente. Fue entonces cuando se escucharon en todo el país las famosas palabras: «Parte oficial de guerra, del cuartel general del generalísimo, correspondiente al día de hoy, primero de abril de 1939, tercer año triunfal. En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, primero de abril de 1939, año de la victoria. El generalísimo Franco».

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 29-11-2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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