Tic dictatoriales

Desde hace unos meses, se hacen más evidentes ideas dictatoriales en España, pequeñas cosas a las que la mayoría de las personas no dan importancia pero que, en su conjunto, son indicativos de un verdadero peligro para la convivencia entre españoles.

La Ministra de Justicia cesa al jefe del departamento Penal de la Abogacía del Estado, Edmundo Bal, por negarse a cambiar su calificación de los hechos del proceso separatista catalán a los procesados de sedición y de malversación, y no de rebelión. Para ello, han desaparecido párrafos enteros del documento original de acusación que, en teoría, modifica el alcance penal de la misma. Una intrusión inadmisible del poder político en el poder judicial, de un hombre honesto e íntegro que ya trajo de cabeza al Partido Popular en su día. Menos mal que quedan Llarenas, Bel y Marchenas en las puñetas de la judicatura nacional.

El presidente del Comité de Ética del PSOE es procesado por un presunto delito de prevaricación administrativa. Solicita a la juez que instruye su caso un trato especial para evitar el juicio y no dimitir, “ya que el daño que se le pueda ocasionar es previo al proceso”, solicitando el sobreseimiento y archivo de la causa. Denegada la solicitud, el PSOE argumenta que no es uno de los supuestos que recoge su código ético para que dimita. Una vez más, no es lo mismo predicar que dar trigo.

La Ministra Isabel Celaá del PSOE y Luis Alegre de Podemos: “El derecho a la educación no recae en las familias”. Lo que es lo mismo, el Estado es quien tiene el derecho a educar a los niños, con las ideas del gobierno de turno, exactamente igual que la educación comunista y el Cara al Sol diario de mi infancia en la España franquista. Retrocedemos de golpe sesenta años para que se perpetúe en el poder el marxismo y el comunismo.

 

 

Frases y eslóganes de contramanifestación a otra de la derecha recientemente en Murcia: “Sin piernas, sin brazos, fascistas a pedazos. Hetero muerto, abono “pa” mi huerto. Ortega Lara, de vuelta al zulo. Os mataremos como en Paracuellos”. Todo muy democrático, ejemplo de paz y concordia entre españoles.

Pablo Iglesias: “La monarquía no debe formar parte del futuro de España”. Más claro no se puede decir. España, dos Repúblicas, dos guerras civiles. ¿Vamos a por la tercera?

El Centro Cultural del Ejército, como transmisor del Ministerio de Defensa en Madrid, deniega la autorización para la presentación en Valencia del libro “Las redes del terror – Las policías secretas comunistas y su legado”, de Carlos Flores Juberías, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia. ¿Alguien se Acuerda de los libros con el nihil obstat?

Fernando Alonso pasea la bandera de España en los entrenos del Gran Premio de Abu Dhabi de Fórmula 1, orgulloso de ser español, y los independentistas le insultan y vilipendian. Luego, piden respeto para ellos.

Joan Tardá se confunde y cree que llama fascista a Albert Rivera mientras tenía un espejo delante de sus ojos, pensando en la repetición que están haciendo en Cataluña de las marchas con antorchas, del adoctrinamiento en las escuelas, de poner en primera fila de las manifestaciones a niños y viejos, de señalar a los españolistas, de no pagar la sanidad pública y gastarse el dinero en embajadetas y TV3 de pensamiento único separatista. Golpista.

 

 

El Senado ha aprobado la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales -ya ratificada por unanimidad en el Congreso- que modifica la Ley electoral para permitir a los partidos la recopilación y usos de datos personales “para la realización de actividades políticas durante el periodo electoral”, para “elaborar perfiles ideológicos”. Nos estamos volviendo locos. Los ciudadanos espiados, segmentados por ideas políticas, edades, aficiones y todo tipo de información en manos de cualquier formación política, que puede utilizarlo en sepa Dios qué, como los ahora perseguidos, insultados y amenazados por sentirse españoles en Cataluña o en Euskadi; solo les faltaría ponernos un distintivo en la espalda, o en la frente, tipo Hitler con los judíos o en el gulash soviético.

El Senado, con mayoría del Partido Popular, aprueba condenar el franquismo. Pero no se atreve a abrir la boca acerca del comunismo, que mató más de cien millones de personas durante el siglo XX. Es buen momento para recordar lo escrito por Javier Paredes – Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá de Henares:

Franco fusiló a 22.642 personas, el Frente Popular a 70.000.- Conviene aclarar que todo lo de la Guerra Civil y sus secuelas es deseable que no hubiera pasado pero, puesto que pasó, contémoslo como fue. Los condenados a muerte después de la guerra lo fueron por sentencia de un tribunal y en todos los casos fueron condenados a la pena capital por haber cometido delitos de sangre, nunca por disidencia política, porque en ese caso, les caían penas de prisión.

Es decir que, en principio, estos condenados tuvieron más garantías que las dispensadas por los socialistas que asesinaron a Calvo Sotelo, y, desde luego, mayor culpa que la del jefe de la oposición de la derecha durante la Segunda República.

Además, es de justicia reconocer que no es lo mismo juzgar y fusilar a un asesino, que matar y violar a monjas y laicas católicas como hicieron los socialistas y sus aliados del Frente Popular. Sin duda, y a pesar de todos los defectos que se quiera, tuvieron muchas más garantías los tribunales militares de la postguerra, que las actuaciones de los matones de las checas, regentadas por socialistas, comunistas y anarquistas.

Además, cuando se habla de los fusilados de la postguerra por cometer delitos de sangre, conviene recordar que, por entonces, la pena de muerte estaba vigente en muchos países con regímenes democráticos. Sin ir más lejos, nuestros vecinos, los franceses, abolieron la pena de muerte en 1975.

La primera cifra de los fusilados la proporcionó Heriberto Quiñones, un comunista que fue detenido en 1941, cuando intentaba reorganizar el partido, al que se le incautó un informe en el que afirmaba que, desde abril de 1939 hasta 1941, se había asesinado a medio millón de personas en paseos y ejecuciones.

Y esa fue la cifra oficial para la izquierda durante un tiempo, hasta que Gabriel Jackson, en 1967, la rebajó a 200.000. Ocurrió que Jackson había visto una estadística que hablaba de 213.843 muertes violentas. Él redondeo hasta los doscientos mil, pero su sectarismo le impidió ver que esa violencia de la estadística se refería a muertes que incluían homicidios, envenenamientos, incendios, epidemias, hambre, frío, etc… Y lo increíble es que todavía algunos siguen a cuestas con la cifra de los 200.000 fusilados.

A día de hoy, la cifra más creíble es la que proporciona Carlos Fernández Santander, que da un total de 22.642 fusilados en doce años, de 1939 a 1950. Cifra a la que si se quiere se puede añadir las 1.362 muertes violentas por causas desconocidas del año 1939 y las 1.474 muertes del año siguiente, lo que sumaría un total 25.477, un total bien alejado de los que han dado los autores citados anteriormente.

 

 

Y sin el propósito ni de entrar en una guerra de cifras ni de justificar lo injustificable, pero por situarnos en las coordenadas de aquel tiempo, debo decir, que los ejecutados por el Frente Popular en los tres años de Guerra fueron 70.000

Por mi parte, sin acritud, pero alzando siempre la voz en defensa de la libertad y la democracia.

 

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

 

Publicado en el Blog de Campos el 23-11-2018

 

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