España – II República – 1ª parte

Nota del editor del Blog: Sobre el tema de la II República Española y de la Guerra Civil, se han escrito millones de libros y artículos en todos los idiomas del mundo. Según las ideas de cada autor, a favor de uno u otro bando. Y cada día aparecen nuevos datos que cambian parte de lo ocurrido. Con la llamada TRANSICIÓN se había cerrado este triste capítulo de la historia de España, pero llevamos unos años que se han vuelto a abrir peligrosamente las heridas. No se crean nada de lo publicado, incluso lo que sigue a continuación. Si quieren tener una idea aproximada de lo que en su día supuso, lean mucho, preferentemente a historiadores/autores que no sean españoles.

 

 

De: https://www.hiru.eus/es/historia/la-ii-republica-espanola

La proclamación de la II República en abril de 1931, como resultado de unas controvertidas elecciones municipales, vino acompañada de numerosos problemas, entre los que destacan:

  • Pervivencia de elementos favorables a la monarquía, incluidos los últimos residuos del carlismo (requetés).
  • Extremismo políticode izquierda y derecha. Aparición de Falange Española, partido violento de orientación fascista.
  • Pobreza y conflictossociales y laborales.
  • Conservadurismomilitar y religioso opuesto a la política progresista de los partidos republicanos de izquierdas y la nueva Constitución de 1931.

 

 

La Constitución de 1931

En junio de 1931 se celebraron elecciones a las Cortes Constituyentes de la República. El resultado fue de abrumadora mayoría para la coalición de partidos socialistas y republicanos, los cuales elaboraron una nueva Constitución que fue aprobada en el mes de diciembre.

El nuevo texto constitucional incluía los siguientes puntos:

  • Reconocimiento de las libertadesy derechos
  • Sistema unicameral(Congreso de los Diputados).
  • Sufragio universaligualitario, con derecho de voto para las mujeres.
  • Reconocimiento del derecho a la autonomíade las regiones y carácter cooficial de las lenguas catalana, vascuence y gallega.
  • Libertad de cultosy separación entre el Estado y la Iglesia. España se convertía en un país laico.
  • Creación del concepto de «utilidad social», como base para la expropiación de los grandes latifundios.

 

 

De: https://www.unprofesor.com/ciencias-sociales/la-segunda-republica-espanola-resumen-1833.html

 

El periodo de la Segunda República Española suele dividirse en tres etapas:

  • El Bienio Reformista (1931–1933)
  • El bienio conservador (1933 -1935)
  • La etapa del Frente Popular (1936)

 

Las reformas del Bienio Reformistas (1931 – 1933)

El gobierno liderado por Manuel Azaña estaba integrado en su mayoría por republicanos de izquierdas y socialistas, cuyo objetivo era llevar a cabo una serie de reformas con las que modernizar la sociedad española. Entre estas destaca:

  • La reforma religiosa:que consistía en limitar el dominio de la Iglesia y secularizar a la sociedad española, entre otras cosas con la disolución de las órdenes religiosas ya que muchas de estas ejercían en la educación y se les prohibió el dedicarse a la enseñanza. También se les confiscaron todas sus propiedades y los sacerdotes al igual que cualquier otro ciudadano quedaron sometidos al pago de impuestos.
  • La reforma en el ejército:consistió en crear un ejército profesional con la reducción de efectivos militares que prometieran su adhesión a la República creándose la Guardia de Asalto.
  • La reforma agraria: consistió en una serie de decretos que pretendían ayudar a los arrendatarios y a los campesinos sin tierra, entre los que destacamos la elaboración de una Ley de Reforma Agrariacuyo objetivo consistía en la expropiación sin indemnización de las tierras de la alta nobleza.
  • La reforma del Estado centralista: consistía en la facultad de todas aquellas regiones que con sentimiento nacionalista podían tener una organización propia y acceder a la autonomía, de esta manera se promulgó el Estatuto de Autonomía de Cataluña, dando lugar a la Generalitat, un gobierno propio con competencias en materias sociales, culturales, educativas y económicas, tan solo en manos del gobierno central quedaban los asuntos exteriores y de defensa.

La aplicación de estas nuevas reformas encontró serios inconvenientes sobre todo por parte de la Iglesia, los grandes propietarios, el ejército… Los grupos de derecha tomaron la decisión de reorganizarse en contra de las nuevas medidas gubernamentales y para 1933 crearon la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) que contaba con un gran número de afiliados cuyo líder fue José María Robles Gil.

Del mismo modo, y a la par, también cobraban sus fuerzas los grupos fascistas como las Juntas de Ofensiva Nacional – Sindicalista (JONS) y la Falange Española que tenía como jefe supremo a José Primo de Rivera, aunque ambos partidos fueron minoritarios realizaron una actividad de máxima agitación en contra de los que ellos consideraban la evolución del marxismo y el peligro de una revolución bolchevique.

Estos hechos provocaron un desgaste en el gobierno llegando incluso hasta provocar un fallido golpe de Estado encabezado por el general José Sanjurjo.

 

El Bienio Conservador (1933 – 1935)

Los sectores contrarios a la República intentaron acabar con la coalición republicano–socialista y, tanto es así, que en otoño de 1933 Manuel Azaña acabó dimitiendo como jefe de gobierno y el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora disolvió las Cortes convocando nuevas elecciones para noviembre.

Estas elecciones se caracterizaron por ser las primeras en las que votaron las mujeres. La CEDA fue quien obtuvo los mejores resultados quedando el gobierno en manos del Partido Radical Republicano cuyo líder fue Alejandro Lerroux, de esta manera se iniciaba así un periodo de gobierno de dos años que fue conocido como el Bienio Negro.

Durante este periodo se regresó a la situación antecedente a 1931, de modo que todas las reformas que fueron dadas en el primer bienio fueron desmanteladas por completo. En octubre de 1934 se produjo una revolución por parte de los partidos de izquierda quienes consideraron la entrada de la CEDA como una deriva al fascismo, pronto se esclareció el crecimiento del desempleo dando lugar a una revolución social en Asturias y un movimiento separatista por parte del Estado Catalán del gobierno ante el temor de que el Estatuto creado en el primer bienio fuera revocado.

Las consecuencias a esta revolución fueron notables. La CEDA aumento su influencia en el gobierno, y de esta manera fueron nombrados como ministro de Defensa a Gil Roble y como jefe del Estado mayor a Francisco Franco.

Pero, de nuevo, una fuerte crisis de gobierno estalló en 1935. El gobierno de Lerroux se vio afectado por una serie de escándalos de corrupción, perdiendo su credibilidad hasta que fue destituido. En febrero se convocaron nuevas elecciones lo que dio lugar a la formación de dos bloques visiblemente opuestos: los de derecha y los de izquierda.

 

El triunfo del Frente Popular (1936)

Para presentarse a las elecciones los partidos de izquierdas (republicanos, comunistas y socialistas) se agruparon en lo que fue denominado Frente Popular consiguiendo la victoria. Manuel Azaña fue proclamado de nuevo presidente de la república y Santiago Casares Quiroga jefe del gobierno.

Entre sus acciones destacó: la absolución de los presos de la revolución de octubre de 1934, la aprobación del Estatuto Catalán que fue anulada con anterioridad y el traslado de los generales Francisco Franco a Canarias y Emilio Mola a Navarra para evitar organizar alzamientos militares, aunque no se atrevió a destituirlos.

 

Los planes para acabar definitivamente con la República fueron dirigidos por los militares que contaron con la ayuda de las fuerzas políticas de la derecha, así como también establecieron sus contactos con la Alemania nazi y la Italia fascista. Poco a poco fueron cobrando fuerzas hasta que el 14 de julio se produjo el asesinato del líder derechista José Calvo Sotelo por un grupo de izquierdistas y que acabo desencadenando el estallido de la Guerra Civil el día 17 de Julio de 1936.

 

 

De: https://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_Republica_Española

  • Texto parcial. Posibilidad de ampliar datos en esta web

Contexto social y económico

Las intenciones de la república se enfrentaron con la cruda realidad de una economía mundial sumida en la Gran Depresión, de la que el mundo no se recuperó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En términos de fuerzas sociales, la Segunda República surgió porque los oficiales del ejército no apoyaron al rey, con el que estaban molestos por haber aceptado este la dimisión de Primo de Rivera, y a un clima de creciente reivindicación de libertades, derechos para los trabajadores y tasas de desempleo crecientes, lo que resultó en algunos casos en enfrentamientos callejeros, revueltas anarquistas, asesinatos por grupos extremistas de uno u otro bando, golpes de estado militares y huelgas revolucionarias.

 

 

Distribución de la población española en 1930.

 

En España la agitación política tomó además un cariz particular, siendo la Iglesia objetivo frecuente de la izquierda revolucionaria, que veía en los privilegios de que gozaban una causa más del malestar social que se vivía, lo cual se tradujo muchas veces en la quema y destrucción de iglesias. La derecha conservadora, muy arraigada también en el país, se sentía profundamente ofendida por estos actos y veía peligrar cada vez más la buena posición de que gozaba ante la creciente influencia de los grupos de izquierda revolucionaria. Desde el punto de vista de las relaciones internacionales, la Segunda República sufrió un severo aislamiento, ya que los grupos inversores extranjeros presionaron a los gobiernos de sus países de origen para que no apoyaran al nuevo régimen, temerosos de que las tendencias socialistas que cobraban importancia en su seno terminaran por imponer una política de nacionalizaciones sobre sus negocios en España. Para comprender esto es clarificador saber que la compañía Telefónica era un monopolio propiedad de la norteamericana ITT, que los ferrocarriles y sus operadoras estaban fundamentalmente en manos de capital francés, mientras que las eléctricas y los tranvías de las ciudades pertenecían a distintas empresas (mayormente británicas y belgas). Como consecuencia no hubo una sola nacionalización durante el periodo republicano, pero, sin embargo, el respaldo de las potencias fascistas alentó a muchos generales conservadores para que planificaran insurrecciones militares y golpes de estado. Sus intenciones se materializarían primero en la Sanjurjada de 1932 y en el fallido golpe de 1936, cuyo resultado incierto desembocó en la Guerra Civil Española. Por su parte, las democracias occidentales no apoyaron al régimen republicano por miedo a un enfrentamiento armado, salvo en coyunturas muy específicas, lo que sirvió, en última instancia, para evitar la Segunda Guerra Mundial.

La sociedad española de los años treinta era fundamentalmente rural: un 45,5 % de la población activa se ocupaba en la agricultura, mientras que el resto se repartía a partes iguales entre la industria y el sector servicios. Estas cifras describen una sociedad que aún no había experimentado a Revolución industrial. En cuanto a sindicatos y partidos políticos, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), cuya lista fue la más votada para las elecciones constituyentes de 1931, contaba con 23 000 afiliados; su organización hermana, el sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) ya contaba en 1922 con 200 000 afiliados; el sindicato anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) tenía en septiembre de 1931 unos 800 000 afiliados. Otras organizaciones, como el Partido Comunista de España (PCE) tenían una presencia nominal y no cobraron fuerza hasta el comienzo de la Guerra Civil. En cuanto a los nacionalismos, la “Lliga Regionalista de Catalunya” liderada por Françesc Cambó había apoyado abiertamente la dictadura de Primo de Rivera, y por ello permaneció al margen de la política durante la República, mientras que otros partidos políticos catalanes, más escorados hacia la izquierda o el independentismo, fueron los que tuvieron mayor protagonismo; en el caso del País Vasco y Navarra, cabe mencionar que aún no se había consumado la ruptura entre el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y la Comunión Tradicionalista (CT), integrada esta última por ls carlistas.

Respecto de las iniciativas de cambio socioeconómico de los gobiernos republicanos, caben destacar las subidas de los salarios de los trabajadores del campo llevadas a cabo durante el bienio social-azañista, invertidas luego durante el bienio radical-cedista, encaminadas a mejorar las condiciones de vida en el medio rural. Otras iniciativas fueron las ocupaciones de tierra y expropiaciones ilegales en los momentos iniciales de la Guerra Civil como una manera de conseguir ingresos y apoyo popular por parte del campesinado.

 

De: La verdad ofende – Internet – año 2018

La Segunda República llegó por el abandono del país por parte del rey Alfonso XIII, no porque nadie votara en un referéndum que se instaurara un régimen republicano. El rey abandonó España tras unas elecciones municipales en las que sin embargo los partidos monárquicos obtuvieron 22.150 concejales frente a los 5.875 de los partidos republicanos. Nunca se votó la Constitución republicana. La forma de estado que consagraba la Constitución y el marco jurídico de la Segunda República nunca fueron explícitamente refrendados por el pueblo, pero sin embargo, se suele argumentar y decir con la boca llena de la mentira, el engaño y el adoctrinamiento de la juventud que la Segunda República se proclamó tras una victoria electoral republicana, cuando en realidad, el número de concejales monárquicos cuadruplicaba al de concejales republicanos, pero sin embargo, el voto republicano se concentró en las ciudades, obteniendo la victoria en la mayor parte de las capitales de provincia, lo que sembró la euforia entre los partidarios de la caída de la monarquía y sembró el desánimo en la Corte de Alfonso XIII, que dos días después de los comicios partía hacia Cartagena y de allí hacia el exilio para evitar que un conflicto entre monárquicos y republicanos acabase en un baño de sangre.

Pero hay otro dato significativo, y es que la Constitución de la Segunda República, que fue aprobada el 9 de diciembre de 1931 por las Cortes Constituyentes, que fueron elegidas el 28 de junio de ese año en unas elecciones en las que sólo pudieron votar los hombres (el voto femenino no fue aprobado hasta el 1 de octubre) y que dieron lugar a un parlamento con una insignificante presencia de la derecha. Para colmo de defectos, no se convocó ningún referéndum para aprobar esa Constitución. Las Cortes republicanas negaron al pueblo español su derecho a decidir sobre esa Carta Magna, ¿se podría argumentar entonces, la falta de legalidad de la misma?

En cuanto la izquierda perdió las primeras elecciones, dio muestra de su talante antidemocrático poniendo en marcha un golpe de estado contra el gobierno. La izquierda, por consiguiente, en rigor no tiene demasiada legitimidad moral para condenar el alzamiento de 1936. Como dijera Salvador de Madariaga, “Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”. La diferencia es que el golpe del 36 tuvo éxito y el del 34 fracasó. El propio Indalecio Prieto, líder socialista, reconoció y lamentó años después, ya en el exilio, su participación en aquel primer golpe contra la república: “Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria”. Llama la atención ver cómo algunos partidos se presentan actualmente como defensores de aquella república contra la que montaron un golpe de estado. Largo Caballero declaraba abiertamente en aquella época que “Las elecciones no son más que una etapa en la conquista y su resultado se acepta a beneficio de inventario. Si triunfan las izquierdas, con nuestros aliados podemos laborar dentro de la legalidad, pero si ganan las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada”. Esa era la mentalidad democrática de la época.

La izquierda renegaba de la bandera republicana, que ahora pasea a todas horas
Parece un tanto insólito afirmarlo, pero la izquierda no tenía en 1936 ninguna estima por esa bandera tricolor que ahora adorna todos sus mítines y manifestaciones. Cuando la bandera republicana era la oficial la izquierda renegaba de ella. Largo Caballero era claro en este sentido y pone en evidencia que el republicanismo retrospectivo de la izquierda actual vive instalado en el mito: “Tenemos que luchar como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee, no una bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista”.

El socialista Joaquin Leguina (expresidente socialista de la CCAA de Madrid de 1983 a 1995) ha publicado el 20/06/18 en El Economista un artículo sobre la Memoria Histórica que, por su interés, reproducimos:

“La Ley de Amnistía (1977) y la Constitución (1978) significaron la “reconciliación nacional”, y el olvido de la guerra, pues en la guerra los dos bandos se dedicaron a la “limpieza del enemigo”, aunque ahora se pretenda santificar a uno de los bandos. Parece mentira que el nuevo PSOE quiera reescribir la Historia con una nueva Ley de Memoria Histórica para prohibir que se cuenten cosas como las que voy a narrar a continuación.

Dos historias terribles en las que estuvieron involucrados socialistas con carnet.

El 2 de julio de 1936 unos pistoleros de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) entraron en un bar frecuentado por jóvenes y mataron a dos estudiantes falangistas. Poco después, pistoleros de derechas asesinaron a José del Castillo, teniente de la Guardia de Asalto y conocido socialista.

El 12 de julio de 1936 un capitán de la Guardia Civil llamado Fernando Condés (un izquierdista que había participado en Madrid en la asonada contra el Gobierno de Lerroux en 1934), vestido de paisano y acompañado por cuatro pistoleros socialistas de la Motorizada, tras presentar sus credenciales a los policías que protegían al parlamentario José Calvo Sotelo, subieron al domicilio de éste y se lo llevaron en una camioneta de la Guardia de Asalto. El prietista Luis Cuenca le pegó dos tiros en la nuca. Después fueron al cementerio de la Almudena y tiraron el cadáver a la entrada del tanatorio.

Condés fue a esconderse a casa de la diputada socialista Margarita Nelken. Luego estalló la guerra y en la retaguardia republicana fueron asesinadas unas 40.000 personas, entre ellas 7.000 sacerdotes, monjas, seminaristas, incluyendo doce obispos.

Se ha dicho que en Madrid llegaron a funcionar más de 60 checas, por usar esa terminología rusa. Mediante estos procedimientos de detención ilegal solo en la retaguardia madrileña se asesinó a más de 10.000 personas.

La más famosa checa se llamó ‘La brigada del amanecer’, que dirigió el que fuera secretario general del Arte de Imprimir (UGT) Agapito García Atadell. Estos desalmados entraban en las casas, las saqueaban y daban el paseo a quien allí les resultara sospechoso. Cuando, en noviembre de 1936, las tropas franquistas amenazaban con tomar Madrid, el valiente luchador García Atadell arrambló con buena parte de lo robado y junto con dos cómplices y sus respectivas esposas se fue a Marsella. En el puerto francés tomaron un barco hacia América, haciendo escala en Las Palmas donde fue detenido (se dijo que gente de Prieto había dado el chivatazo). Fue trasladado a la cárcel de Sevilla, donde coincidió con el escritor Arthur Koestler, y allí le dieron garrote. ¿Fue Atadell otra víctima del franquismo?

La gente de mi generación, y menos la de generaciones posteriores, no tenemos responsabilidad alguna en hechos como los aquí narrados, pero el PSOE como persona jurídica haría bien en echar al olvido todas las atrocidades de la guerra, las de uno y otro bando

 

De: Elmunicipio.es del 22-07-2017

El PSOE provoco la Guerra civil. Las pruebas 1930-1936 España hacia la URSS

En el curso de una convocatoria electoral que tuvo lugar en Alicante en enero de 1936, el político socialista Francisco Largo Caballero, el Lenin español afirmó:

“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados —los comunistas, los separatistas y los anarquistas—; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble: colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros las realizamos”. Recogido por El Liberal de Bilbao el 20 de enero de 1936.

Largo Caballero anunciaba el 20 de enero de 1936, en un mitin celebrado en Linares: “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. Recogido por El Liberal del Bilbao el 21 de enero de 1936.

El socialista Ramón González Peña explicitaba lo que sucedería cuando el PSOE alcanzase el poder: “La revolución pasada (la de Asturias en octubre de 1934) se había malogrado, a mi juicio, porque más pronto de lo que quisimos surgió esa palabra que los técnicos o los juristas llaman “juridicidad”. Para la próxima revolución, es necesario que constituyamos unos grupos que yo denomino “de las cuestiones previas”. En la formación de esos grupos yo no admitiría a nadie que supiese más de la regla de tres simple, y apartaría de esos grupos a quienes nos dijesen quiénes habían sido Kant, Rousseau y toda esa serie de sabios. Es decir, que esos grupos harían la labor de desmoche, de labor de saneamiento, de quitar las malas hierbas, y cuando esta labor estuviese realizada, cuando estuviesen bien desinfectados los edificios públicos, sería el momento de entregar la llave a los juristas”. Documento sito en la Fundación Pablo Iglesias.

Manuel Azaña (Izquierda Republicana), discurso en el Ateneo de Madrid el 20 de noviembre de 1930: “No seré yo quien siembre desde esta tribuna la moderación. La obligación de la inteligencia, constituida, digámoslo así, en vasta premisa de demoliciones, consiste en buscar brazos donde los hay, brazos del hombre natural, en la bárbara robustez de su instinto, elevado a la tercera potencia a base de injusticias. Los gruesos batallones populares, encauzados al objeto que la inteligencia les señale, podrán ser la fórmula del mañana. En rigor, nunca las cosas han ocurrido de otra manera”.

Indalecio Prieto (PSOE), mitin en el cine Pardiñas de Madrid el 4 de febrero de 1934: “Pronto el Partido Socialista y las organizaciones sindicales tendrán que cumplir el destino que la Historia les había deparado. Frente a las falanges socialistas y a la UGT es imposible oponer nada. Hágase cargo el proletariado del Poder y haga de España lo que España merece. No debe titubear, y si es preciso verter sangre, debe verterla”.

El 15 de marzo de 1936 tiene lugar la sesión preparatoria de las Cortes —que concluye con los diputados del Frente Popular (toda la izquierda) cantando la Internacional y saludando puño en alto— y al día siguiente se celebra la primera sesión ordinaria, siendo elegido presidente Diego Martínez barrios. El 17 se constituye la Comisión de Actas, presidida por Indalecio Prieto (PSOE) y de mayoría izquierdista, encargada de redondear al alza los escaños del Frente Popular. Su actuación —en un ambiente de violencia e intriga— terminó con una nueva pérdida de escaños por las derechas.

Cuenta Josep Pla en el tomo IV, página 339, de su obra Historia de la Segunda República española que: “La discusión de las actas dio la tónica de lo que serán irremisiblemente estas Cortes… un organismo de guerra civil, serán la guerra civil misma encuadrada en un hemiciclo”.

Mitin de la comunista Dolores Ibárruri “La Pasionaria”, el 1 de marzo de 1936, recogido por El Socialista: “Vivimos en periodo revolucionario y es preciso que nos e nos venga con empachos de legalidad, de la que ya estamos hartos desde el 14 de abril (de 1931). La legalidad la impone el pueblo, que pedía el 16 de febrero (de 1936) la ejecución de sus asesinos. La República tiene que dar satisfacción a las necesidades del pueblo, y si no lo hace, el pueblo los arrollará e impondrá su voluntad”.

Carta abierta de José María Gil Robles (líder de la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas) al Gobierno del Frente Popular en julio de 1936. Citado por Joaquín Arrarás en el segundo tomo de la obra Historia de la Cruzada: “Sé que vais a hacer una política de persecución, de exterminio y de violencia de todo lo que signifique derechas. Os engañáis profundamente: cuanto mayor sea la violencia, mayor será la reacción; por cada uno de los muertos surgirá otro combatiente… Vosotros, que estáis fraguando la violencia, seréis las primeras víctimas de ella. Muy vulgar por muy conocida, pero no menos exacta, es la frase de que las revoluciones, como Saturno, devoran a sus propios hijos. Ahora estáis muy tranquilos, porque veis que cae el adversario. Ya llegará un día en que la misma violencia que habéis desatado se volverá contra vosotros… Dentro de poco vosotros seréis en España el Gobierno del Frente Popular del hambre y de la miseria, como ahora lo sois de la vergüenza, del fango y de la sangre. Nada más”.

Campaña electoral, noviembre de 1933, último discurso de campaña. Francisco Largo Caballero, secretario general del PSOE: “Los obreros han terminado con el mito republicano. Todos entienden que ya no queda otro camino a seguir sino el de la República socialista. Para nosotros, cuantas más dificultades encuentren nuestros enemigos en la solución de los problemas nacionales, mejor. Estamos dispuestos a no retroceder y a llegar a donde sea necesario. Necesitaremos someter a nuestros enemigos para conseguir la completa emancipación de la clase proletaria”.

Tras la derrota electoral de las izquierdas en 1933, Alcalá Zamora escribirá: “Nada menos que tres golpes de Estado se me aconsejaron [por las izquierdas republicanas] en 20 días. El primero a cargo de Botella, el ministro de Justicia, quien propuso la firma de un decreto anulando las elecciones hechas. Inmediatamente después propuso Gordón Ordás, ministro de Industria, que yo disolviese las nuevas Cortes. Pocos días más tarde, Azaña, Casares y Marcelino Domingo dirigieron a Martínez Barrio, presidente del Consejo, una carta de tenaz y fuerte apremio en la que el llamamiento tácito a la solidaridad masónica se transparentaba clarísimo”. Niceto Alcalá Zamora, Memorias, Ed. Planeta 1998.

Los preparativos del golpe socialista de 1934 venían de antiguo. Ya en noviembre 1931, cuando se planteó un debate en torno a la propuesta -lógica y legal- de que se disolviesen las Cortes constituyentes, pues habían concluido su tarea, a fin de convocar Cortes legislativas ordinarias, Largo Caballero no sólo se opuso radicalmente sino que profirió, en sus declaraciones a Ahora, verdaderas amenazas: “La disolución de las Cortes sería la señal para que el Partido Socialista y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar tal posibilidad que sería un reto al Partido y que nos obligaría a ir a una guerra civil”. Vicente Palacio Atard, loc. cit., Razón española, 8, pp. 407-408.

De modo, pues, que mucho antes de la aparición de la CEDA y de que se presentase Gil Robles en la escena política, un sector que sería dominante en el PSOE anunciaba estar dispuesto a imponer sus criterios por la fuerza. Fue este mismo sector el que, en víspera de las elecciones de 1933, impidió que se publicase en El Socialista un discurso de Besteiro a la Juventudes Socialistas porque trataba de ponerlas en guardia contra “la ilusión de la dictadura del proletariado”.

El 11 de septiembre de 1934, uno de los miembros de la Generalidad de Cataluña, Ventura Gassol, proclamaba contra la “vil España” un odio “gigantesco, loco, grande, sublime”. Siempre en referencia a España, completaba su diatriba: “Odiamos el nombre, el grito y la memoria, sus tradiciones y su sucia historia”. Enrique Barco Teruel, El golpe socialista (octubre, 1934), Madrid, 1984, p.131

Respecto a la Constitución de 1931, señala Niceto Alcalá Zamora, Presidente de la República: “Procedía de unas Cortes que adolecían de un grave defecto, el mayor sin duda para una asamblea representativa: que no lo eran, como cabal ni aproximada conciencia de la estable, verdadera y permanente opinión española”. (p. 14)

“Es un poco difícil señalar a primera vista y por datos directos cuáles fueron los criterios que determinaron el carácter de la Constitución. Dejada la Cámara a su albedrío, así como la Comisión a sus anchas, no fue siquiera y siempre el parecer de la mayoría de ésta el que con meditación se impuso. Predominó con frecuencia, ante la discusión y frente a las enmiendas, la voluntad impresionada y variable de los que, sentados en el banco de la Comisión, formaban una mayoría accidental, que era minoría absoluta respecto de la total composición de aquélla. Así el azar, ya que no el capricho, determinó la fortuna de varios preceptos y la frustración de otras iniciativas” (p. 41)

“La Constitución se dictó, efectivamente, o se planeó sin mirar a esa realidad nacional. Se procuró legislar obedeciendo a teorías, sentimientos e intereses de partido, sin pensar en esa realidad de convivencia patria, sin cuidarse apenas de que se legislaba para España”. (p. 46)

“Pero no fue sólo por imitación de textos o influencias doctrinales del extranjero. Entró por mucho, decisivamente, el espíritu de solución tendenciosa, imponiendo una fuerza parlamentaria pasajera y no representativa de la verdadera y total voluntad española. Y, sin embargo, se hizo una Constitución que invitaba a la guerra civil, desde lo dogmático, en que impera la pasión sobre la serenidad justiciera, a lo orgánico, en que la improvisación, el equilibrio inestable, sustituyen a la experiencia y a la construcción sólida de poderes”. (p. 49-50)

Niceto Alcalá Zamora, Los defectos de la Constitución de 1931, Madrid, Imp. R. Espina, 1936

Publicado en Renovación, Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España, el 25 de agosto de 1934: “¿Programa de acción? —Supresión a rajatabla de todos los núcleos de fuerza armada desparramada por los campos (casas-cuartel de la Guardia Civil). —Supresión de todas las personas que por su situación económica o por sus antecedentes puedan ser una rémora para la revolución”.

Editorial de El Socialista, principal órgano de comunicación del PSOE, el 25 de septiembre de 1934: “Renuncie todo el mundo a la revolución pacífica, que es una utopía; bendita la guerra”.

Editorial de El Socialista, del 27 de septiembre de 1934: “El mes próximo puede ser nuestro octubre. Nos aguardan días de prueba, jornadas duras. La responsabilidad del proletariado español y sus cabezas directoras es enorme. Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado”.

Francisco Largo Caballero (PSOE), en un mitin celebrado en Linares el 20 de enero de 1936: “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”. Recogido en El Liberal de Bilbao, 21 de enero de 1936, p. 21.

Francisco Largo Caballero, mitin en el Cinema Europa, 10 de febrero de 1936:

“La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas. Estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”. El Liberal de Bilbao, 11 de febrero de 1936.

Las elecciones de febrero de 1936, marcadas y penetradas de violencia, de obra y palabra, fraudulentas en el conteo de los sufragios, concluyeron con resultados parejos para los bloques en disputa.

Sobre un total de 9.716.705 votos emitidos, 4.430.322 fueron para el Frente Popular; 4.511.031 para las derechas y 682.825 para el centro. 91.641 votos fueron emitidos en blanco o a candidaturas sin significación política.

La formación política más votada fue la CEDA, 23’2% de los votos, seguido por el PSOE, 16’4% e Izquierda Republicana, 13’7%”.

Los datos exactos de la guerra civil, estudio de Ramón Salas Larrazábal, Madrid, 1980, p. 42 y siguientes.

En declaraciones al Journal de Genève, el 17 de enero de 1937, el presidente de la República en aquellas fechas, Niceto Alcalá Zamora, reconocía la peligrosa suma de irregularidades electorales: “Las primeras siete semanas del Frente Popular fueron las últimas de mi presidencia, desde el 19 de febrero al 7 de abril de 1936, con el Ministerio de Azaña. Durante cierto periodo, uno de los Poderes del Estado, el que yo ejercía, escapaba todavía al Frente Popular. Durante los seis días que sucedieron y que precedieron a la guerra civil, la ola de anarquía ya no encontró obstáculo. La táctica del Frente Popular se desdobló. En las Cortes se atrevió a todo; en el Gobierno, quedaba débil, pero provocadora.

“El Frente Popular se adueñó del Poder el 16 de febrero gracias a un método electoral tan absurdo como injusto y que concedió a la mayoría relativa, aunque sea una minoría absoluta, una prima extraordinaria. De este modo hubo circunscripción en que el Frente Popular con 30.000 votos de menos que la oposición, pudo, sin embargo, conseguir diez puestos de cada trece, sin que en ningún sitio hubiese rebasado el 2% al adversario más cercano. Este caso paradójico fue bastante frecuente.

“Al principio se creyó que el Frente Popular resultaba vencido. Pero cinco horas después de la llegada de los primeros resultados, se comprendió que las masas anarquistas, tan numerosas y que hasta entonces se habían mantenido fuera de los escrutinios, habían votado compactas. Querían mostrar su potencia, reclamar el precio de su ayuda: la paz, y tal vez, la misma existencia de la Patria.

“A pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco, de doscientas actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.

“Primera etapa: Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el Frente Popular, si esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, la que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el poder por medio de la violencia. Crisis: algunos gobernadores civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.

“Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, fue fácil hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió la Comisión de Validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición (al Frente Popular) resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos (del Frente Popular). Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar el grupo menos exaltado del Frente Popular. Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras.

“Fue así que las Cortes prepararon dos golpes de Estado parlamentarios. Con el primero, se declararon a sí mismas indisolubles durante la duración del mandato presidencial. Con el segundo, me revocaron. El último obstáculo estaba descartado en el camino de la anarquía y de todas las violencias de la guerra civil”.

Niceto Alcalá Zamora, Memorias, Ed. Planeta 1998.

Declaración de Indalecio Prieto (PSOE) en el Parlamento (Congreso de los Diputados), el 23 de diciembre de 1933: “Decimos, Sr. Lerroux y señores diputados, desde aquí, al país entero, que públicamente contrae el Partido Socialista el compromiso de desencadenar la revolución”.

Proclama de El Socialista, el 26 de abril de 1934: “Solución única y a la corta inevitable: ¡Todo el Poder al Partido Socialista!

Editorial de El Socialista, ante la segunda vuelta de las elecciones generales, titulado: “España, en la encrucijada dramática”, del 2 de diciembre de 1933: “A ningún partido perjudicaría más que al nuestro el hecho, improbabilísimo, de que el actual nudo histórico español se resolviera sin revolución. Nosotros estimamos que la Revolución social es hoy en España imprescindible, tanto para la nación, si quiere dignificarse, como para la clase trabajadora, si no quiere que cuatro mentecatos y media docena de sádicos la sojuzguen y envilezcan. Al decir que la revolución social es imprescindible ya hemos afirmado que es necesaria. De ello están convencidos, a buen seguro, líderes y masas obreras”.

“Decálogo del joven socialista”. Redactado por Carrillo y Publicado en Renovación (Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España), el 6 de enero de 1934:

1.º Los jóvenes socialistas deben acostumbrarse a las movilizaciones rápidas, formando militarmente de tres en fondo.

2.º Cada nueve (tres filas de tres) formarán la década, añadiéndole un jefe, que marchará al lado izquierdo.

3.º Hay que saludar con el brazo en alto —vertical— y el puño cerrado, que es un signo de hombría y virilidad.

4.º Es necesario manifestarse en todas partes, aprovechando todos los momentos, no despreciando ninguna ocasión. Manifestarse militarmente, para que todas nuestras actuaciones lleven por delante una atmósfera de miedo o de respeto.

5.º Cada joven socialista, en el momento de la acción, debe considerarse el ombligo del mundo y obrar como si de él y solamente de él dependiese la victoria.

6.º Solamente debe ayudar a su compañero cuando éste ya no se baste a ayudarse por sí solo.

7.º Ha de acostumbrarse a pensar que en los momentos revolucionarios la democracia interna en la organización es un estorbo. El jefe superior debe ser ciegamente obedecido, como asimismo el jefe de cada grupo.

8.º La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro es que el Socialismo solamente puede imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente.

9.º Cada día, un esfuerzo nuevo, en la creencia de que al día siguiente puede sonar la hora de la revolución.

10.º Y sobre todo esto: armarse. Como sea, donde sea y “por los procedimientos que sean”. Armarse. Consigna: Ármate tú, al concluir arma si puedes al vecino, mientras haces todo lo posible por desarmar a un enemigo.

Publicado en Renovación (artículo ilustrado), el 16 de septiembre de 1934:

“¡Por la insurrección Armada!”

“¡También los obreros saben manejar las ametralladoras!”

“Los obreros no esperan nada del Palacio Nacional, de las Cortes, de los republicanos. Lo esperan todo de la revolución social, del Partido Socialista”.

Visión de España y los españoles desde el movimiento secesionista vasco, texto de Sabino Arana:

“La mayoría de los hombres (españoles) son tontos; la mujer (española) es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana”.

“Les aterra el oír que a los maestros maketos (españoles o españolizados) se les debe despachar de los pueblos a pedradas. ¡Ah, la gente amiga de la paz! Es la más digna del odio de los patriotas”.

”Aborrecemos a España no solamente por liberal, sino por cualquier lado que la miremos”.

“Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desgracias el que España prosperara”.

“El roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza la ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón”.

“La impiedad, todo género de inmoralidad, la blasfemia, el crimen, el libre pensamiento, la incredulidad, el socialismo, el anarquismo… todo ello es obra suya (de “esa visión maketa”)”.

Deplora el autor: “El euskeriano (sic) y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan distintos, de dos razas tan antagónicas”. Incomprensible para el autor: “Más que hombres (los maketos) semejan simios poco menos bestias que el gorila: no busquéis en sus rostros la expresión de la inteligencia humana ni de virtud alguna; su mirada sólo revela idiotismo y brutalidad”.

  1. Careaga: Páginas de Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco, Madrid, Criterio-libros, 1998, p. 91 y ss. J. Juaristi: El bucle melancólico, Madrid, Espasa, p. 154 y 167.

Sesión de las Cortes para petición del voto de confianza al presidente Samper (Partido Radical apoyado por la CEDA), el 4 de julio de 1934. Réplica de José María Gil Robles (CEDA) a la oposición:

“¿Es que no se han hecho concesiones a la Generalidad cuantas veces el señor Azaña necesitaba en las Constituyentes unos cuantos votos de la Esquerra (Esquerra Republicana de Catalunya) para mantenerse en el Poder? ¿Es que en los momentos actuales persistiría la rebeldía de la Generalidad si no tuviera la evidencia de que cuenta con cómplices y encubridores en partidos que aquí tienen representación?”

“Cataluña recoge el guante”. Artículo en La Humanitat (órgano oficial de comunicación de la Esquerra Republicana de Catalunya), del 5 de octubre de 1934:

“Bien, Cataluña y su gobierno autónomo, junto con sus organizaciones sociales y políticas de la democracia nacionalista, responden a la provocación —la entrada de tres ministros de la CEDA, formación política ganadora de las elecciones generales, en el gobierno nacional— con un gesto sencillo y categórico: recogiendo el guante que acaba de caer a sus pies, lanzado por los aventureros de la política y los servidores del fascismo.

“No es hora de excesivos comentarios, lo decíamos ayer con la angustia de lo que presentíamos, y lo repetimos hoy ante la certidumbre de la desventura. Es hora de plantar cara a quienes vienen a por nuestra dignidad de hombres libres, y es hora de defender hasta todos los extremos nuestra ciudadanía ejemplar y democrática. ¿Puede esto hacerse con palabras? Creemos que ya es tarde. Entonces, queda un segundo camino, más expeditivo: el de los brazos de cada cual.

“Cataluña está presta. Reivindicamos para ella el sitio de honor en las horas que se avecinan. ¡Alerta, las izquierdas nacionalistas y republicanas de Cataluña! Ha sonado la hora de la movilización. Que cada cual ocupe su lugar, el arma al brazo y el oído atento a las órdenes.

“Los organismos responsables, y los hombres representativos de Esquerra Republicana de Catalunya, tienen las instrucciones necesarias y la consigna oportuna. A través de ellos, cada grupo, cada militante sabrá de inmediato lo que hay que hacer. No faltarán seguramente rumores, alarmas e iniciativas privadas. Que nadie mueva ni un dedo, sin una orden precisa”.

Discurso de Francisco Largo Caballero (PSOE) en el Cinema Europa, ante la segunda vuelta de las elecciones generales de 1933:

“Yo creo que el Partido Socialista es el único verdaderamente marxista. ¡Si estudiando las teorías tenemos que convencernos de que no puede haber otro! Marx se llamaba comunista para diferenciarse de otros socialistas utópicos que había entonces, como Saint-Simon, Owen, etc. Pero según explica Engels, de no ser así, se hubiera llamado socialista. ¿Qué es lo que persigue el Partido Socialista? La socialización de los medios de producción y de cambio. ¿Y el partido comunista? Lo mismo.

“En cuanto a táctica, nosotros preconizamos la lucha sindical y política. Y los que se llaman comunistas organizan huelgas y van a las elecciones, cuando las hay, lo mismo que nosotros. ¿Qué diferencia hay, pues, que pudiera hacerme pasar al partido comunista? Yo afirmo ante la clase trabajadora que no son más comunistas que nosotros; que el problema se reduce solamente a que hay unos cuantos líderes en pugna con el Partido Socialista, que pretenden arrebatarle la hegemonía política sobre la clase obrera. Porque si ellos dicen en sus discursos que están dispuestos a dar la vida y la libertad por las reivindicaciones proletarias, nosotros lo decimos también. Y además, lo hemos demostrado con los hechos. De modo que ni en eso nos pueden ganar”.

Publicado en El Socialista, el 30 de noviembre de 1933.

Cabecera del artículo conmemorativo de la revolución soviética publicado en Renovación, el 11 de noviembre de 1933: “En el XVI aniversario de la revolución rusa, el proletariado español reafirma su posición revolucionaria por la conquista del Poder íntegro para el Partido Socialista Obrero”.

Editorial de Renovación, 29 de agosto de 1934:

“El día primero de octubre se abrirá de nuevo el parlamento. Las derivaciones que adquiera la política, producida una crisis, no las conocemos; más, sean las que sean, no nos importan mucho. Rompimos amarras con este estado de cosas por exigencias de la teoría y por dictado de moral. Suceda lo que suceda, por tanto, las Juventudes Socialistas reafirmarán una vez más su posición revolucionaria.

“¡Por la insurrección armada!

“¡Por la dictadura del proletariado!”

Editorial de Renovación, el 3 de marzo de 1934:

“Cuando nos dicen si queremos un Gobierno de izquierdas, la disolución de estas Cortes, la recuperación de nuestra anterior influencia, debemos contestar: Queremos la revolución, y nada más que la revolución”.

Sección “Lo del día” de El Debate (periódico de derecha), título: “Por los cauces legales”, publicado el 28 de noviembre de 1933, tras la primera vuelta de las elecciones generales de 1933:

“Cada vez más belicoso y amenazador el socialismo, batido en las urnas, se refugia en la invención de no sabemos qué tremendos peligros que acechan a la clase trabajadora, imputa a las derechas propósitos dictatoriales que nadie abriga sino él y declara permanecer vigilante y arma al brazo. En suma, que trata por todos los medios de turbar la paz pública, fruto bien ganado por un pueblo que ha demostrado que quiere y sabe arreglar sus asuntos por la vía legal.

“Aparte de las constantes maquinaciones perturbadoras que, en todo tiempo, son índice de las actividades del socialismo y del despecho que siente por la repulsa de que le ha hecho objeto el país, importa que, después de la gran victoria conseguida por los caminos legales y en víspera de lograr otra nueva, nadie se deje inducir a confusión, ni permita que flaquee su ánimo”.

“En pie de guerra”. Editorial del periódico La Humanitat, del 22 de noviembre de 1933:

“Mala hora para la República, ésta de hoy, decíamos en nuestro comentario de ayer.

“En efecto. Ha sido un alud incívico lo que se ha lanzado contra el régimen con el fin de liquidarlo —en referencia a las elecciones generales. Pero aquí no se trata de una cuestión de matiz social. Se trata de un hecho antirrepublicano y antidemocrático.

“Hemos visto como votaban los obispos. Como las monjas y los frailes de clausura salían de sus guaridas para votar contra el régimen. Hemos visto cómo se compraban votos a todos los precios, cómo se regalaba dinero y asiento al elector, cómo se hacía propaganda política desde los púlpitos, cómo se hacían mítines en las sacristías. Ha sido toda la tropa lívida y negra del fanatismo religioso, que ha utilizado una ley de la democracia para apuñalar a la democracia.

“No ha sido la Lliga, ni Acción Popular la triunfadora. Ha sido, tanto aquí como fuera de aquí, el Obispo. Ha sido la Iglesia, ha sido Ignacio de Loyola.

“Es hora de repetir —pero con ánimo de ponerlo resueltamente en práctica— aquellas históricas palabras de Manuel Azaña: “Si alguien hace caer la silla, nosotros derribaremos la mesa”.

“Que tomen nota la Lliga, el obispo y su siniestra tropa. Tomen nota con el mayor de los cuidados, y mediten bien el significado de nuestras palabras de hoy. No amenazamos. Advertimos. “Quien tenga oídos para oír, que oiga. No hacemos literatura nosotros. Cuando ha sido necesario, hemos actuado. Estamos dispuestos a volverlo a hacer si alguien es demasiado insensato como para lanzarse a alguna aventura.

“De momento, dejamos escrita nuestra advertencia. La democracia republicana —toda la democracia republicana— tiene que vivir alerta, en pie de guerra. Pero sin perder la serenidad ni dejarse influir por alarmismos y rumores que las derechas tienen interés en difundir con objeto de producir un estado de pánico y de desmoralización.

“Sólo hay que escuchar una voz, que resonará, si es necesario, en el momento adecuado. Esta voz será la de Esquerra Republicana, que en una mala jornada para la República, ha mantenido alta y firme en Cataluña la bandera de la revolución y los postulados del 12 de abril [de 1931].

“¡Arriba los corazones, ciudadanos catalanes! Todos, vosotros y nosotros, sabremos escuchar y meditar la terrible lección del día 19 (de noviembre, fecha electoral). Y procederemos en consecuencia. Hemos sido generosos, cordiales, comprensivos, amables. Es la hora de ser implacables, inflexibles, rígidos”.

“En línea recta”: titular de Renovación del 16 de septiembre de 1934; extractos:

“Disciplina de hierro y centralización de mando, con obediencia dictatorial. Intensificación revolucionaria en la teoría y en la práctica.

“Nuestra línea es recta: en período revolucionario, para los contrarrevolucionarios sólo hay una consigna: guerra a muerte.

“Lo que se necesita es la acción armada, el trabajo ilegal, la incorporación a los puestos respectivos para completar la obra preparatoria al combate definitivo”.

“El valor que tiene el Parlamento para los socialistas”. Discurso de Francisco Largo Caballero en recuerdo de Pablo Iglesias y la línea que trazó para el Partido Socialista. Publicado en El Socialista, el 23 de enero de 1934:

“Pero, además, al valorar el precio del Parlamento, los socialistas no podemos caer en un simple republicanismo. Y sobre lo que debe ser el Parlamento para los socialistas permitidme que os lea unas palabras que no son mías, para ver si luego alguien puede decir que mis campañas son producto del despecho.

“Al mostrarnos, pues, partidarios de que vayan representantes socialistas al Parlamento o a los Cuerpos administrativos no entra en nuestros cálculos sacar de ellos la transformación de los instrumentos de trabajo en propiedad común: lo que intentamos con eso es contribuir desde allí poderosamente a la formación del ejército revolucionario.

“Y formado que sea ese ejército, preparadas que se hallen las huestes obreras, cualquier conflicto de los que necesariamente ha de producir el orden burgués, una guerra, una crisis económica, puede ponernos en el caso de intentar la conquista del Poder político, conquista que, según se desprende de lo que decimos al principio de estas líneas, sólo podrá alcanzarse revolucionariamente.

“Por lo tanto, el Partido Socialista Obrero no ha entendido ni entiende que ir al Parlamento sea para conquistar el Poder político ni que esta conquista pueda ser pacífica”.

“Este es el juicio” —concluye Largo Caballero— “que tenía del Parlamento el fundador del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores, compañero Pablo Iglesias (Gran ovación)”.

Miguel Ángel Olmedo

Blog La Verdad Ofende

El hispanista Hugh Thomas. EFE. Hugh Thomas, el hombre que acusó a la izquierda de iniciar la guerra civil del 08-05-2017 por Juan Carlos Laviana

Para toda una generación de españoles el nombre de Hugh Thomas va indisolublemente asociado a la Guerra Civil española. El hecho de que fuera un extranjero el que contara el conflicto ofreció al hispanista británico un halo de credibilidad que ningún historiador español logró jamás. Gracias a la editorial Ruedo Ibérico, una vez más, en 1961 vio la luz en Francia su historia de la contienda española. Progresivamente, según se iba debilitando la dictadura, la obra fue llegando a la Península y contribuyendo así a restañar las heridas abiertas de la mejor forma posible: contando la Historia.

La periodista Nuria Azancot, que le entrevistó para El Cultural, escribió que Thomas era el prototipo del hispanista británico, al que calificaba de “inteligente y sosegado, divertido y sabio”. Y en efecto, desde su forma de hablar hasta su aspecto, fue la imagen más visible de un grupo de estudiosos que se enamoraron de nuestro país y nos enseñaron a mirarnos desde fuera: John Elliott, Gerald Brenan, Ian Gibson, Raymond Carr, Paul Preston, entre otros intelectuales extranjeros que sabían más de nosotros que nosotros mismos.

Thomas había nacido en 1931, el año de la proclamación de la República, en la muy aristocrática localidad inglesa de Windsor. Hijo de un funcionario colonial, realizó sus estudios en el Queen’s College de Cambridge y posteriormente en La Sorbona de París. Sin embargo, siempre se ha considerado un “autodidacta”.

Fue en 1955, con solo 24 años, cuando descubrió España. Una semana en Antequera bastó para que se quedara deslumbrado por la luz. Como tantos de sus compatriotas, encontró en la forma de ser de los españoles, abiertos y amigos de la vida fuera de casa, un alivio para los oscuros días ingleses y la vida encerrada entre cuatro paredes.

Desde entonces iba a estar estrechamente unido a nuestro país. Pero lo que de verdad cambió su vida, según sus propias palabras, fue la publicación seis años después en París de su Guerra Civil. El ensayo, que apareció en inglés y en castellano, tuvo una calurosa acogida entre el exilio español en Francia y en la clandestinidad dentro del país. Los lectores se quedaron fascinados por la sencillez y la frialdad con la que el historiador se acercaba a un conflicto que los españoles siempre hemos contemplado desde el acaloramiento.

Él mismo lo explicó el año 2001 en una entrevista para el diario ABC con motivo del cuarenta aniversario (sic) del libro. “Soy equilibrado en mis juicios, pero ahora soy más conservador que en los años sesenta. En la Guerra Civil no había conservadores, todos fueron revolucionarios o contrarrevolucionarios”.

Desde entonces, Thomas se ha convertido en una referencia y ha dado su opinión sobre los más diversos asuntos cada vez que se le ha pedido. Por ejemplo, sobre las tesis de Pío Moa de que la guerra había comenzado antes del 36: “Lo que dijo sobre la revolución de 1934 es muy interesante y pienso que dijo la verdad. ¡Pero no fue tan original! Él me acusa en su libro, pero yo dije casi lo mismo: la revolución de 1934 inició la guerra civil, y fue culpa de la Izquierda. Existe una conferencia pronunciada por Indalecio Prieto en México diciendo exactamente eso, aceptando su culpabilidad”.

… / …

La Guerra Civil española será lo que siempre se asocie a su nombre. Incluso muchos años después de su libro, seguía hablando con pasión de un conflicto tan complicado que nunca se ha llegado a comprender del todo, porque sería como comprender al mismo ser humano. Tal vez por eso le intrigaba tanto.

“El aspecto más importante es explicar cómo pudo ocurrir tanta violencia detrás de las líneas, en las dos zonas. No entiendo cómo fue posible para los falangistas dar muerte a tantas personas inocentes, incluso algunas sólo por haber votado por el Frente Popular. No entiendo tampoco cómo fue que tantos amigos de la Izquierda, tantos anarquistas pudieran ajusticiar a tantos burgueses sin crimen alguno”.

Sobre la guerra del 36 se han escrito, y se siguen escribiendo, miles de libros. Hay quien asegura que es el conflicto al que más volúmenes se han dedicado. Cada vez que los expertos elaboran una nueva selección de títulos imprescindibles, siempre aparece el que hace ya 56 años escribió Hugh Thomas.

Hugh Thomas nació en Windsor (Berkshire, Inglaterra) el 21 de octubre de 1931. Murió en Londres el 6 de mayo de 2017, a los 85 años.

 

Publicado en el Blog de Campos el 04-10-2018

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  1. Largo Caballero I | El blog de Campos - 29/11/2019

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