Cuando nos jubilemos

Cuando nos jubilemos … Toda la vida trabajando … Viajaremos, nos iremos a la playa …

Tres matrimonios, seis amigos. A uno de ellos le dio un infarto; superado, la empresa lo jubiló anticipadamente; no habían pasado dieciocho meses, dolor de cabeza insoportable, cáncer en el cerebro, lo enterraron en seis meses. El otro amigo empezó a darse cuenta que su mujer olvidaba las cosas con demasiada frecuencia; alzheimer; cambió totalmente su vida, que a partir de ese momento estaba dedicada en cuerpo y alma a cuidar de la única compañera que desde su juventud le acompañaba.

Escribo sobre recuerdos, junto a mi mujer, esposa, compañera y amante, en la placidez de una tarde primaveral con lluvia, truenos y relámpagos que desdicen a los agoreros del futuro imperfecto de tierras desérticas; ahora viajamos solos. Y somos conscientes de la brevedad del tiempo.

Y tomo de aquí y de allá textos que me recuerdan que aún soy joven, que es mucho lo vivido, pero más importante lo que me queda por vivir, que el futuro es hoy.

 

 

Anna Cabré (Barcelona, 1943). Directora de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona: “Las Personas hasta 75 años no son viejas; las de 75 a 90 años son viejas; y las de 90 años en adelante, muy viejas”. “Poner en un mismo paquete a los de 65 y a los de 90 años, es confuso. Si a una persona de más de 95 la recuerdas a los 75 o 65, verás que son situaciones muy distintas, sus problemas, relaciones y modo de vida”.

Si observamos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene entre cincuenta y setenta años.

A este grupo pertenece una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “envejecer”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo.

Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.

Este nuevo grupo humano que hoy ronda los cincuenta, sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.

Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado que tanta literatura le dio durante décadas al concepto del trabajo.

Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse.

Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde dentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos, tienen la mente abierta para todo.

Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo, que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de “cincuenta, sesenta o setenta””, hombres y mujeres, maneja la la informática como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail o un whatsapp.

Hoy la gente de 50, 60 ó 70 años, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE; antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de 50, 60 y 70 de hoy celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo, hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizá por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI. La juventud se lleva por dentro. La diferencia entre un niño y un adulto simplemente es el precio de sus juguetes.

 

Cuando uno mira … ya son las seis de la tarde;

cuando uno mira … ya es viernes;

cuando uno mira … ya se terminó el mes;

cuando uno mira … ya se terminó el año;

cuando uno mira … ya se pasaron 50 o 60 años.

 

Cuando uno mira … ya no sabemos más por donde andan nuestros amigos.

Cuando uno mira … perdimos al amor de nuestra vida y ahora, es tarde ya para volver atrás.

 

No dejes de hacer algo que te gusta por falta de tiempo.

No dejes de tener alguien a tu lado, porque tus hijos pronto no serán tuyos, y tendrás que hacer algo con ése tiempo que resta, en donde lo único que vamos a extrañar será el espacio que sólo se puede disfrutar con los amigos de siempre. Ese tiempo que, lamentablemente, no vuelve jamás…

Es preciso eliminar el “DESPUES”…

*Después* te llamo.

*Después* lo hago.

*Después* lo digo.

*Después* lo cambio.

 

Dejamos todo para *Después*,

como si el *Después* fuese lo mejor.

 

Por qué no entendemos que…

*Después* el café se enfría,

*Después* la prioridad cambia,

*Después* el encanto se pierde,

*Después* temprano se convierte en tarde,

*Después* la añoranza pasa,

*Después* las cosas cambian,

*Después* los hijos crecen,

*Después* la gente envejece,

*Después* el día es noche,

*Después* la vida se acaba.

 

No dejes nada para *Después*,

porque en la espera del *Después*,

tú puedes perder

los mejores momentos,

las mejores experiencias,

los mejores amigos,

los mayores amores.

 

Acuérdate que el *Después* puede ser tarde.

¡El día es hoy!

Ya no estamos en edad de posponer nada.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 02-06-2018

 

 

 

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