España – El islam

El presente trabajo es parte de un ejercicio de actividad académica como alumnos de Humanidades, promoción 2004-2007 de la UAHM, de Alcalá de Henares, integrado por Rafael Acevedo Sánchez, Manuel Arribas Martínez, Joaquín Jiménez Sánchez, actuando como Coordinador y Ponente Antonio Campos Fernández.

 

Mahoma – El Islam

La historia de España durante la Edad Media es diferente a la del resto de Europa debido a la invasión musulmana de la península en el año 711. El territorio sometido por el Islam recibe el nombre de Al-Andalus. Los reinos cristianos formados en el norte de la península inician a partir de entonces un proceso de reconquista que concluye con la caída del reino de Granada en el año 1492. A diferencia de los núcleos cristianos donde predomina el ruralismo y la autarquía, Al-Andalus posee ciudades prósperas, artesanía floreciente y una importante actividad comercial. Es el siglo XI el período de cristalización y desarrollo del arte hispanomusulmán. La capital política suele ser a la vez el foco creador y difusor de las artes.

Contemplar cualquier manifestación estética del Islam exige al espectador occidental despojarse de sus condicionamientos culturales. Para comprender su significado es necesario conocer sus principios religiosos.

Muhammad, Mohammed o Mahomet, fue el Profeta árabe fundador de la religión musulmana. Nació en La Meca, hacia 570 y murió en Medina en 632. La biografía de Mahoma, de la que se conocen muy pocos datos seguros, nos ha llegado envuelta en la leyenda. Las fuentes de la vida de Mahoma son textos escritos en árabe por eruditos musulmanes. Los más antiguos datan, en la forma en que han llegado a nosotros, de más de 100 años después de su muerte (632). El relato más antiguo de su vida que ha sobrevivido es el compilado por Ibn Ishaq, que murió en el 768. Todas las versiones de su obra datan de cuando menos una generación después de Ibn Ishaq.

Se dice que Mahoma nació en la Meca, ciudad de Arabia occidental (la región conocida como Al-Hijaz). Las fechas de nacimiento son diversas. Una tradición comúnmente aceptada lo sitúa en “el año del elefante”, que se ha interpretado como una referencia al año en que un gobernante abisinio de Yemen envió una expedición para destruir la Kaaba de la Meca. Según la tradición musulmana, en la expedición —un estrepitoso fracaso— las tropas invasoras llevaban un elefante. Los especialistas modernos sitúan este episodio en el año 570 d.C.

Su nombre primitivo fue probablemente Ahmad; nació en una familia pobre de la noble tribu de Quraish (acontecimiento que los musulmanes celebran con la fiesta del Mawlud). El padre de Mahoma, Abdallá, murió antes de nacer el niño; su madre, Amina, falleció cuando tenía seis años y fue recogido por su tío Abú Talib, al que acompañó en sus viajes de comercio.

A los veinticinco años Mahoma se casó con la rica viuda Jadicha, de quien era criado; Jadicha le dio una hija -Fátima-, además de una posición social más desahogada como un comerciante respetado en la ciudad. Conoció -si bien superficialmente- las dos grandes religiones monoteístas de su época a través de las pequeñas comunidades cristiana y judía que habitaban en La Meca y quizá también por sus viajes de negocios. Con tan escasa cultura, pues probablemente era analfabeto, se permitió crear una religión que serviría de base para toda una cultura de difusión universal.

A los cuarenta años Mahoma comenzó a retirarse al desierto y a permanecer días enteros en una cueva del monte Hira, en donde creyó recibir la revelación de Dios –Alá-, que le hablaba a través del arcángel Gabriel y le comunicaba el secreto de la verdadera fe.

Animado por Jadicha, comenzó a predicar en su ciudad natal, presentándose como continuador de los grandes profetas monoteístas anteriores, Abraham, Moisés y Jesucristo. Por entonces Mahoma se limitaba a predicar la vuelta a la religión de Abraham.

Mahoma consiguió sus primeros adeptos entre las masas urbanas más pobres, al tiempo que se enemistaba con los ricos. Cuando sus seguidores se hicieron numerosos, las autoridades empezaron a verle como una amenaza contra el orden establecido; se le acusó de impostor y comenzaron las persecuciones. Una parte de sus seguidores huyeron a Abisinia, en donde recibieron la protección del negus cristiano. Pero las amenazas a la seguridad de Mahoma llegaron hasta tal punto que, después de la muerte de Jadicha y de Abú Talib en el 619, decidió huir al asentamiento agrícola de Yatrib, a unos 300 kilómetros al norte, el 16 de julio del año 622. Se considera el momento de esa huida -la Hégira– como fecha fundacional de la era islámica. Tras la Hégira se estableció la primera comunidad musulmana (umma) en Yatrib, y más tarde el episodio marcó el inicio del calendario musulmán, conocido como “era de la Hégira”. Poco después, Yatrib cambiaría su nombre por Medina.

En Medina, Mahoma tomó contacto con la comunidad judía, que le rechazó por su errónea interpretación de las Escrituras; comprendió entonces que su predicación no conducía a la religión de Abraham, sino que constituía una nueva fe: de entonces data el cambio de la orientación de la oración, de Jerusalén a La Meca. Combinando la persuasión con la fuerza, Mahoma se fue rodeando de seguidores, que empezaron a practicar las razias contra caravanas y poblaciones del entorno como medio de vida. Estas escaramuzas (Badr, Uhud…), elevadas a la categoría de batallas por la historia oficial, fueron descubriendo a los musulmanes la «guerra santa», el uso de la fuerza para someter y convertir a los infieles.

En Medina, Mahoma se convirtió en un caudillo no sólo religioso, sino también político y militar. Los enfrentamientos entre Medina y La Meca culminaron con la conquista de esta última ciudad por los mahometanos en el 630, fruto de la presión militar, de la negociación política y de convenientes enlaces matrimoniales (Mahoma se casó hasta con doce mujeres, nueve de ellas al mismo tiempo). El santuario de la Kaaba, piedra negra venerada en La Meca, fue inmediatamente consagrado a Alá. Poco antes de morir, Mahoma realizó una peregrinación de Medina a La Meca, que ha servido de modelo para este rito que todo musulmán debe realizar una vez en su vida.

 

 

Mahoma fue personalmente el creador de la teología islámica, que quedó reflejada en el Corán, único libro sagrado de los musulmanes; es una colección de sentencias que se suponen inspiradas por Alá y que fueron recogidas en vida del profeta y recopiladas después de su muerte, hacia el 650.

En los dos últimos años de la vida de Mahoma el Islam se extendió al resto de Arabia, unificando a las diversas tribus paganas que habitaban aquel territorio. Eran un conjunto de tribus semíticas politeístas, cuyo continuo estado de guerra entre clanes les había impedido hasta entonces tener protagonismo alguno en la historia. A pesar de haber nacido en una región atrasada y marginal del planeta, y de proceder él mismo de un ambiente modesto, Mahoma convirtió a las belicosas tribus árabes en un pueblo unido y las embarcó en una expansión sin precedentes. Al morir Mahoma sin heredero varón, estallaron las disputas por la sucesión, que recayó en el yerno del profeta, Abú Bakr, convertido así en el primer califa o sucesor.

El Islam es una religión monoteísta, pero el Dios semita es diferente del occidental. Es incognoscible e innombrable. Se encuentra fuera del mundo y no está sujeto a las leyes del espacio y del tiempo. El universo no tiene autonomía, sino que es dirigido por Dios.

Islam significa sumisión o entrega incondicional a Dios. La revelación divina se recoge en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, revelado a Mahoma entre el 610 y el 631, y recopilado hacia el año 650. Es un código religioso y social, base fundamental de la ley. Corán o Qur´an significa lectura de una palabra oída, escrita y dicha.  Mientras que en el Cristianismo Dios se hace carne, en el Islam se hace palabra. Todo es palabra de Dios que al revelarse se hace mundo. Por eso, el lenguaje es protagonista en la vida del creyente, que debe cumplir cinco obligaciones (Ver Los fundamentos del Islám, del Qadi ‘Iyad, traducción de Abdel Ghani Melara, editorial Kutubia, 1999),  los Cinco Pilares de la religión islámica, el llamado por algunos “el llamador” ó “aldaba” por la representación de una mano (cinco dedos):

  • SHAHADA. La profesión de fe, es decir, el reconocimiento de la autoridad y unicidad divina, monoteísmo.
  • SALAT. La oración, cinco veces al día, mirando a la Meca
  • SAUM. El ayuno, la práctica del Ramadán
  • ZAKAT. La limosna legal y obligatoria
  • HAYY. La peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida

En Medina, Mahoma reunió a un grupo de creyentes para celebrar la oración comunitaria. La casa de Mahoma consistía en un recinto cuadrado de muros de adobe abierto a un patio, rematado por un soportal o cobertizo en el lado sur. En el muro oriental se levantaron las habitaciones de las mujeres del Profeta, volcadas hacia el patio, donde se reunían los fieles para orar bajo las directrices de Mahoma, que se subía en un estrado para dirigirles. En esta disposición se ha querido establecer el origen de las futuras mezquitas, que suelen presentar un patio interior (sahn) rodeado de pórticos (riwaqs) y un espacio cubierto (haram), articulado mediante naves de columnas y delimitado por la quibla, el muro que señala la dirección de La Meca.

El escaso ritual del culto islámico dio lugar a dos tipologías de carácter religioso: la mezquita (masjid), recinto donde la comunidad se reúne para orar, y la madrasa o escuela coránica. Dentro de la arquitectura civil destacan los palacios y las ciudades, en las que se consiguió un planeamiento racionalizado de acuerdo con las canalizaciones de agua y la protección frente al calor. Otro edificio importante en el Islam es el mausoleo, enterramiento de un gobernante y símbolo de su poder terrenal. Todos estos edificios religiosos y seculares tienen numerosos elementos estructurales y decorativos en común.

Mezquitas. El muro de la quibla indica la dirección hacia la que los musulmanes deben dirigir su oración, la ciudad santa de La Meca. Para diferenciarla del resto de las paredes del templo se abre en ella un pequeño ábside o nicho llamado mihrab, similar al altar cristiano pero sin su contenido simbólico. El resto de las sala de oración es un espacio techado indiferenciado, dividido en ocasiones por series de arquerías sobre columnas, paralelas o transversales al muro de la quibla. Esta disposición, heredada de las basílicas paleocristianas y transformada por el culto musulmán en la tipología conocida como mezquita hipóstila, evita las articulaciones espaciales jerarquizadas, características de sus antecesoras cristianas. Otra de las novedades de estas salas hipóstilas es su capacidad para crecer indefinidamente, como en el caso de la mezquita de Córdoba (España, siglos VIII-X), ampliada en numerosas ocasiones debido al aumento de la población. Patio: Las mezquitas, sin embargo, mantuvieron la concepción primitiva del rezo al aire libre, en un patio rodeado de soportales que proporcionaban sombra a los fieles. Por ello la sala de oración permaneció como un espacio abierto al patio o sahn, que siguió siendo un elemento importante del conjunto, a menudo con igual o mayor superficie que la zona cubierta. En algunos casos como en las mezquitas de Córdoba o Sevilla (España) el sahn imitaba la configuración interior por medio de filas de naranjos alineados y a la misma distancia que las columnas de la sala adyacente. Además, en el patio solían aparecer dos elementos característicos: la fuente para las abluciones (sabial) y la torre para llamar a la oración, el alminar o minarete, siempre en el lado sur de la mezquita.

Mimbar y macsura. El mimbar o púlpito se utilizó por primera vez en la mezquita de Medina. Al principio se empleaba como estrado, pero pronto se convirtió en un verdadero púlpito para la predicación del imán. Otro de los elementos característicos de las mezquitas es la macsura, un espacio acotado por arquerías situado delante del mihrab y decorado con mayor riqueza. Es un ámbito destinado a los gobernantes de la comunidad con el fin de protegerles de sus enemigos, especialmente después de que varios de los primeros califas fueran asesinados por la espalda durante la oración.

Madrazas. Bajo los Abasíes se introdujo en Irán una nueva tipología de edificio religioso, la madrasa o seminario religioso. Su forma, basada en la arquitectura Sasánida, dio lugar a un nuevo tipo de mezquita que se difundió rápidamente por numerosos países. La madrasa y la mezquita-madrasa están configuradas por iwanes, es decir, salas emplazadas en los ejes de un rectángulo que se abren con grandes arcos a un patio central. Las madrasas suelen disponer de habitaciones en torno al patio dedicadas al estudio o a los dormitorios de los estudiantes.

 

 

Decoración arquitectónica. Es un arte ecléctico, es decir, de síntesis y la manifestación artística más importante es la arquitectura. El material que emplean es un material pobre, que recubren para dar sensación de riqueza, la decoración se llama ataurique (decoración vegetal, inspirada en el acanto griego, estilizada) y el alicatado (decoración de temas geométricos sobre azulejos). El estuco, el ladrillo y el azulejo. Los Selyúcidas añadieron la cerámica vidriada. La superficie de los mihrabs, con sus bandas de inscripciones coránicas, se realizaron en estuco tallado o barro vidriado. Los paneles murales se adornaron con motivos decorativos de lacería geométrica sobre azulejos. En la Córdoba califal, los mihrabs se recubrieron con teselas de mosaico de colores brillantes. La gama cromática incluyó el dorado y el verde, que se aplicaban mezclados en vez de por separado. Las celosías (sebka) de madera tallada, en ocasiones con incrustaciones de marfil, también proporcionaron un soporte para la decoración arquitectónica en el mundo islámico. Se emplearon en macsuras, mimbares, ventanas, pantallas y puertas.

Aunque gran parte del repertorio ornamental es heredado, los artistas musulmanes crean una nueva forma de expresión. Cuatro son los elementos básicos: la caligrafía, los motivos vegetales, los geométricos y los figurativos.  Todas las obras destacan por su elegancia y refinamiento.

Utilizan el arco de herradura, estrechamente ligado a la arquitectura islámica, pero su origen se remonta al Imperio romano, que esta dividido en dovelas y enmarcado por el alfiz. Los visigodos de la Península Ibérica lo emplean en numerosas ocasiones, y los Omeyas lo adaptaron para las construcciones musulmanas. Otro de los arcos empleados por los arquitectos islámicos fue el apuntado, de origen sirio-romano y también recogido por la dinastía Omeya, aunque más tarde se difundió por el califato de Bagdad. Desde allí se transmitió hacia África, y los pueblos beréberes del Atlas lo exportaron hacia sus territorios españoles, donde se conservó entre los artífices mudéjares. También se utilizan los lobulados y mixtilíneos.

En España se dan cuatro periodos fundamentalmente

  • Arte califal
  • Arte de los Reinos de Taifas
  • Arte almorávide y almohade
  •  Arte nazarí

 

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

 

Publicado en el Blog de Campos el 24-05-2018

 

 

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