Fascistas 2/3

Los fascistas creen que la democracia liberal es obsoleta y consideran que la movilización completa de la sociedad en un Estado de partido único totalitario es necesaria para preparar a una nación para un conflicto armado y para responder eficazmente a las dificultades económicas. Tal estado es liderado por un líder fuerte -como un dictador y un gobierno marcial compuesto por los miembros del partido fascista gobernante- para forjar la unidad nacional y mantener una sociedad estable y ordenada. El fascismo rechazas las afirmaciones de que la violencia es automáticamente negativa en la naturaleza, y ve la violencia política, la guerra y el imperialismo como medios que pueden lograr el rejuvenecimiento nacional. Los fascistas abogan por una economía mixta, con el objetivo principal de lograr la autarquía mediante políticas económicas proteccionistas e intervencionistas.

… / … El denominado desastre de 1898 significó para España una frustración nacional equivalente a la guerra franco-prusiana para Francia o la Primera Guerra Mundial para Alemania e Italia. Se produjo una introspección negativa que se plasmó en un interminable debate intelectual sobre el Ser de España, mientras se ahondaban las fracturas internas (social, territorial y religiosa, lo que se ha venido en denominar las dos Españas) que llevaron a la Guerra Civil Española de 1936. La crisis del sistema político de la Restauración, un liberalismo controlado por la oligarquía y el caciquismo, se prolongó en medio de crisis periódicas (Semana Trágica de 1909, Crisis de 1917, Desastre de Annual de 1921) hasta que el ejército, con una trayectoria secular de intervención en la vida política, impuso al cirujano de hierro demandado por los regeracionistas con la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Las soluciones económicas autárquicas y corporativistas, y el desprecio de las instituciones parlamentarias le asemejan al contemporáneo fascismo italiano, pero no se pretendió crear un estado totalitario y la decisión de instaurar algo semejante a un partido único (la Unión Patriótica, 1925) no llegó a pasar de un tímido intento. No se produjo una gran intensificación de la represión política ni social: la Organización Corporativa Nacional contó incluso con la colaboración del sindicato socialista UGT. Ante la pasividad de la mayor parte de la sociedad civil, la oposición estuvo organizada por grupos de intelectuales y los partidos republicanos. A la caída del dictador, el gobierno de transición que le siguió recibió el cómico nombre de dictablanda.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, Ernesto Giménez Caballero comenzó a difundir la ideología fascista. Admirador de Mussolini, había visitado Italia en 1928. A su vuelta propagó lo que él llamó la “latinidad” militante. Admiraba Roma como la capital de la religión y del fascismo.​ Pero fue Ramiro Ledesma, que trabajó en La Gaceta Literaria que editaba Giménez Caballero, quien un mes antes de proclamarse la Segunda República Española fundara la revista La Conquista del Estado inspirada en su homónima italiana La conquista dello Stato, como él mismo dice, germen del fascismo español.

El día 14 de marzo de 1931, justamente un mes antes de proclamarse la república, comenzó a publicarse un semanario político. La Conquista del Estado, en cuyos números se encuentran todos los gérmenes, las ideas y las consignas que luego, más tarde, dieron vida y nombre a las organizaciones y partidos de tendencia fascista que hoy conocemos.

En su tercer número reivindicaba “imponer violentamente su política”. El siguiente número, que salía el 4 de abril, fue retirado por la policía. ​

La Segunda República Española (1931) llegó en medio de una fiesta popular que rápidamente derivó en una intensificación de la lucha de clases y del resto de las contradicciones acumuladas.​El 4 de junio La conquista de Ramiro Ledesma salía a la calle con la proclama: “¡Viva la Italia fascista! ¡Viva la Rusia soviética! ¡Viva la Alemania de Hitler! ¡Viva la España que haremos! ¡Abajo las democracias burguesas y parlamentarias!”

Ramiro Ledesma fundó en 1931 las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista junto a Onésimo Redondo, primera organización política española de categórico cuño fascista. Las JONS aspiraban a desarrollar un nacionalismo revolucionario de tipo fascista que pudiera competir con la izquierda entre las clases bajas.

Más adelante surgiría la Falange Española fundada por José Antonio Primo de Rivera. José Antonio, se interesaba ya a fondo en algo bastante parecido al fascismo (de cuño italiano) como vehículo capaz de dar forma y contenido ideológico al régimen autoritario nacional proclamado, con tanta inseguridad, como poco éxito por su padre. […] José Antonio no se mostró al principio opuesto a emplear la etiqueta de “fascista”.​ Según Payne, la Falange no se diferenciaba en ningún aspecto significativo con el partido de Mussolini, llegando en casos a utilizar su misma retórica.​ En ese ambiente se mimetizaron y adaptaron los lemas y símbolos fascistas (saludo romano, camisa azul, yugo y flechas, etc.).

En febrero de 1934 la Falange de José Antonio se fusionó con las JONS de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma. El entusiasmo de este último por Hitler, su oratoria demagógica y su indudable proclividad a los procedimientos violentos convirtieron a las Juntas de Ofensiva Nacional–Sindicalista por él fundadas en el sector más radical de la Falange. ​

 

 

La Guerra Civil supuso para el bando sublevado la unificación de todos los partidos políticos en un único Movimiento Nacional (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), que pretendía convertirse en el único cauce de participación en la vida pública y encuadrar todos los aspectos de la sociedad (Frente de Juventudes, Sección Femenina, Educación y Descanso) y de la economía, en un sistema corporativo (Sindicato vertical). En lo político, la caracterización del modelo de gobierno de la dictadura​ del general Francisco Franco se ha hecho como fascismo (a secas​ o con distintos adjetivos: fascismo rural,​ fascismo clerical,​) o como un régimen autoritario.​ Para otros no es un fascismo puro, sino un régimen típicamente reaccionario, que adoptó oportunistamente en sus inicios una fachada hitleriana-mussoliana y que pretendía la reproducción feudal. ​

Posiblemente la razón principal de su prolongada existencia en el tiempo fue la visión pragmática de Franco tanto hacia el exterior como en el interior. Sus relaciones internacionales pasaron de la alianza con el Eje durante la guerra civil a la neutralidad en la primera fase de la Segunda Guerra Mundial (benévola hacia el Eje, pero manteniendo garantías hacia a los aliados). La invasión de Rusia provocó el reclutamiento de una División Azul que se reunió en el frente ruso con otras similares de los países satélites del nazismo. La derrota de Alemania condujo al aislamiento internacional, mientras se acogía en España a muchos de los líderes fascistas que huían de sus países. Tras una durísima posguerra de autarquía y nacionalcatolicismo, el franquismo supo aprovechar la oportunidad que le ofrecía la Guerra Fría para superar su aislamiento mediante la alianza con los Estados Unidos desde 1953.

No se admitía oposición interna, pero se administraban salomónicamente cuotas de poder entre las distintas familias del franquismo (azules o falangistas, militares, carlistas, católicos, tecnócratas). En los textos legales y las proclamas políticas, la autodefinición de su régimen evolucionó de ser un Estado totalitario en los años treinta (Fuero del Trabajo de 1938, de clara inspiración fascista italiana) a un impreciso Reino en los años cuarenta (Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947) y una Democracia Orgánica en los sesenta (Ley Orgánica del Estado de 1967).

Jorge Vilches, profesor de Historia del Pensamiento y Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense de Madrid:

En los estudios serios, no marxistas, se concluye que el fascismo en España no ha funcionado nunca. La CEDA no encaja con los modelos fascistas europeos. La Falange llegó tarde, pero se convirtió en hegemónica desde 1936 debido a la Guerra Civil y al interés de Franco por mantener una ideología y un encuadramiento civil, además de un vínculo con la Alemania nazi y la Italia de Mussolini.

En cuanto cayó el italiano en agosto de 1943, Franco, un superviviente que entendió entonces lo inevitable de la victoria aliada, comenzó la lenta pero imparable desfascitización. A principios de la década de 1950, el nacionalcatolicismo terminó de convertir el nacionalsindicalismo en mera parafernalia simbólica minoritaria. Por esto, ningún estudio internacional prestigioso considera el franquismo como un fascismo que duró 40 años. Ni siquiera para el progresista Robert O. Paxton en su The anatomy of fascism, quien escribió que “los dictadores Franco y Salazar redujeron los partidos fascistas a la impotencia”.

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

 

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 12-05-2017

Publicado en el Blog de Campos el 12-05-2018

 

 

 

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