Todo a Cien – 269 Santa Bárbara

Santa Bárbara fue una mártir cristiana del siglo III, flagelada, desgarrada con rastrillos de hierro, quemada con hierros candentes y decapitada por su propio padre, que se oponía a su creencia religiosa. Es patrona de las profesiones que manejan explosivos y, especialmente, del Arma de Artillería que como bien se sabe, es aquella que dispara sobre la Infantería, a ser posible, la enemiga.

No nos acordamos de Santa Bárbara hasta que no truena, se decía cuando yo era pequeño y las tormentas duraban días enteros, rayos y truenos que en muchos casos acababan en los pararrayos que había en las iglesias. Llovía durante días seguidos, la nieve se hacía hielo y había que caminar agarrándose a las rejas de las ventanas, botas Gorila, abrigo de fuerte paño rehabilitado del padre o del hermano mayor, guantes de lana, gorro en la cabeza y sabañones en las orejas. No había calefacción ni agua caliente. Brasero con carbón o piconcillo, y puchero con agua puesto a calentar en la lumbre de la cocina económica.

Años después, los cañones se limpiaban todos los días, se engrasaban, estaban impolutos para su uso inmediato, pero durante el tiempo que estuve en el Servicio Militar, no se dispararon ni una sola vez. El cañón más famoso y utilizado era una taberna así llamada, que estaba frente al Regimiento que, por unas u otras causas, siempre se encontraba a tope de soldados, cabos y suboficiales.

Hoy casi no llueve, las tormentas son escasas y los cañones están, y así deben seguir, mudos. Pero aún me acuerdo de la oración del artillero.

«Gracias Señor, gracias te doy porque me diste la gracia de ser de los primeros. Me diste por tu amor ser lo que soy, me diste la aristocracia de ser solamente un artillero. Bombardas, culebrinas, falconetes, morteros, obuses y cañones. ¡Qué importa si iluminan hasta los cielos enteros con sus bellas explosiones! Sin escudos al amparo mi corazón se embarga de los más bellos sones al oír los disparos, descarga tras descarga, de acerados cañones. Un fuerte, una muralla, parapeto, trinchera, un fortín, un abrigo todo el aire es batalla y explosión artillera en el campo enemigo. No importa vivo o muerto ser general, teniente, cabo apuntador o artificiero. Sólo importa, muy cierto, el oficio más bravo de ser solamente hijo de Santa Bárbara y artillero.»

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 04-12-2017

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