Abdelardo Satíra

Se llamaba Abdelardo Satíra, había nacido en una familia de clase media, cursó los estudios que libremente eligió y fue destinado a Villatempujo del Monte después de hacer las primeras prácticas en la capital de provincia.

Fue muy bien acogido por todos sus conciudadanos. Tendría unos cuarenta años, evidentemente había nacido en democracia, alto, siempre con barba de tres o cuatro días de antigüedad, amparaba a los pobres, los parados tenían acceso directo a un puesto en su mesa, los jubilados que habían cotizado veinte años y tenían una pensión de cuatrocientos euros, las madres solteras que no tenían ayuda para vivienda, y un grupo de jóvenes a los que ayudaba en sus estudios y con los que se reunía todas las tardes en un viejo caserón abandonado a las afueras del pueblo. Era una persona dentro de los parámetros habituales y que la gente estaba satisfecha con él”.

Contemplaba una vida de esfuerzo, había prohibido beber vino, instaba a lapidar a las mujeres si tenían sexo fuera del matrimonio, indicaba a los maridos dónde y cómo tenían que pegar a sus mujeres para que les obedeciesen, no relacionarse con personas que no fueran católicas, como ese jovenzuelo marroquí que pululaba por el pueblo e iba diciendo que era estudiante porque se lo pagaba el Gobierno español, tenía vivienda gratis y una subvención mensual para comer, joderos si os da envidia, haber nacido en otro país y haberos venido a España, porque yo estoy disfrutando de los impuestos que vosotros pagáis.

El Comandante de Puesto de la Guardia Civil, un Sargento que había leído todas las historias de Plinio, el guardia de Tomelloso que resolvía los casos policíacos a base de observación, constancia y sencillos razonamientos sobre aquellos del pueblo a quien servía, consideraba que todo estaba en calma, que en su destino anterior en Melilla se respetaba y se permitía entrar en nuestro país a todo el que lo quisiera, que se les recibía con mucho cuidado y órdenes de no molestar excesivamente a quién así lo hiciera, que los políticos permiten cualquier cosa, siempre que no haya sangre por medio, para perpetuarse en el poder, unos, y los otros para destruir ese poder y reemplazarlos con la misma inoperancia y ambición. Si no hay novedad, paga segura.

 

 

Mes de agosto. Sol canicular. Media España de vacaciones. Millones de europeos al sol de las costas españolas. Fuengirola. Málaga. Andalucía. España. Ochenta mil habitantes censados. Su población se multiplica por tres en el verano. Centro Cultural Islámico. Inaugurado en 1993. Viernes. Horario de rezos de las 18:07 horas. Cinco encapuchados disparan con armas largas de repetición a los guardianes que se encuentran tras la verja de entrada. Otros cinco aparecen en el Haram – Sala de oraciones, lanzan botes de humo, confusión general, y disparan a discreción sobre todo lo que se menea. Huyen en una furgoneta alquilada cuarenta y ocho horas antes, a través de la Avenida Miramar hasta tomar la autopista del Mediterráneo.

Islamofobia. Xenofobia. Racismo. Asesinos. Fachas. Fascistas. Matarlos sin juicio. Balas a dos euros y no largos y costosos procesos judiciales. Algunos Partidos Políticos incitan a quemar iglesias. Algún ingrato reconstruido por la sanidad española le echa la culpa al Rey por haber presentado en su día sus credenciales al Papa. Personajes con sangre sucia manchan su lengua a la vez que sus manos contaminadas con tinta de dólares. Algunos políticos catalanes dicen que es un acto de Estado para que los musulmanes no voten a favor de la independencia de Cataluña, la alcaldesa de Madrid se ofrece a acoger en su chalet a los familiares de los muertos, igual esos otros presentadores de televisión que tienen no sé cuántas propiedades, cuatro cadáveres políticos se levantan de sus tumbas aún con carne colgando de sus huesos, los imanes y doctores al frente del islamismo dicen que es absolutamente inaceptable y llaman a sus adeptos a luchar contra la Cruzada Cristiana del siglo XXI, no se trata de un grupo asesino liderado por el cura de un pueblo perdido, son los cristianos, todos, los que han cometido el atentado, los asesinatos, asesinos integrales, muerte al cristianismo, cáncer del pueblo insuflado en los jóvenes desde su más tierna infancia.

Este cuento no tiene moraleja. Que cada uno considere la suya. Solo dos razonamientos.

  • Blas de Lezo y Olabarrieta. Almirante español, vasco, 1689-1741.

“Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden”.

  • León Felipe. Zamorano. Poeta. 1884 – 1968

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

Antonio CAMPOS

http://www.es.ancamfer.wordpress.com

Publicado en Mesa de Estudio Siglo XXI el 16-09-2017

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 16-09-2017

Publicado en el Blog de Campos el 18-09-2017

 

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