Financiación municipal

Que los Ayuntamientos, en general, están sobre endeudados, es un secreto a voces. Que en cualquier momento no van a tener tesorería para pagar los servicios fundamentales de personal, luz, limpieza y similares, tampoco, aunque muchos ciudadanos no son conscientes de ello.

Todos queremos que el Estado, en sus diferentes escalones, solucione no los problemas, sino nuestro problema, y exigimos ello de diferentes formas, incluso algunas mediante reivindicaciones y algarabías callejeras, irrogándonos una representación que no tenemos, pues en una democracia los únicos representantes del pueblo son los elegidos en las urnas, siempre que las urnas sean legales y se ajusten a la Constitución.

 

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas

En fechas recientes, Alcalá de Henares ha sido punto de encuentro y reunión de las quince Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España. Uno de los temas tratados ha sido la financiación y la posibilidad de que “fundaciones privadas financien sus proyectos”.

Ese enunciado, así, sin más, puede dar lugar a diversas interpretaciones, desde derechos de peaje relacional hasta filantropías para los conciudadanos por parte de empresas y ricos locales. Pero no creo que sea el caso, sino más bien, otra búsqueda de soluciones alternativas a las financiaciones actuales.

Igual que están pensando subir las bases imponibles en el impuesto de Plusvalía Municipal, para paliar la falta de ingresos que van a tener por la compra-venta de inmuebles a pérdidas por parte de particulares, la financiación de terceros, hasta ahora, es a través de endeudamiento bancario y, entiendo, que lo que se pretende es añadir “fundaciones privadas” como proveedor de dinero municipal.

Esto no es nuevo. La “financiación a la alemana” mediante la que una empresa (promotora, constructora o explotadora) construye a sus expensas algo para el municipio, por ejemplo, un parking, a cambio de su explotación por cincuenta años, es utilizado de forma corriente en muchas ciudades. De ahí los altos precios de aparcamiento subterráneo, porque la empresa explotadora tiene que amortizar el capital invertido y sacarle un rendimiento a dicho capital, con plazo de vencimiento.

Las autopistas en quiebra actual es un ejemplo de ello, mal ejemplo, pues quien en su día firmara eso no tuvo en cuenta que pudiera pasar lo que ha pasado y ahora el Estado, sea el Gobierno que sea, tiene que responder a lo suscrito en su momento.

Voy a poner un ejemplo, también mal ejemplo, según se mire o según el resultado final. Cualquier parecido con la realidad sería pura coincidencia, y lo hubiera detectado el organismo inspector de las entidades financieras.

Un grupo de inversores decide agruparse como “fundación privada” o “sociedad de capital” para concurrir a concursos públicos de diversos ayuntamientos, con la siguiente operatoria:

El ayuntamiento, siempre como ejemplo, quiere construir un complejo de piscinas y espacio de recreo en la ciudad.

La construcción se hará por parte del concesionario, precio cerrado, préstamo a veinticinco años e intereses, seguimos en ejemplos, del 4,5%.

Con la carta de concesión, el grupo inversor se va a un banco y solicita un préstamo del importe de la inversión, al 1,5%.

Se hace la obra, se pone en funcionamiento con todo el boato posible, y a funcionar.

Con la obra terminada y el documento de préstamo al ayuntamiento como única garantía, el grupo inversor constituye un Fondo, que comercializa el banco prestamista y con cuya liquidez se paga el préstamo. Todo el mundo gana. El ayuntamiento que tiene gratis las piscinas, a pagar en veinticinco años; el banco, que ha cobrado el principal y los intereses de su préstamo, así como la comisión por colocación del Fondo, a sus clientes o a cualquier otro fondo propio, o del mundo, que no sabe lo que tiene en su cartera; y el grupo inversor, que al final no ha puesto un euro y ha obtenido beneficio por sus gestiones, por la venta al fondo y por la diferencia de intereses.

Todo esto, evidentemente, no se podría hacer sin el concurso de todos los factores intervinientes, a la vez. Ahí lo dejo.

Y saldría perfecto si los ayuntamientos pagasen. Pero … Hace ya bastantes años, en un país sudamericano, un banco llamaba a sus acreditados no para que pagaran, que sabía era imposible, sino para que tuvieran la gentileza de firmarles la renovación de sus créditos.

Así ha funcionado esto y así están las finanzas mundiales, de la que esta historia es un pequeñísimo ejemplo. Si se pagasen las deudas de todos y cada uno de los que debemos, se pararía el mundo.

 

 

http://www.alcalahoy.es/2017/06/04/financiacion-municipal-por-antonio-campos/

Publicado en el Blog de Campos el 05-06-2017

 

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