Acaba el mes de febrero

Acaba el mes de febrero. Copio textualmente una entrada del Blog del General Dávila. Habla del casi felizmente ya olvidado 23F y, sin decir nada, se lee entre líneas tormentas, barro y lodos que llegan hasta hoy. De libre traducción para cada lector.

 

 

Desengáñense. El 23F no hubo un golpe de Estado. Hubo dos. El conocido y otro tan desconocido como para no saber nada, pero sufrirlo todo. Uno real, poco serio, y otro virtual. Del primero está casi todo dicho, aunque no todo, y el segundo intuimos que  algún día reventará. Todavía está en marcha. Aparente, pero no real. Eso nos creemos. ¡No pasa nada!

Uno.- Pujol se quedó muy tranquilo. Algo le había transmitido Tarradellas. La información fluía desde lo más alto de la defensa, pero solo llegaba después de traspasar la cortina de humo. El primer golpe de Estado fue una chapuza extraña. ¿Alguien piensa que un teniente general de nombre Jaime Milans del Bosh y Ussía iba a cumplir o avalar las órdenes de un teniente coronel de la Guardia Civil?

Suele ocurrir cuando te enteras solo de la mitad del enunciado. No es eso, no era eso. Precipitación y desencanto para unos, despiste para otros, provecho hubo sin duda para alguno. La mayoría no entendió nada y sigue sin entender.

Dos.- El golpe político, que muchos conocen, ahora tiene sus derivadas. Buenas armas para empezar era tener un seguro de vida. Como mínimo el 3%. Luego ya contaremos con el extremismo radical, pero ¡ojo!, que quede claro que el que manda es el 3%.

Escribió Gabriel Albiac: ‹‹La corrupción sabiamente  administrada suelda fidelidades más firmes que cualquier sentimiento noble››. No he encontrado mejor definición para los silencios y las lealtades interesadas. Sólidas cadenas de eslabones bancarios y pufos millonarios. Todo empezó hace tiempo, antes del 23F de 1981, y ahora aflora cuestionando el Estado de Derecho. Puede ser que se hayan mezclado las cosas… y los casos. Golpe a golpe. Como antaño.

Sonó como una fría descarga: ‹‹Me llamaron fascista y mierda, vete de Cataluña››. Una fiscal asustada e indignada tiene que buscar protección en los mozos de escuadra. ¡Libertad! ¡Derecho a decidir! La libertad enfangada y el derecho convertido en dictadura. Pero lo definen como un ‹‹marco mental›› que justifique la intervención del Estado. Contra el golpe de Estado intervención del Estado. ¿O no?

Un parlamento en clara rebeldía. Ya no es virtual. ¿Habrá quién lo pare?

Si robas, depende de la cantidad, vas más o menos años a la cárcel (?). Si robas un trozo de España mediante un auténtico golpe de Estado, desde las instituciones, no pasa mucho. Queda en una broma: ‹‹Queda usted inhabilitado››.

A lo que el inhabilitado contesta: ¿Y a mi qué? Otros vendrán que bueno me harán.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Publicado en el Blog de Campos el 28-02-2017

 

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