Hay que buscar una solución

Es difícil que en el siglo XXI, dependiendo del dinero de Europa, formando parte de la OTAN y estando bajo el paraguas militar de Estados Unidos, se produzca una nueva lucha fratricida en España, esta vez por descomposición de la unidad de la nación. Con eso cuentan y se amparan vascos y catalanes.

Por esas cosas de la vida, he sido maketo y charnego, de percentil alto, y conozco su sumisión a los más fuertes, económicos y políticos, y su opresión a los más débiles, entiéndanse como tales a aquellos a los que han ido formando por inmersión lingüística y social desde los primeros tiempos de la democracia, que no conocen otra cosa que esa formación unidireccional, traspaso de las responsabilidades culturales que dichas autonomías han utilizado con la misma intensidad que se enseña en las madrazas islamistas.

Hemos dejado atrás los “años de plomo” protagonizados por los vascos, protegidos por una sociedad matriarcal y una red de caseríos difícil de conocer, localizar y comprender por quien no lo ha vivido. Evidentemente, muchos vascos se sienten españoles. Pero no podrían haberse llevado a cabo más de mil asesinatos si los que los realizaron no hubieran contado con la colaboración de mucha gente, por acción de cualquier tipo u omisión en muchos casos.

Vivir en aquella época en el País Vasco, principalmente en las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya, era permanecer en silencio cómplice, sin fiarse para nada de amigos, conocidos, vecinos o compañeros de trabajo, de cualquier trabajo. Conozco situaciones que van desde relaciones entre personas jóvenes que al final resultan policía y etarra, hasta un interventor de banco que facilitaba el listado de los clientes más importes de su empresa a los mal llamados gudaris.

En algunos pueblos era conveniente que no te oyeran hablar en castellano, te clavaban con los ojos si no dejabas propina en el cubo de zinc, para que sonase, de las herriko tabernas, y nadie movía un solo dedo cuando ocupaban inesperadamente la calle, paralizando el tráfico rodado, sin que sonase ni un solo claxon.

En estos momentos, el problema independentista está mucho más acentuado en Cataluña, que eligió una forma más lenta de llevarlo a cabo, pero mucho más sibilina.

Escribí hace años que el catalán es una mezcla de mercader fenicio y leyenda merovingia, trabajador, culto, ahorrador, serio, decidido, pacífico, no encaja bien los chistes en los que se siente reflejado, sexualmente liberado, más las mujeres, mantenedor de sagas familiares, burgués, a lo que todo catalán aspira, botiguer, que es un concepto mucho más amplio y sofisticado que tendero, ante un semáforo en ámbar el madrileño acelera y el catalán frena, mal banquero a lo largo de la historia, más europeo que el resto de españoles, no toma cervezas después de salir de trabajar y paga a escote. Y quienes son verdaderamente inteligentes son las mujeres, que dirigen a sus maridos y compañeros en la sombra y sin que estos se den cuenta.

 

 

La pretendida actual independencia de Catalunya se empezó a gestar en el año 1982; catalanes asentados en Madrid constituyeron un looby alrededor de una mesa justificada por los productos autóctonos y cuyos comensales eran seleccionados e invitados en función de sus intereses de aquella época y futuros ya entonces prestablecidos; y mucho más importante, la cultura catalana, y solo catalana, se implantó en la educación escolar, de tal forma que muchos de los nacidos en democracia escriben con faltas de ortografía en castellano y no conocen la historia de España; y las subvenciones a los medios de comunicación catalanes, algunos verdaderos “voz de su amo” en manipulación y adoctrinamiento nacionalista.

Transgresión de los autos del Tribunal Constitucional, no acatamiento de leyes estatales, ley de Transitoriedad Jurídica Catalana, Hacienda Catalana en “el que no pague será requerido”, desconexión programada con España, referéndum anticonstitucional previsto para septiembre 2017, “o referéndum o referéndum, por las buenas o por las malas” según Puigdemont, y otras muchas actuaciones contrarias a la legalidad vigente española, apoyos subliminales, entre otros, de Catalunya Ràdio para “impedir físicamente” que Mas sea juzgado por la consulta habida el 9-N, la CUP y Unidos Podemos como socios, ruptura con España, que sostiene a Cataluña de la quiebra económica en la que se encuentra. El profesor Gabriel Tortella, catalán de cuna, entre otros muchos, revoca documentadamente los argumentos que esgrimen los independentistas.

Pero aun sabiendo que van al abismo, siguen en su empeño, pretendiendo engañar al mundo con su transgresión a la Constitución Española, en cuya votación las cuatro provincias catalanas estuvieron entre las quince con mayor porcentaje de votantes a favor de la Constitución, todas a cinco o más puntos de Madrid, ocho de Valladolid y a diez de Toledo; el 91% de los votantes catalanes lo hicieron a favor, por tan solo el 86% de Madrid; uno de cada nueve votantes de Madrid lo hicieron en contra, mientras que en Barcelona fueron uno de cada veintiuno y en Lleida uno de cada veintiséis. Con estos datos, parece que Catalunya estaba claramente a favor de la Constitución.

Sin ley no hay democracia; la ley es garantía de igualdad y como decía Salvador Espriu “tots som esclaus de la llei perquè poguem ser lliures“. Cuando los políticos se sitúan por encima de la ley se llama despotismo. Cuando los políticos dicen obedecer directamente “al poble” y se saltan las leyes, se llama totalitarismo. Es texto copiado de Dolça Catalunya.

Pero lo cierto es que existen unas raíces históricas y una transmisión cultural verbal desde muchas generaciones anteriores, que provocan un desencuentro permanente con el resto de España.

Negociar es ceder desde la PMF de las partes intervinientes hasta llegar a un consenso. Soy de los que opina que nos equivocamos en el “café para todos” en el tema autonómico de la Constitución. Creamos un monstruo en cargos públicos y gastos innecesarios, unos himnos y banderas artificiales en ciudadanos que no sabían qué era eso de las autonomías, todo ello para no reconocer la realidad que, tozuda, persigue a España desde hace muchos años: Catalunya y Euskadi.

Si en vez de tratar de averiguar quién la tiene más grande, la lengua, entre PP y PSOE, se hiciera una Segunda Transición pacífica, habría que encontrar una solución a este problema, que nos afecta a todos los españoles, encajando estos dos territorios históricos en una España pluricultural, solidaria, moderna, en la que la totalidad de ciudadanos se sientan cómodos e integrados. Una vez haya nuevo Gobierno, el que sea, probablemente, es la mayor urgencia que hoy tiene España.

 

Publicado en PUERTA DE MADRID de Alcalá de Henares el 22-10-2016

Publicado en el Blog de Campos el 22-10-2016

 

 

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