Sobre el talento

LA VOZ DE GALICIA “AÑOS 60”

Comentando cierta forma de triunfo discutía recientemente con alguien acerca de la identidad existente entre talento y el éxito.

La cuestión es vieja: ¿es imprescindible el talento para triunfar?

O mejor formulada aun esta duda: ¿Qué tiene que ver el talento con esas otras condiciones  – astucia, sentido de la oportunidad, simpatía, eficacia, incluso laboriosidad – que condicionan, generalmente, al triunfador, al hombre que se sitúa en la zona desde la que son familiares dos elementos característicos del éxito: el dinero y la autoridad.

Ya saben que en sus famosas “Leyes” el norteamericano Parkinson establecía cuatro tipos humanos fundamentales en toda empresa o colectividad.

Estos eran: el INTELIGENTE TRABAJADOR, el INTELIGENTE VAGO, el TORPE TRABAJADOR y el TORPE VAGO.

A simple vista, parecería que el mejor elemento de los cuatro era el INTELIGENTE TRABAJADOR, mientras que el peor resultaría el TONTO VAGO, pero he aquí que Parkinson descubre – con evidencia lógica – que mientras el peor es el TONTO TRABAJADOR – cuya tontería es incansable y cuya capacidad perturbadora está en proporción a su intensa actividad negativa, pues mientras más hace más estropea y deshace.

El mejor no es el inteligente trabajador, acaparado por las grandes y las pequeñas cosas, con detrimento de su rendimiento en las primeras a consecuencia de su dedicación a las segundas, sino que el más conveniente, el más decisivo, es el INTELIGENTE VAGO.

Este es un señor contemplativo y reflexivo que actúa de tarde en tarde, pero siempre con éxito, con habilidad, con seguridad.

Diríase que mantiene intactas sus estupendas potencialidades, descansadas sus fuerzas certeras, para las ocasiones decisivas.

Actuar poco y bien es siempre más conveniente y práctico que actuar mucho y regular.

¿Es esto, este racionar el esfuerzo con exacto sentido de la eficacia, el talento?

Quizás si. El talento puede ser eso, pero es también mucho más.

Yo diría que un hombre de auténtico talento es aquel que sabe discernir la medida del talento en los demás.

En la capacidad de calibrar al prójimo está la definición del calibre propio y el éxito no viene a ser sino la consecuencia de encontrar a las personas que nos lo hagan posible.

Vivir es, ante todo, convivir. Lo importante, pues, elegir con quién.

 

 

Publicado en el Blog de Campos el 14-07-2016

 

 

 

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