Esto no es lo que era

Hubo un tiempo, siglo pasado, en el que trabajar en banca era un seguro de permanencia y remuneración fija a final de mes. Cuando en España había pocas universidades, concentradas en un reducido número de capitales de provincia, quien no se podía pagar estudiar fuera de casa una vez que terminaba el Bachiller Superior, tenía tres opciones básicas: Ser cura, opositar a funcionario o aprobar oposiciones a un banco, porque todas ellas estaban bien vistas, había una estufa dónde calentarse y, salvo que metieras la mano dónde no debías, era un puesto fijo para toda la vida.

 

Una vez obtenida la entrada en cualquiera de ellas, siempre existía la posibilidad de trasladarse de sitio, acceder a estudios superiores y progresar en la profesión: Un cura de pueblo llegó a Cardenal; un funcionario llegó a Ministro y un botones del Banco Central llegó a Presidente de dicho banco. Preparación, trabajo y esfuerzo siempre fueron de la mano para conseguir el éxito, si éxito consideramos el haber progresado en la escala laboral y social.

 

En el sector bancario se confunde a menudo entre bancarios y banqueros. Antiguamente, tanto empresarios como banqueros eran los dueños del dinero, o sea, los que ponían el capital de la sociedad mercantil. Hoy en día no es así; unos y otros son los que administran la sociedad, tomando las decisiones  estratégicas de los negocios. En cualquier banco a nivel mundial, no pasan de 15/20 personas en su CDC – Comité de Dirección Central, que son los que ganan mucho dinero y tienen un fondo de pensiones para no tener que preocuparse de nada en el futuro.

 

El resto de empleados, con más o menos categoría profesional, son bancarios, la mayoría de ellos afectados por Convenio Colectivo cuyo origen se remonta a los años sesenta del siglo pasado.

 

En el Convenio del año 1981 se produjeron importantes modificaciones en los derechos sociales de los trabajadores, que tras una votación promovida por CCOO en las que ganó el NO, fue firmado por UGT, enterrando para siempre unas condiciones laborales favorables para los trabajadores desde los tiempos de Franco.

 

El mes pasado se firmó el  XXIII Convenio Colectivo de Banca para los años 2015 a 2018, suscrito por los Sindicatos y la Patronal Bancaria, que da cuerpo cierto a la distinción clara de dos tipos de plantillas, los anteriores y posteriores a este Convenio. Los antiguos cobrarán de acuerdo a los derechos adquiridos, hasta su muerte o rescisión de contrato, bien por desenganche laboral o prejubilación. Los nuevos mediante una nueva escala de salarios que, con el tiempo, sustituirá a la totalidad de los actualmente existentes.

 

A destacar las dos modificaciones más importantes en cuanto a calificación profesional y retribución anual:

 

A partir del 1 de enero de 2017 se establece un único Grupo profesional, denominado Técnico de Banca, habilitando un nuevo modelo de carrera profesional para las funciones comerciales especializadas (quedan fuera otras funciones como administrativas, jurídicas, crediticias, control, planificación, etc…) siendo el nivel mínimo el 8. Se mantiene el nivel 6 como mínimo para la función de Director y el nivel 8 para Técnicos con poderes.

 

Y se crea un nuevo tipo de nivel de ingreso en la profesión, con contrato indefinido desde el inicio, con seis meses de periodo de prueba, de dos años de duración, con un salario de referencia para el primer año en torno a los 18.000€ y 19.700€ para el segundo, en catorce pagas. Al término de los dos años se ascenderá a nivel 11, a los cuatro años de permanencia en nivel 11 se ascenderá a nivel 10 y así sucesivamente hasta la equiparación salarial a nivel 8 a los 24 años.

 

Para poder comparar, hay que decir que en Banca existen 15 grupos profesionales, o niveles, siendo el nivel I el más importante y el nivel XII el menos.

 

Estas modificaciones, que a primera lectura no parecen importantes, lo son. Porque en el futuro, ser empleado de banca no será un empleo seguro, nunca llegarán a cobrar lo que aquellos veteranos a los que sustituyan y dejan a mayor discrecionalidad de la empresa los niveles superiores al de Director de Oficina, además que bajo el título de Técnico de Banca igual puede ser uno técnico para archivar papeles que para ser Director General.

 

Que la banca pasa por problemas, menos de liquidez, todos: De rentabilidad, de morosidad, de inmuebles adjudicados, de crecimiento, de reclamaciones judiciales (la última, por los pagos a cuenta de la compra de viviendas sobre plano de promociones inmobiliarias, sin que el banco hubiera exigido, o prestado, en su momento el preceptivo aval de responsabilidad), de baja preparación profesional, de desmedida ambición personal, de indeterminación de estrategias a medio/largo plazo, de transformación de métodos y forma de hacer, …. Cuando no sale la Cuenta de Resultados por arriba, se empieza a hacer por abajo, o sea, recorte en los gastos, entre los que se cuentan los salarios de los empleados; cuando se agota esa fase, las fusiones; y luego …

 

 

Los nuevos empleados de los bancos son jóvenes titulados, aprobados con muy buenas notas en la convocatoria de junio, sin ningún suspenso ni repetir curso, hablando con fluidez al menos el idioma inglés, además del español. Son los mejores universitarios, pues hay tanto dónde elegir que los que no presentan estas características no son admitidos a examen y selección.

 

Cuando entran, Recursos Humanos les da la bienvenida y les dice que su ambición es libre, que algún día pueden ocupar la plaza de Director General. Empiezan a trabajar duro y a luchar contra ellos mismos y contra todos sus compañeros, en todo el mundo. Si ascienden rápido, se quedan. Si no, se van.

 

Pasaron los tiempos del empleo perpetuo y el personal preparado sabe que si traspasan la barrera de los cuarenta años sin colocarse en el puesto que ellos pretenden, les va a ser difícil encontrar un trabajo de nivel en otra organización, sin dejar de lado que la movilidad, geográfica, funcional y de empresa, junto al bajo importe a pagar por los despidos, va a traernos un problema añadido en el futuro, y va a ser los bajos salarios que se paguen por los empleos no especializados o básicos en cada empresa.

 

Hasta no hace mucho, el director de una oficina bancaria era una persona en la que se confiaba plenamente, como en el cura o en el médico de familia. Y, salvo excepciones, que las ha habido, el dinero estaba seguro.

 

 

Esta es una profesión que debe estar bien pagada, igual que los políticos, pues ven pasar mucho dinero, sin que se pare en ellos, y puede provocar malas intenciones. Quien evita la ocasión, evita el peligro, o más quijotescamente hablando en este IV Centenario de la muerte de Cervantes, “Quitada la causa, se quita el pecado (Quijote, II, 67)”.

 

Publicado en el Blog de Campos el 11-06-2016

 

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