IV Centenario de Cervantes – 2/5

De Alcalá de Henares a La Mancha

De La Mancha a Alcalá de Henares

02/05

 

En octubre de 2015 Vicente Sánchez Moltó, en una conferencia que impartió en la Sala Gerardo Diego de la Biblioteca Cardenal Cisneros, aseguró que tras examinar todas las partidas del libro de bautismos de la parroquia de Santa María, no le cabía duda de que Cervantes nació en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547, festividad de San Miguel. Asimismo, detalló que el bautismo tuvo lugar en la base de la torre, donde se encontraba el baptisterio, y no en la capilla del Oidor, a donde se trasladó la pila en 1905 y en la que hoy se exhibe una réplica con vestigios de la original, destrozada durante la Guerra Civil.

La última referencia documentada que he consultado es un artículo del 12-12-2015 en ABC, firmado por Belén Díaz e Ignacio S. Calleja, que textualmente dice así:

«Miguel de Cervantes, natural de Alcalá de Henares, residente en esta Corte, digo que a mi derecho conviene probar y averiguar, con información de testigos, de cómo yo he estado cautivo en la ciudad de Argel y cómo soy rescatado y lo que costó mi rescate…». La cita, en apariencia apunte de una de las obras del autor del Quijote, es, sin embargo, la prueba de fe, autografiada, de que él estuvo preso entre 1575 y 1580. La evidencia sobre su encarcelamiento, como otros tantos episodios de su vida, descansa junto a otros casi 50.000 ejemplares originales, conservados en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, descubierto por Cristóbal Pérez Pastor, al libro de Rodrigo de Vera, folio 1399, año 1580. Y la manifestación indubitada del lugar de su nacimiento.

En realidad el texto está tomado de La disputada cuna de Cervantes, año 2005, de José César Álvarez, un librito desapercibido para los grandes estudiosos pero, probablemente, el que mejor recopila las pretendidas ciudades del nacimiento de Cervantes.

Según este historiador en Puerta de Madrid del 31-01-2015: Durante una parte de los años veinte y treinta del siglo pasado, el Libro I de Bautismos de la Parroquia de Santa María estuvo expuesto en la Capilla del Oidor sobre un facistol con protección de luna y tela metálica, abierto por el folio 192 vuelto.

El 16 de julio de 1936, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el párroco de Santa María César Manero Zaro mete el libro de Bautismos en una caja de cartón y sale a la plaza para asegurarlo rápido en la casa de Don Pedro, un conocido sacerdote escolapio que iba allí a decir misa y que estaba de vacaciones en casa de su hermano, a cuatro pasos de la parroquia, en la calle Cerrajeros número 8. Salió el párroco con el bulto y en la misma plaza de Cervantes se encontró con el hermano de Don Pedro, Juan Raboso San Emeterio, el anfitrión, a quien, muy nervioso, entregó el paquete, No había llegado el bulto a la casa destinataria cuando se oyó un disparo. El libro se había salvado, pero el párroco, no. Don César cayó abatido ante la puerta del Ayuntamiento”. La iglesia de Santa María fue incendiada el 29 de julio de 1936, por la noche y de manera intencionada.

A partir de aquí, hay dos versiones diferentes, pero ambas acaban en un pozo, de aquellos que existían en el patio de todas las casas, que hacían las veces de nevera para refrescar el vino y el sifón, surtidor de regadera para ducharse e incluso para aplacar la sed veraniega.

Una corresponde a Concepción Raboso, hija del anteriormente nombrado Juan Raboso, funcionaria jubilada del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, que avala el estudioso cervantino Juan José Costa, y que transcribimos de Puerta de Madrid del 17-01-2015.

 

 

 

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“El libro, primero estuvo en el domicilio familiar (de los Raboso); después lo bajaron a la trastienda colocándolo detrás de unas escobas; pero aquello no era seguro; a continuación lo colocaron en el cuarto donde está el pozo, justo detrás de unos sacos de legumbres, pero tampoco quedaron tranquilos con ese escondite, así que lo ocultaron en el hueco de la escalera camuflado entre trastos.

Tanto Juan Raboso como su madre contaron a su prima Luisa Raboso Alarcos lo que ocurría. Esta vivía en la calle Ramón y Cajal número 3. La familia decidió trasladar allí el libro y esconderlo en un recodo que había en el pozo de la vivienda.

Pero aquél tampoco fue un escondite seguro y menos en una situación de guerra civil. El libro de bautismos volvió a la calle Cerrajeros, a la tienda-taberna de la familia de Juan Raboso, quien contó a su vecino y amigo Francisco del Río Ortega la situación y el problema que tenía de encontrar un lugar seguro para esconder el libro. Francisco del Río Ortega tenía una fontanería-hojalatería en la casa contigua a la tienda-taberna de Raboso.

Fue cuando a ambos se le ocurrió ocultar el libro dentro del pozo, pero tendría que estar protegido del agua. Lo solución la aportó Francisco. Juan buscó una caja de galletas grande, de hoja de lata; metieron en ella el libro y Francisco soldó la tapa y los bordes para evitar que entrara agua en ella. Hecho esto, echaron la caja al pozo, donde permaneció tres años hasta el final de la guerra civil.

Concha Raboso reconoció que todo esto se lo contó su padre y que los que conocían el secreto se interesaban por el mismo como una contraseña: ¡Cómo está el niño!”.

La otra versión, apoyada por la historiadora Asela Sanz, corresponde a la única testigo viva de aquellos momentos, la hermana de su marido, Conchi Pintado, de 91 años de edad. Trascribimos también de Puerta de Madrid del 31-01-2015.

“Mi tía Luisa Raboso Alarcos era prima de Juanito Raboso, que tenía una tienda y taberna en la calle Cerrajeros. Juanito tenía un hermano en Madrid, Pedro, que era sacerdote escolapio. Todos los veranos venia quince días cuando les daban el permiso, a pasarlos aquí en Alcalá. Pedro pasaba el permiso en casa de mi tía. Estando aquí disfrutando el permiso fue cuando estalló la guerra.

El párroco de Santa Maria, que se llamaba Don César, le dio la partida de nacimiento a Pedro Raboso, el cura escolapio. Y fue él quien llevó la escritura a casa de mi tía porque era allí donde vivía. Mi tía la guardo en un cofre, un baúl donde tenía sábanas, ropa, el ajuar.

El momento en que mi tía vio que era un peligro tener el libro en su casa fue cuando los milicianos se llevaron preso a mi padre, funcionario de prisiones. Fueron a buscarlo e hicieron un registro de la vivienda donde estábamos. Fue entonces cuando mi tía le dijo a Juan Raboso que había que hacer algo con la escritura, esconderla en algún sitio. La llevaron a casa de Juanito y la pusieron dentro de una caja de zinc …”

 

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One response to “IV Centenario de Cervantes – 2/5”

  1. Daniel Carrillo says :

    Sobre la muerte de Cesar Manera hay otra versión más verosimil en catedraldealcala.org: “En agosto de 1936, cuando los que lo conocían y trata­ban lo creían libre ya de la persecución, unos milicianos van por él, lo sacan de su casa, lo llevan al Ayuntamiento, y luego, sin saber dónde, lo fusilan.”

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