Principio de Pareto

Vilfredo Federico Damaso Pareto, italiano nacido en París el 15 de julio de 1848, muerto en Ginebra el 19 de agosto de 1923, fue un sociólogo, economista y filósofo. En 1906 hizo la famosa observación de que el veinte por ciento de la población poseía el ochenta por ciento de la propiedad.

 

 

Pareto enunció el principio basándose en el denominado conocimiento empírico. Observó que la gente en su sociedad se dividía naturalmente entre los «pocos de mucho» y los «muchos de poco»; se establecían así dos grupos de proporciones 80-20 tales que el grupo minoritario, formado por un 20% de población, ostentaba el 80% de algo y el grupo mayoritario, formado por un 80% de población, el 20% de ese mismo algo.

 

Estas cifras son arbitrarias; no son exactas y pueden variar. Su aplicación reside en la descripción de un fenómeno y, como tal, es aproximada y adaptable a cada caso particular. El principio de Pareto se ha aplicado con éxito a los ámbitos de la política y la Economía. Se describió cómo una población en la que aproximadamente el 20% ostentaba el 80% del poder político y la abundancia económica, mientras que el otro 80% de población, lo que Pareto denominó «las masas», se repartía el 20% restante de la riqueza y tenía poca influencia política. Así sucede, en líneas generales, con el reparto de los bienes naturales y la riqueza mundial.

 

En resumen, el “Principio de Paretto” o la “Regla del 80/20” argumenta que típicamente se concentra el 20% del esfuerzo en generar el 80% de los resultados; el 20% de los resultados restantes son realizados con el 80% del esfuerzo.

 

A similar conclusión ha llegado Peter Temin, economista e historiador del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en un estudio reciente para el Institute of New Economic Thinking. El 30% de la población, la que trabaja en finanzas, tecnología y electrónica, cuenta con grandes opciones y posibilidades, mientras que el 70% restante está abocado a los bajos salarios y a una economía de supervivencia, en donde “la clase media” pierde el sitio que hasta ahora ocupaba.

 

“Del mismo modo que se pensaba que la nueva economía urbana podría recoger el exceso proveniente del mundo rural, hoy sabemos que los nuevos sectores tecnológicos y financieros no sólo no serán capaces de crear los mismos trabajos que destruirán, sino que es probable que restrinjan el número de puestos disponibles, merced a la inteligencia artificial, el software, la robótica y la sistematización de las tareas. De modo que esa desigualdad en la que las capas altas concentrarán los ingresos y las bajas vivirán en el estancamiento o el descenso de los salarios en los estratos menos favorecidos, no hará más que acentuarse en el futuro”.

 

Esta teoría no hace sino ratificar los pronósticos realizados en el año 2013 por los profesores de la Universidad de Oxford Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, en el informe The future of employment, según el cual el 47 por ciento del empleo total está en situación de alto riesgo, “ya que muchas de sus ocupaciones son susceptibles de ser automatizadas en una o dos décadas”.

 

Producir a través de máquinas, que también sustituirán a ciertas profesiones actuales: sector del transporte, logística, administrativo, cajeros, asesores fiscales, arquitectos, teleoperadores, material de obras, servicio doméstico, abogados, periodistas, profesores, corrección de exámenes escritos. David H. Autor, profesor de economía en el MIT asegura que esta tendencia está provocando que se pierdan muchos puestos de trabajo en la parte media de la pirámide económica, y que el crecimiento del empleo en la parte superior esté desacelerándose.

 

La última referencia que he leído sobre este tema corresponde al dominical PAPEL del 20-03-2016 de El Mundo. Reflexiona sobre quien quiere apropiarse de la “clase media”, si la izquierda o la derecha, y la baja tasa de natalidad para implicarse en cualquier trabajo o trabajos que le permita sacar adelante la familia, aludiendo a un cortoplacismo de que “si no se cuenta con un trabajo fijo, no se hacen planes de futuro, se vive al día”.

 

El mundo avanza cada vez más rápido. La brecha de conocimientos existente entre la gente que se interesa por la ciencia, la tecnología o la economía y la gente a la que estas cosas no les interesan en absoluto se va haciendo cada vez más grande. Y eso le va a pasar factura a los segundos.

 

El sistema capitalista y el estado del bienestar hunden sus raíces en que las clases altas transfieran parte de su posición y riquezas a las clases bajas. Conformándose con ello y ante el temor a perderlo, no hay revoluciones porque unos viven bien, y otros lo suficientemente bien para sentirse contentos. Si no fuera así, la gente que no tiene nada que perder produciría las revoluciones sociales y políticas, por lo que el empleo y el manejo de las tensiones sociales en los próximos años, será fundamental para solucionar un problema complejo y profundo, a nivel mundial.

 

Publicado en el Blog de Campos el 30-04-2016

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