Libertad religiosa

Llevo muchos años emborronando cuartillas y nunca he escrito sobre la religión católica. Siempre he creído en la LIBERTAD y por tanto también en la libertad religiosa. Pero en este tema se ha pasado al libertinaje, “desenfreno en las obras o en las palabras”, según la RAE. España, muchos siglos cristiana, pasa a poner cortapisas a la Semana Santa y subvencionar el ramadán musulmán; mujeres jóvenes y pechos turgentes agreden moralmente a la iglesia católica, pero no tienen clituevos para hacerlo en una mezquita; se quiere que la iglesia pague el IBI pero no las mezquitas ni las sinagogas, ni los partidos políticos, ni los sindicatos ni las patronales; se gritan voces con odio preguerracivilista  hablando de fuegos y bombas contra iglesias, pero no contra otras religiones; no se habla nada de las escuelas, residencias, comedores y hospitales que sostiene la iglesia.

 

Y esos otros que gritan “no a la guerra”, contra el asesimahomato de los cristianos, que esperan que sean los americanos quienes una vez más pongan los muertos mientras los refugiados, que son quienes deberían defender su patria, esperan vivir sin dar golpe en Europa. Una cosa es ser un estado laico, y otra muy distinta hacer proselitismo laicista, arrimando la lumbre a favor de quien puede devolverte el calor con un bote, digo voto, de lentejas, siempre acercándose al ascua con mandil para no quemarse. Recobrar la ecuanimidad, la imparcialidad de juicio y la paz mental, es absolutamente necesario para todo el mundo, y mucho más para los políticos que, sin grandes conocimientos de nada la mayoría, pontifican en todo.

 

Cuando se escriba la historia de la Semana Santa alcalaína, sin mentiras, deberá figurar en letras de oro un socialista, José Macías Soto, granadino afincado en Alcalá desde hace muchas décadas, perteneciente a ese grupo de socialistas que no son ricos después de haber desempeñado algún cargo público. Empleado de Pegaso, en donde era representante sindical por UGT, ese sindicato presto a revuelo ordenado por el partido y que Pedro Sánchez ha perdido ahora a favor de los republicanos catalanes independentistas.

 

Me cuenta un amigo, director de banca por aquella época, que todos los finales de mes recibía la visita de Pepe Macías y Teodoro Escribano, que luego fue Alcalde de Alcalá, a reclamar la nómina de los empleados de dicha fábrica, que se retrasaba habitualmente porque la empresa no atravesaba por sus mejores momentos.

 

La reclamación era contundente, pero educada, correcta y sabiendo ambas partes cómo iba a acabar el tema. A nosotros nos tienes que pagar el último día de mes. Pero si no hemos recibido el dinero. Es igual, cuando domiciliamos las nóminas no nos dijisteis nada de eso. Pero comprender que antes tiene que ingresar la empresa y hasta ahora, nada. Bueno, pero que sepas que como no paguéis, os traigo aquí a todo el Comité de Empresa. Vale, no os pongáis así. Venid mañana, a ver qué pasa. Todos los meses era la misma canción, pero ambos jugaban su papel, ambos sabían lo que tenía que hacer el otro, y todos tomaban una cerveza cuando por la tarde se encontraban por la calle.

 

Pepe Macías fue el verdadero impulsor de la Semana Santa alcalaína. No voy a detallar su trabajo, que queda para los historiadores, pero fue la persona que reorganizó, organizó, puso de acuerdo a todas las partes, para que fuese lo que hoy es, incluso, y de ello me acuerdo perfectamente, dar el carácter festivo, cultural y turístico, a lo que el Obispo de entonces no era muy por la labor.

 

Y era socialista. De los que vivieron la Transición. De los que sabían la diferencia que había entre el régimen franquista y el democrático, del que había padecido en sus carnes, entre otras muchas cosas, que el Jueves y el Viernes Santo solo se podía poner música sacra en las radios y en la televisión, de los que, supongo, hoy ya jubilado, verá con tristeza el odio que ha renacido, cuando él fue uno de los que perdonaron, y fue perdonado, de todo lo ocurrido hasta entonces.

 

En muchos lugares de España, la Corporación Municipal acompaña en los actos religiosos formando dos filas; la de la izquierda la forman los partidos de izquierda; y la fila derecha, los partidos de la derecha; y el Alcalde, que es de toda la ciudad y no solo de los militantes de su partido, en el centro, delante de ambas filas; así muestran públicamente sus ideologías, pero sin renunciar al desempeño de su cargo público para con todos los ciudadanos.

 

Don Quijote dixit: “Yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda pero no la honra. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno”.

 

cr1

Publicado en el Blog de Campos el 26-03-2016

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