Acapulco70

Yael Farache, española muchos años residente en Venezuela, es una periodista que escribe en ACAPULCO70, y cuyos artículos, como yo en este caso, han sido copiados y referenciados en todo el mundo de habla hispana en temas sobre Podemos, Cuba, Venezuela y la democracia en general.

 

Jael

Ella opina que “la libertad y la democracia son incompatibles”, grave aseveración que no se corresponde con lo que escribe. Sin profundizar en sus ideas y posiciones ante la vida, lo que sigue a continuación son retazos sueltos acerca de PODEMOS.

 

A mí, lo que más me ha impactado es lo que dice sobre que los líderes españoles de Podemos no iban a Venezuela a enseñar, sino a aprender para implantarlo posteriormente en España. Nueva visión del tema que, de ser verdad, cambia sustancialmente la hoja de ruta del Flautista de Hamelín Pablito.

 

“”Veo a Pablo Iglesias en la televisión y reconozco en él la mano de Hugo Chávez. No tiene el carisma ni genera el mismo entusiasmo, pero su campaña es tan parecida a la campaña electoral con la que ganó Chávez en 1998 que siento como si estuviera viendo un capítulo repetido, o el show de un ventrílocuo, como si en cualquier momento de detrás de la cabeza de Pablo Iglesias se va a asomar Hugo Chávez.

 

Hay que agregar que tanto Monedero como Iglesias residieron en Venezuela y fueron asesores del chavismo durante varios años. Monedero, a los 40 años, fue asesor directo de Chávez y vivió con él en el palacio presidencial entre 2005 y 2010. Por su parte Pablo Iglesias vivió en Venezuela en 2006 y 2007 y prestó servicios de asesoramiento a varias instituciones chavistas incluyendo el despacho presidencial, tenía 28 años. Lo que cabe preguntarse es qué tipo de asesoramiento político puede dar una persona de 28 años sin experiencia política a un gigante como Chávez, un dictador que se prolongó en el poder durante casi 15 años y que contaba con el aparato de inteligencia cubano y la participación de Fidel Castro en su estrategia de gobierno. La respuesta es simple: ninguno. Lo más probable es que el gobierno chavista no recibiera asesoramiento alguno, no lo necesitaban. Los que estaban recibiendo asesoramiento, entrenamiento, y financiación política eran los de Podemos.

 

Chaves 01

Desde luego que el modelo que va a usar Pablo Iglesias en España tendrá diferencias con los de Venezuela porque necesita adaptarlo a las realidades españolas que son diferentes a las venezolanas. El hecho de que España y Venezuela son diferentes, como eran diferentes Venezuela y Cuba, no significa que no se pueda implantar el mismo modelo. La realidad es que las intenciones de Pablo Iglesias y de Podemos son justamente esas: implantar un comunismo dictatorial en España sobre la figura de Pablo Iglesias. Eso es lo que desean hacer, ese es el objetivo, y todos sus esfuerzos están destinados a trabajar por ello. Si lo consiguen o no es otro tema.

 

Buscar ilusiones cuando la cosa está mal es un impulso natural, es casi un instinto. Por naturaleza la gente busca todas las evidencias que le confirmen su ilusión y les permita seguir creyendo en ellas. Por eso es tan fácil engañarlos, porque la mitad del trabajo lo hace la víctima. Por eso la gente es más susceptible a tragarse las manipulaciones políticas en épocas de crisis y por eso creen en justificaciones absurdas que no tienen pies ni cabeza.

 

El momento histórico en la Venezuela de 1998 era tan similar al que vive hoy España que sorprende. Venezuela, al igual que España tuvo una dictadura de derecha que al terminar dio paso a una democracia bipartidista. En los 40 años que siguieron a la dictadura de Marcos Pérez Jimenez, aliado de Franco, en Venezuela los partidos políticos gobernaron de forma ineficaz. Después de una increíble bonanza petrolera similar a la bonanza del ladrillo en España, la economía venezolana se sumió en una crisis severa que duró alrededor de 15 años. Como respuesta los gobiernos se alinearon con el Banco Mundial y pasaron medidas de austeridad que llevaron a una crisis social en la que hubo protestas violentas que fueron reprimidas por el gobierno. Nueve años después, la Venezuela de 1998 había perdido toda la confianza en el gobierno y en los partidos tradicionales, como pasa hoy en España.

 

La ciudad de Caracas en sí era tranquila, al menos en contraste con lo que vendría después. Los edificios tenían cada uno un color diferente. Las calles solían estar relativamente limpias. El Metro funcionaba bien. Lo mismo ocurría con los servicios básicos: había electricidad, agua corriente, televisión por cable y televisión abierta. Si encendías la tele un día cualquiera lo que había era una telenovela o un partido de béisbol. Los mensajes en los medios eran todos diferentes porque había tolerancia a la diversidad de pensamiento. Las líneas editoriales de los periódicos diferían las unas de las otras y criticaban al gobierno sin problema, eso era lo normal.

 

Ese escenario cambió bajo el gobierno de Chávez. Quince años después la pobreza, la corrupción, la impunidad, la desigualdad, eran las mismas, pero a cambio perdimos todas y cada una de las conquistas democráticas que habíamos subestimado, que nos parecían tan poca cosa en 1998. La Venezuela de la que yo me fui años después era un lugar dramático en el que era imposible estar. Uso la palabra “estar” y no la palabra “vivir” porque aunque es imposible vivir allí, la sensación es más dramática que eso. No se trata de un problema a futuro, de la imposibilidad de crear un proyecto de vida. Vivir con Chávez es una situación insoportable porque inunda tu vida segundo a segundo. Trataré de describir brevemente la experiencia de caminar por las calles de Caracas con Chávez. (Cabe destacar que por “Chávez” no me refiero nada más al hombre llamado Hugo Chávez que murió en Cuba. Me refiero a todo su aparato gubernamental, a su mal llamada revolución, a su modo de gobierno, y a su heredero dinástico Nicolás Maduro).

 

En la Venezuela de Chávez es imposible escapar de la política. La política inunda cada espacio que existe a tu alrededor. La batalla empezó en la televisión. Cuando Chávez ganó lo primero que hizo fue abusar de un mecanismo que existía en la ley Venezolana y que permitía al presidente transmitir un mensaje a la población “en cadena nacional”. Lo que eso significa es que el presidente puede interrumpir la programación de todos los canales de televisión y de las frecuencias de radio para transmitir un discurso en todas las señales en simultáneo.

 

Era una locura. Pero lo peor es que era inescapable. No podías huir de aquello. Estaba en todos los canales de televisión, en todas las frecuencias de radio, y en 1998 internet no era un lugar en el que pudieras “navegar” así que muchos venezolanos para huir de aquella invasión optaban por salir de sus casas durante las “cadenas nacionales”, para ir a beber algo con los amigos.

 

Pero en poco tiempo la invasión salió de la televisión e impregnó la misma ciudad. La ciudad en sí, las fachadas de sus edificios, sus vallas publicitarias, se transformaron en un campo de batalla en el que la izquierda más radical le recuerda al ciudadano de a pie lo insignificante que es. Si antes de Chávez cada edificio tenía un color diferente, con Chávez los edificios se pintaron de rojo. Hasta los vagones del metro eran rojos. Los edificios públicos adoptaron un estilo en la fachada en la que retratos gigantescos de la cara de Chávez, de la cara del Ché Guevara, y a veces la cara de Simón Bolívar saludaban al que pasaba por delante. Retratos de 10 metros con el eslogan de turno por ejemplo: “Patria, socialismo, o muerte”.

 

En el método Chávez, a diferencia de otras dictaduras violentas, se utiliza la misma democracia para desmantelar la democracia. Se empieza con un gobierno demócrata y si se aplican todos los pasos, se termina con un gobierno dictatorial de corte comunista pero con aspecto democrático. El método tiene 5 pasos:

 

1) Proceso Constituyente.
2) Nacionalizaciones y expropiaciones.
3) Eliminar la libertad de expresión.
4) Control de cambio y devaluación.
5) Reelección indefinida.

 

Cada paso se da por vías democráticas aunque sean justamente lo contrario de la democracia. Cada paso se da con la complicidad del pueblo. Por eso es necesario engañarlos. La pantomima chavista se ejecuta en cada paso: se oculta la verdadera intención de la maniobra y se justifica ante la población como una medida necesaria, ineludible, y que se hace por su propio bien. En realidad hay única intención: controlar el país, prolongarse en el poder.

 

La libertad es algo frágil. Conquistarla es un proceso largo y duro, pero perderla es muy fácil. La democracia en España es joven, y fue conquistada con dificultad. Una cosa que hay que comprender es que la democracia es un estado más ordenado que una dictadura, o una anarquía. Requiere que una gran cantidad de factores y la voluntad de un gran número de personas confluyan en un mismo espacio. Por eso construirla es difícil pero romperla es sencillo””.

 

Acabo para no hacer excesivamente largas estas líneas. Quien quiera profundizar en el tema puede leer el artículo completo en http://acapulco70.com/la-verdad-acerca-de-pablo-iglesias-y-su-partido-poltico-podemos/

 

Publicado en el Blog de Campos el 15-01-2015

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