Mirando atrás

Internet – año 2003

 

Reflexionando sobre aquellos años… Este correo está dedicado a las personas que nacieron entre 1950 y 1970 . La verdad es que no se como hemos podido sobrevivir. … sobrevivir a nuestra infancia. Aunque no todo tiempo pasado fue mejor ¿eh?

 

Porque fuimos la generación de la “espera”; nos pasamos nuestra infancia y juventud esperando. Teníamos que hacer “dos horas de digestión” para no morirnos en el agua, dos horas de siesta para poder descansar (?), nos dejaban en ayunas toda la mañana del domingo hasta la hora de la comunión para… todavía no sé para que, los dolores se curaban esperando, “aguantaformo” se llamaba.

 

Pero… Mirando atrás, es difícil creer que estemos vivos: Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad y sin airbag. Hacíamos viajes de 10-12 horas. Con cinco personas en un 600 y no sufríamos el síndrome de la clase turista.

 

No tuvimos puertas, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, eso sin contar con que hacíamos auto-stop. Más tarde en moto, sin papeles y no la habíamos robado.

 

Los columpios eran de metal y con esquinas en pico y jugábamos a “lo que hace la madre hacen los hijos”, esto es a ver quien era el más bestia. Pasábamos horas construyendo nuestros carros de rodamientos para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que nos habíamos olvidado de los frenos. Lo mismo hacían los más afortunados con los coches de pedales, pero tampoco tenían freno y les duraban dos días. Después de chocar con algún árbol, aprendimos a resolver el problema. Jugábamos a “churro va” y nadie sufrió hernias ni dislocaciones vertebrales.

 

Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día y sólo volvíamos cuando se encendían las luces de la calle. Nadie podía localizarnos. No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, eran cosa de niños y se curaban con mercromina y unos puntos. Nadie a quién culpar, sólo a nosotros mismos. Tuvimos peleas y nos “esmorramos” unos a otros y aprendimos a superarlo.

 

 

Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. No había correctores para los pies planos ni para los dientes torcidos. Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando.

 

Compartimos botellas de refrescos, “minis” o lo que se pudiera beber y nadie se contagio de nada. Solo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente. No tuvimos Playstations, Nintendo 64, vídeo juegos, 99 canales de televisión, películas en vídeo, sonido surround, móviles, computadoras ni Internet. Nosotros tuvimos amigos.

 

Quedábamos con ellos y salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos. Y jugábamos a las chapas, al peón, a las chivas, al taco, al rescate, a la taba…, en fin tecnología punta. Íbamos en bici o andando hasta su
casa y llamábamos a la puerta. ¡Imagínense!, sin pedir permiso a los padres, y nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel ¡Sin ningún responsable!

 

¿Cómo lo conseguimos? Hicimos juegos con palos, perdimos mil balones de fútbol y comimos pipas y aunque nos dijeron que pasaría, nunca nos crecieron en la tripa ni tuvieron que operarnos para sacarlas. Ni tampoco nos quedamos ciegos con el “mandurrio” en la mano.

 

 

Bebíamos agua directamente del grifo, sin embotellar y algunos incluso chupaban el grifo. Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la “escopeta de perdigones”, antes de ser mayores de edad y sin adultos, ¡¡DIOS MÍO!!

 

En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos. Los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repitieron curso.

 

¡Qué horror, no inventaban exámenes extra! Y sabíamos todos los ríos, cabos, golfos y capitales del mundo.

 

Veraneábamos durante tres meses seguidos, y pasábamos horas en la playa sin crema de protección solar ISO, sin clases de vela, de paddle o de golf, pero sabíamos construir fantásticos castillos de arena con foso y pescar con arpón.

 

Y ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarles el culo, no en un chat diciendo “: )” “:D” “: P”. Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso.

 

La idea de un padre protegiéndonos, si transgredíamos alguna ley, era inadmisible. ¡Ellos protegían las leyes! Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad y aprendimos a crecer con todo ello. No te extrañe que ahora los niños salgan medio gilipollas. Si tú eres de los de antes, ¡Enhorabuena! Tuviste la suerte de crecer como niño.

 

Publicado en el Blog de Campos el 10-12-2015

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: