En el planeta pandorga

“A La Mancha, manchego, que hay mucho vino, mucho pan, mucho aceite, mucho tocino. Y se vas a La Mancha, no te alborotes, porque vas a la tierra de Don Quijote”.

 

Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares; pese a una inequívoca partida de nacimiento, todavía hay lugares que pretenden ser la patria chica del más importante escritor en español de todos los tiempos.

 

Don Quijote es, universalmente aceptado, manchego: Idealista en busca de la justicia perpetua, que camina parejo al filósofo del pueblo, razonamiento de quien ha vivido y sentido con paciencia los desvaríos de aquel a quien sirve, más culto y con más ambiciones que él, pero con acusado realismo personal, característica común a todos los manchegos.

 

El último día del mes de julio, en Ciudad Real, capital de La Mancha, se lleva a cabo la celebración de La Pandorga que representa el agradecimiento de los agricultores por los frutos recibidos de la cosecha. De la página pandorgos de internet, entresacamos:

 

Desde tiempos remotos, las gentes de Ciudad Real, encomiendan a la Virgen del Prado, sus haciendas y cosechas y al finalizar las recolectas, bajo el sol de justicia del verano manchego, coinciden los agricultores en su agradecimiento a través de las ofrendas. Provenientes de todos los campos adyacentes y vestidos con sus mejores galas, acuden a mostrarse ante nuestra Señora. Suenan en la Basílica de la Virgen del Prado, al olor y la frescura de las ofrendas, los maitines y las salves, y por el camarín de la Virgen se abre un pasillo entre lo divino y lo humano.

 

Es la Pandorga, una noche entre julio y agosto llena de estrellas y ojos que destellan y en la que, las palabras que sobreviven al vino, se juntan, las llaman coplas o seguidillas y luego se cantan y bailan con gracia y descaro.

 

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Sobre los orígenes y desarrollo de la fiesta no se disponen de muchos datos. El historiador Hermenegildo Gómez Moreno, cita a un cronista del siglo XVII que ya tacha, por aquel entonces, de antigualla a la Pandorga, y nos la presenta más o menos como la conocemos en el siglo XX, con la figura del organizador de la fiesta.

 

Don Pedro Echevarría también nos dice, que parece ser que durante el siglo XVI, existía la costumbre de saludar a la Virgen con canciones populares la noche del 31 de julio.

 

El articulista Ybarpérez hacía una completa descripción del fenómeno cultural: “es el carro de la labor… el último viaje del mies desde la tierra a la era y como se ha llevado a cabo gracias a Dios, sin contratiempos…… con vivísimos y rojos reflejos… de las mies y de los pañuelos de vistosos colores… empieza la fiesta y cantan y bailan mozas y mozos y todo es jolgorio, alegría y risas y en báquico festín comen algún conejillo y beben sendos tragos de criminal peleón”.

 

De 1896 obran, en el museo López Villaseñor de Ciudad Real, un acta municipal por la cual se concede una subvención de 50 pesetas para la celebración de la pandorga de ese año y así mismo constan suprimidas las ayudas para la demás verbenas.

 

A principios del siglo XX, la Pandorga fue relegándose a cortas intervenciones musicales, visita a la Catedral y pasiva asistencia de transeúntes en un “ir y venir” por el Prado, a pesar de los esfuerzos de los que ostentaban el reino de la copla: Mazantini, el ciego Paco y Pepe el Gordo, que organizados en rondalla acudían a la cita del 31 de julio fuera esta festejada o en rebeldía, “este año no hay pandorga Virgen del Prado, tus hijos por desidia te han olvidado, pero aquí tienes al viejo Mazantini que a cantar viene”.

 

A partir de 1916, la Pandorga cobra un nuevo esplendor con el resurgir de las manchegas, los cada vez más lúcidos actos dentro y fuera de la catedral con decorados venecianos que engalanan el prado de farolillos y adornos en medio de una asombrosa participación.

 

Transcurrida la guerra civil, la Pandorga mantiene sus rasgos característicos y pronto comenzará el resurgir. Ya en 1962, un ciudadrealeño con el seudónimo de “El Perchelero” publica en el diario Lanza lo que entiende por la Pandorga: “no es otra cosa, que lo que hay de eterno en el alma de Ciudad Real”.

 

En 1964 el ayuntamiento asume la organización de la pandorga, introduciendo una procesión floral desde el ayuntamiento a la catedral y tomando parte distintas bandas y agrupaciones musicales. Pronto la Pandorga construyó su protocolo y su moda, con la idea de sumergirse en agua y limoná; así la calle se inundó de camisetas amplias y frescas de color blanco acompañadas del pañuelo de yerbas, preceptiva credencial del participante que certifica a quien lo lleva como integrante de la fiesta.

 

Los primeros pañuelos, tradicionales del campo manchego, se dejaron ver en la fiesta en el año 1978. Su introducción, atribuida a Carlos de la Torre, amigo y contendiente durante muchos años en el baloncesto nacional, fue extraordinariamente recibida en el concurso de “limoná” del año siguiente; en el año 1979 se realizaba el primer concurso de “limoná”, cuyo vencedor don Antonio Cárdenas, sentaba precedente en el arte de mezclar los componentes.
A partir de 1980 la pandorga vuelve a tener Pandorgo, arropado por la multitud que había expresado su deseo de ser objeto y fin de la fiesta principal, respaldado por la federación de peñas y la comisión de festejos del Ayuntamiento de Ciudad Real, para desempeñar la nada fácil tarea de fundir en armonía tradición y nuevos tiempos… hombre característico, amante de las genuinas costumbres manchegas, bonachón y merecedor de honrar a los ciudadrealeños.

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La mayoría de los Pandorgos coincidirán en sus discursos de proclamación, en destacar los elementos diferenciadores de la Pandorga: la ofrenda, la plegaria, la danza, la música… la convivencia manchega y “la limoná y los torraos”, que el Pandorgo deberá tener dispuesto en cantidad suficiente para invitar al pueblo de Ciudad Real después de la ofrenda, como corresponde a “quien organiza la pandorga”.

La principal exhibición viene siendo la de la tolerancia y la convivencia y, si se alcanzan grandes cotas de permisividad y sociabilidad, también ejemplares niveles de comportamiento.

 

Para esta concentración impresionante de personas, la pandorga siempre supo mezclar buenos vinos, buenas personas y viejos y nuevos tiempos, habiéndose convertido hoy en día en una fiesta a la que acuden personas de toda España.

 

Una forma alternativa para hacerse una idea de qué es la Pandorga y su espíritu manchego, es ver el programa de José Mota en televisión, aunque no se lo crean, la mayoría de sus personajes, existen. Es el planeta Pandorga. Palabra de un manchego.

 

Publicado en el Blog de Campos el 31-07-2015

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