Incompetentes y necios

Un banco, hasta ahora, es una empresa privada, sociedad anónima cuyo capital se encuentra suscrito mediante acciones por sus socios, y cuyo primer objetivo, como el de todas las empresas, es obtener resultados que remuneren el capital invertido.

 

Supongamos que hablamos de un pequeño banco, prudentemente gestionado, especializado en intermediación y mercado de capitales, con una rentabilidad acorde a las circunstancias, en la media de las entidades de su tamaño, con un dividendo sostenido en el tiempo.

Siempre, en cualquier lugar, hay alguien más listo que el resto, o al menos él se lo cree, que sabe conjugar su ambición con una verborrea fácil de exposición pero retorcida en su concepción, en la que los oyentes se preguntan al terminar, ¿qué ha dicho? y algún otro contesta, que vamos a duplicar los beneficios. Ese es el poso final, lo único que queda en el subconsciente de la audiencia.

 

El sujeto en cuestión no tiene ni idea de banca; tiene muchos negocios con gran apalancamiento financiero con otras entidades bancarias, su patrimonio es muy importante, pero nadie ha calculado el líquido restando lo que adeuda a los bancos, coquetea en la política, va a las carreras de Fórmula 1, invitado principal en cualquier mesa que se precie.

 

Como él sabe que no sabe, nombra un segundo de abordo en el Consejo, abogado, que tampoco sabe nada de ese negocio, pero que le es fiel incluso hasta la muerte si fuese necesario. Y para completar el tripartito del poder, contratan, me copio, a un iluminado que se había leído el manual “Cómo ser banquero en quince días”, pretendiendo alcanzar el olimpo financiero en un mercado en el que el círculo estrábico permitía soñar a crédito ilimitado.

 

Hay que crecer por encima de todos los competidores. Aquí no se baja en ninguna rúbrica. Fulanito, que eso es la Mora. Pues ni en la Mora esa … Las operaciones de guante blanco son complejas, enrevesadas, difíciles de investigar y de probar; existen intereses creados, y contrapuestos, de todo tipo; alcanza a personas e instituciones públicas y privadas. Y se iba a jugar al golf tranquilamente con sus antiguos compañeros de la Praterhaus Company, cena en los círculos sociales (el banco va mal, pero se come muy bien), chupitos en el pub hasta pasada la medianoche, y alguna reclamación por acoso sexual dentro de la propia casa.

 

Pasó lo que tenía que pasar. Que llama el Banco de España, que no hay dinero para pagar la Cámara de hoy. Hay que salir a mercado, clientes, porque los competidores ya no les prestan. Subir los tipos del pasivo por veinticuatro horas. Así cada día, con decisiones que, inevitablemente, les conducían al abismo.

 

Por esas cosas raras de la vida, que dice la canción, aparece un mirlo blanco, sudamericano, inmensamente rico, cuyo hijo, 32 años, ha terminado un master en una reconocida escuela de negocios. Y quiere comprar ese banco para que lo gestione personalmente su hijo. Todos pensaban que la beca-master de aprendizaje le iba a salir demasiado cara al padre.

 

Por aquello de que todo el mundo se agarra a un hierro ardiendo antes de ahogarse, ponen un aval de la mitad del precio para poder acceder a la contabilidad y hacer una due diligence de la situación del mismo, para lo que se rodea de varios compañeros de su escuela de negocios.

 

“De aquellos días la historia/a relataros renuncio”. Todo su empeño y conocimiento era saber dónde estaba el dinero negro, quién se había llevado dinero, las bolsas de fraude. Que no, que nadie se ha llevado dinero, que el problema es el elevadísimo riesgo comercial asumido y el alto grado de morosidad existente, que la plantilla era absolutamente honrada y cumplidora, que la culpa la tenían … y aquí todo el mundo se callaba porque nadie quería más problemas de los que por sí había.

 

Con el poder político autonómico y nacional presionando un día sí y el otro también, no nos podemos permitir otro escándalo, hay que buscar una solución como sea, el problema no puede salir de aquí, se ordena más que se negocia con uno de los bancos sanos, de los que puede absorber una pequeña entidad sin ningún problema.

 

Pero, claro, el dinero es el dinero por mucho paisanaje que haya por medio: Compramos el negocio bueno, el que no tiene falencias, y solo el personal que trabaja en las oficinas. Del resto, no queremos saber nada.

 

Como los sudamericanos no contra ofertan, se ejecuta el aval por no haber llevado a cabo la compra del banco.

 

 

Y es a partir de ahí cuando viene un montaje jurídico financiero, sin autor conocido, digno de una elevada minuta, o de la cárcel. Más o menos, puede que a quien me lo ha contado se le haya pasado algo por alto, es el siguiente:

 

– Con el dinero recibido por la venta del negocio bueno, se indemniza al personal no acogido por el banco comprador, empezando por el CEO del manual.

 

– El banco desaparece, por baja, del Registro de Bancos y Banqueros del Banco España

 

– Se le cambia la actividad y el nombre, quedándose con dos únicos empleados y todas las inversiones malas: Bonos nacionales e internacionales incobrables, créditos fallidos incobrables, deudas con proveedores, comerciales externos, etc, etc …

 

– En Primera Instancia, el Juez da la razón al banco en la ejecución del aval, por lo que se hace líquido, y simultáneamente presta ese mismo importe a otra sociedad inmobiliaria del grupo.

 

– Mientras tanto, el recurso del pago del aval llega a última instancia y el fallo es que hay que devolver el importe a los sudamericanos, que se quedan sin cobrar porque ya no hay efectivo.

 

– Esta empresa continuadora del banco, sin tesorería de ningún tipo y con las deudas anteriormente señaladas, suspende pagos, presenta Concurso como ahora se llama, y entra en periodo de liquidación.

 

– La sociedad prestataria, receptora del importe inicial, traspasa, presta o cede (aquí es dónde no sé exactamente qué figura jurídica es la empleada), todo el importe a cuatro sociedades distintas del mismo socio-propietario, desapareciendo el dinero en la siguiente maraña que a su vez montan las mismas. Y también presenta Concurso.

 

– Resultado final, no ha cobrado nadie y el importe del aval cobrado no se sabe dónde está.

 

 

– El Administrador Concursal ha solicitado la acción de reintegración, que significa la anulación de las operaciones realizadas en los dos años anteriores a la declaración del Concurso.

 

– No sé si se conseguirá algo o no, pero lo que está claro es que ha habido, presuntamente, intención de quedarse con el dinero y no pagar a nadie.

 

– Y lo peor de todo, puede que al final la pena, si la hubiera, sea menos relevante que por robar un par de cajas de tomates. Hay que cambiar las leyes, si no queremos que nos las cambien, porque en algunas cosas, como este caso, llevan razón.

 

– Tampoco se asusten, garbanzos negros hay en todas las profesiones.

 

La verdad, no sé si esto es un cuento o realidad, o si lo he soñado una de estas noches de pegajoso calor veraniego alcalaíno, en las que uno suda como si tuviera cuarenta de fiebre.

 

Publicado en el Blog de Campos el 25-07-2015

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4 responses to “Incompetentes y necios”

  1. jimi says :

    Me gustaria que en privado me dijeras quien son. jimi

    • ancamfer says :

      Jimi: No deja de ser un cuento, un relato pensado en noche calurosa … Mejor dejarlo.

      • Ansal says :

        Más que un cuento parece una pesadilla. Queda un sabor agridulce pensar que todo esto se podría haber solucionado en tu sueño si hubieran mandado un profesional con “amplios poderes de maniobra” para solucionar el entuerto.
        Bueno, como dijo no se quién: ” Los sueños, sueños son ” en una noche de verano.

      • ancamfer says :

        Si lo vuelves a leer, la cúpula no dio lugar a nada salvo su propio orgullo. Tres eran tres las hijas de Elena, y ninguna era buena. Así está concebido este cuento.

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