Riesgo sistémico

El artículo que sigue a continuación fue publicado el 02- junio 2012. Se venía a decir, poco más o menos, lo que está de rabiosa actualidad en estos momentos: Alguien tenía que saber cuál era la realidad de Bankia. Y el deber de saberlo y haber puesto los medios para impedirlo. Claro que no es más que la opinión de alguien que fue cocinero antes que fraile.

 

Riesgo sistémico

El riesgo, en cualquier actividad de la vida, es la probabilidad de un evento adverso y sus consecuencias. El riesgo financiero se refiere a la probabilidad de ocurrencia de un evento que tenga consecuencias financieras negativas para una organización. Dentro de los muchos tipos de riesgos en que puede verse incurso una entidad financiera, se encuentra el riesgo sistémico, que es aquel riesgo que no es, en particular, de una sola empresa ó entidad financiera sino que se refiere a las pérdidas que podrían originarse, incluso para todo el sistema financiero, por la generación de un clima de desconfianza que afecte el normal desenvolvimiento de la actividad financiera. Esa es la situación española en estos momentos y ese es, entre otros, el riesgo de Bankia, sistémico.

Coincidiendo con la publicación de mi anterior artículo sobre estos temas, se anuncian ayudas públicas adicionales a Bankia hasta alcanzar la cifra de 23.465 millones de euros, cuatro billones (con b) de pesetas, el mayor default en la historia de España. Para que nos hagamos idea de la magnitud de ese importe, el tema Banesto, por el que acabó en la cárcel el Sr. Conde, fue una cifra seis veces menor. Pero además, y en letra más pequeña, se informa que Bankia solicitará a sus accionistas en la próxima Junta General, autorización para emitir deuda en obligaciones, bonos y cédulas hasta un máximo de 40.000 millones de euros, y pagarés por 15.000 millones, en un plazo de 5 años.

Según datos obtenidos en diversos foros no oficiales, el grupo Bankia tiene un total de casi 32.000 millones de euros tóxicos (14.000 en activos adjudicados, 11.000 en créditos dudosos y 7.000 en subestándar). Además, la nueva normativa obliga a provisionar una parte de los créditos que hasta ahora se vienen pagando bien. Y pierde 2.979 millones de euros en el pasado ejercicio 2011.

Con esas cifras, cualquier empresa tiene la obligación de solicitar el concurso de acreedores y, casi con seguridad, el juez decretaría la liquidación de la misma. Pero en este caso, absoluta tranquilidad, no es así. Fundamentalmente porque no se puede llevar a la quiebra y que se queden sin su dinero a once millones de ciudadanos. Eso es el riesgo sistémico. Y por eso el Estado tiene que poner el dinero. Y así, el presidente de Bankia puede decir, con razón, que “las medidas de recapitalización refuerzan la solvencia, la liquidez y la solidez del Grupo y nos permiten afrontar una nueva etapa de desarrollo del negocio bancario y avanzar en la consolidación de una gran franquicia”. Se le ha olvidado una cosa: Ni Ignacio (Goirigolzarri), ni San Ignacio (de Loyola), hacen hoy milagros; solo el Estado, el conjunto de todos los españoles, acudiendo al rescate de la institución.

Otra cosa bien diferente son los poseedores de acciones, convertibles, preferentes, deuda subordinada y otros instrumentos habilitados en su día para captar recursos. Ahí veo más difícil la reversión de lo invertido.

¿Cómo ha podido ocurrir el deterioro de la entidad, sin haber saltado las alarmas? Un banco, todos los bancos, son instituciones muy reglamentadas, con multitud de métodos y manuales escritos, supervisado todo por el Banco de España, en los que constan las atribuciones y facultades que todos y cada uno de los empleados tienen para la concesión de riesgos crediticios: Empleado, gestor, director de oficina, etc, etc, hasta llegar al Director General de Riesgos, la Comisión Delegada del Consejo y el propio Consejo de Administración, que es quien tiene obligación (Circular 04/91 BE y posteriores actualizaciones, última 03/2010) de marcar el mapa de riesgos, sectores, distribución geográfica, concentración, en qué condiciones se conceden, etc… de los riesgos de la entidad. Conozco un banco pequeño en el que el Director General de Riesgos tenía una delegación de un millón de euros; y conozco un banco grande, sistémico, en el que el Director General de Riesgos tenía una delegación de treinta millones de euros. ¿Qué significa esto? Pues que todos los riesgos importantes, superiores a dichos importes, están concedidos por los máximos órganos de esas instituciones, la Comisión Delegada del Consejo y el propio Consejo de Administración. Y es a ellos a quien habría que pedir responsabilidad, si procediera. Porque también son ellos los que prescinden, reclasifican o despiden, a aquellos empleados bajo sus órdenes que se saltan las facultades delegadas en la concesión de los riesgos. Se delega la facultad para la concesión, pero no la responsabilidad.

¿Y el Banco de España? Cuando los “Fernández y Fernández” se presentan en un banco, inspeccionan hasta el fondo, con absoluta preparación, profesionalidad y dedicación. Y hay bancos, los grandes, los sistémicos, en los que están casi de forma permanente, tienen despachos habilitados al efecto que solo usan ellos. O sea, por ahí, no; estoy seguro que ellos lo han visto, y han informado; y ahí acaba su misión.

Hago mío un post recogido de internet: “Es una vergüenza que tengamos que rescatar con dinero de todos los españoles a estas entidades, mientras que se desahucian por impagos de viviendas, mientras se cierran hospitales, mientras se prescinden profesores, mientras se reducen las ayudas sociales, mientras se congela la dotación a la ley de dependencia…”

¿Alguien va a pedir responsabilidades? ¿El Fiscal General del Estado va a actuar de oficio o a instancia de parte afectada? Yo estimo que el escándalo es de tal calibre que, sean quienes sean los culpables, de cualquier color político o nivel social, hay que investigar qué es lo que realmente ha pasado, quienes son los beneficiados, qué empresas son los acreditados, con qué garantías, quienes son los que asumieron la responsabilidad de la concesión, quienes se han saltado sus atribuciones, quienes han incumplido con sus obligaciones, etc, etc.. Un equipo multidisciplinar integrado por inspectores del Banco de España, de Hacienda y Judicial, dirigidos por un fiscal absolutamente independiente, debería devolvernos el primigenio concepto de confianza que las personas tenemos entre sí.

Tengo claro que, hoy por hoy, ningún inversor privado va a querer invertir en Bankia, ni en las otras entidades intervenidas como Cataluña Caixa y Nova Caixa Galicia, cuyo volumen añadido representa el 20% del sector en España, sin ayudas que lastrarían aún más las cuentas públicas. Y ya veremos si no hay algo más por ahí. Mi opinión es que las aportaciones que ha realizado y va a realizar el Estado, se hagan mediante capital y debería constituirse en Banco Público, pues del Estado y por tanto de todos los españoles, será la mayoría absoluta del capital, gestionado por profesionales bancarios privados, despolitizados y con el único objetivo (¡qué paradoja, binomio “papá estado” versus capitalismo en estado puro!) de ganar dinero que, aunque sea a largo plazo, permita al Estado recuperar en el futuro parte de lo ahora desembolsado.

 

 

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