Carmen, el pajarillo y el nido

Carmen, el pajarillo y el nido

Es un rosal con un único tronco, alto, de más de un metro, estaba claro que había tenido un tutor en su juventud que había conseguido que creciera totalmente recto, podado a propósito por manos expertas, abriéndose en cuatro grandes ramas que sostenían el resto del follaje de hojas y rosas, rojas, inmensamente rojas, aterciopeladas, capullos enormes que florecían de un día para otro, con un olor penetrante, de esos que ya solamente van quedando en el recuerdo de cuando éramos pequeños.

 

Rosa

“La primera verbena que Dios envía, la de San Antonio de la Florida”. Pórtico de la iglesia de San Pedro, hasta el cine Savoy, casi esquina al callejón de la fábrica de gaseosas. Puestos de turrón, almendras, churros, patatas fritas; luz de carburo; “Hay llaves, llaves”, de caramelo, de veinticinco céntimos, de cincuenta céntimos, de peseta. Todo animación, hasta las doce de la noche. A las afueras, el sereno vigilante en la calle de la Mata y al centro, la farmacia de “Pelines” de guardia…

 

El nido era totalmente de paja, en forma de copa, sujeto entre las cuatro ramas grandes del rosal. Al acercarme, salió volando un pajarillo, que casi chocó contra mi cuerpo. Estaban, solamente estaban, no supe desde cuando: cinco huevos, cada uno de grande como la uña del dedo corazón. El pajarillo se posó a unos cinco metros, sobre un canalón; y empezó a golpearlo con su pico y a rascar con sus patas, sin dejar de mirarme; estuvo así más de un minuto, sin interrupción, hasta que me aparté del rosal.

 

Verbena de San Pedro. Segunda gran verbena del verano. En el mismo sitio. Igual de animación. Limonada. Sangría. Barquillos. Artilugio con una rueda y cien clavos con otros tantos números, más el doble cero. ¡A jugar, a jugar! ¡A peseta la tirada! Le dabas a la rueda con todas tus fuerzas, emoción, cada vez más lenta, a ver dónde se para … La dueña, oronda como una mesa camilla, de voz cazallera, con mucho disimulo, paraba la rueda en el fatídico doble cero; los chavales nos dábamos cuenta; ¡Trampa, trampa, nos ha hecho trampa! Niño, la trampa la tendrá tu madre debajo de la cama …

 

La Criatura es un hombre grande, muy grande, de más de cien kilos, con un corazón casi tan grande como toda su persona. Cuando vio los huevos en el nido, se emocionó; apareció en su cara una sonrisa tan tierna, como solo es posible ver en un pobre cuando es plenamente feliz, de espíritu, se entiende.

 

Cinco pequeños picos trinando. La madre, desde que defendió a sus hijos con su protesta sobre el canalón y viendo que no habíamos destruido, ni siquiera tocado, el nido, ya no se asustaba cada vez que nos acercábamos a verlos. Les daba de comer a cada uno, todos juntos en círculo, y los arropaba con sus alas cuando terminaba.

La verbena de la Virgen del Carmen era, evidentemente, en la plaza del Carmen, y se extendía por la calle Caballeros, Pedrera y Estación Vía Crucis. Los elementos eran los mismos, pero en aquellos años las diversiones eran pocas y cualquier farolillo de papel multicolor era suficiente para olvidar durante un rato los garbanzos y sardinas en cuba que todos comíamos, salvo unos pocos.

 

Virgen del Carmen

El pasado diez y seis de julio, día de la Virgen del Carmen, el nido quedó vacío. La madre ya no vigilaba, los pajarillos habían volado; se había cumplido un periodo de su vida, y cada uno iniciaba una nueva etapa, que les llevaría a repetir el ciclo vital, a hacer su propio nido, en cualquier otro jardín.

 

Santiago, patrón de España. Verbena en El Perchel. Menos populosa pero más popular. A media tarde, soldados del cercano RAIL dando vueltas y más vueltas, familias enteras con chicos de todas las edades, porque entonces los pobres tenían muchos hijos; y los mismos churros, patatas, almendras, farolillos y oronda cazallera de la trampa debajo de la cama. Pero lo mejor eran los cangrejos de río con tomate, muy picantes, que servían en una taberna que había en la esquina de la plaza.

 

Carmen es un nombre de origen árabe que significa jardín. En algunas zonas de España, principalmente en Andalucía, llaman cármenes a los huertos y jardines. Como mujer, es honesta, inquieta, independiente, muy humana, sabe escuchar a los demás, mente de pensamiento previsor, leal, solidaria y de carácter fuerte, que disimula por su agradable forma de ser y actuar.
Permítaseme una licencia, y es dedicar este pequeño relato a Carmen, esposa, compañera y amante durante toda la vida; y a Carmen, -a las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero / que tenemos que hablar de muchas cosas / amiga del alma, amiga, de mi amigo esposa- antes que se obnubile la razón y no sepamos coincidir en nuestros recuerdos; a todas las que se llaman Carmen en España; y a todos los marineros, que imploran a la Virgen del Carmen cada vez que salen a la mar.

 

16 de julio de 2014
Antonio CAMPOS
http://www.es.ancamfer.wordpress.com

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One response to “Carmen, el pajarillo y el nido”

  1. Salcedo says :

    Es muy difícil hacer llorar cuando se ha de estar siempre riendo. Con tú relato lo has conseguido.
    .
    Gracias.

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