Los intocables del cannabis

Hoy hablamos de realidad y cuento, o que una realidad lejana, tome vida propia y convierta un cuento en propia realidad.

Uruguay es un pequeño país de 176.000 kilómetros cuadrados de extensión y menos de tres millones y medio de habitantes, de los que más de una tercera parte viven en la capital, Montevideo. De todo el subcontinente sur americano, tiene el nivel más alto de alfabetización y el menor índice de percepción de corrupción, detrás de Chile, y es considerado el mejor para vivir, de hecho, es el lugar elegido por sus fronterizos vecinos argentinos y brasileños más pudientes, para establecer su segunda residencia y lugar de vacaciones.

Conocida como “La Suiza de América”, siempre ha sido un país adelantado a su tiempo, uno de los primeros del mundo en establecer una ley de divorcio, el derecho del sufragio femenino, y un sistema educativo obligatorio, gratuito y laico.

Tras diversos avatares políticos, su organización es un Estado unitario democrático, de carácter presidencialista,  bajo la forma de una República, aunando en una sola persona al Jefe del Estado y del Gobierno, elegido por votación directa y para un mandato de cinco años, sin posibilidad de reelección hasta no haber transcurrido el mismo periodo de tiempo que estuvo en el desempeño del cargo.

El país está organizado en Departamentos (Provincias) y entidades locales llamadas Municipios, estos últimos constituidos únicamente por cinco miembros, elegidos por voto directo de la ciudadanía, y en donde el presidente municipal recibe el nombre de Alcalde y los demás miembros el de Concejales.

El presidente actual es el izquierdista José Mújica, nacido en 1935, guerrillero tupamaro en su juventud, reconvertido en democrático y entrañable personaje que sigue siendo pobre, no asesora a nadie ni da conferencias, vive en una pequeña casa rural  y conduce un viejo coche de su propiedad. La prensa internacional y las redes sociales lo han llamado el “presidente más pobre del mundo”. ¡Qué envidia, cuánto tenemos que aprender todavía en España!

En este contexto y adelantándose una vez más al resto del mundo, el Congreso de Uruguay aprobó durante el pasado año dos mil trece, legalizar la producción, venta y consumo de marihuana.

Hay otra serie de países que parece estarían dispuestos a seguir estos pasos de legalización si se hiciera de forma generalizada, o al menos mayoritariamente generalizada a nivel mundial. El control estatal, la pureza, los ingresos fiscales, la mano de obra generada, el golpe a las mafias y al narcotráfico, nos llevaría a una situación similar a la del final de la Ley Seca del alcohol en Estados Unidos, y a un consumo responsable regulado.

Hago mías las palabras del Presidente Mújica: “Jamás en mi vida la probé ni tengo idea lo que es”, pero “hay mucha muchachada que la ha probado” y en este sentido es necesario regular el mercado para evitar efectos adversos.

En España está despenalizado el consumo, pero es ilegal su venta, comercialización y tráfico; si una persona quiere consumir (legal) pero no puede comprar (ilegal), ¿cómo se compagina esto con lógica? De hecho, en susurro y por el muy español método del boca a boca, su consumo, trasmisión y aplicación funciona en diferentes círculos, incluso médicos.

Vivencia presencial, terceras personas afectadas, varios alrededor de una suculenta mesa, en España se han solucionado siempre las cosas alrededor de una buena mesa y mejor vino, en una de las ciudades en las que he trabajado:

Catedrático de oftalmología; tratamiento de glaucoma; confianza de amistad más allá del terreno profesional; “las gotas y pomadas que te estoy recetando están bien y con ello el asunto está controlado, pero si quieres de verdad no tener problemas, haz inhalaciones con hojas de marihuana, de forma similar a como se hacía hace años con las de eucalipto para el resfriado; verás la diferencia”.

Decana de los farmacéuticos de la ciudad, misma confianza de amistad y situación;  “La artrosis pronunciada en una persona de edad tan avanzada, hoy por hoy, no tiene solución el tema, ni operando. El mejor método paliativo natural es hacer el siguiente ungüento:

Necesario: Aceite esencial de alcanfor, un litro de agua mineral sin cloro, medio litro de aceite de oliva, cincuenta gramos de cogollos de cannabis, dos guindillas picantes, sesenta y cinco gramos de cera de abejas.

Preparación: Se pone un recipiente grande al fuego, con un vaso colmado de agua; se introduce en él, al baño maría, otro recipiente con los cincuenta gramos de cannabis, las dos guindillas troceadas, el litro de agua mineral y el medio litro de aceite; cocer durante cuatro horas a fuego muy lento, sin que nunca llegue a ebullición; tras las cuatro horas de cocción, dejar enfriar unos quince minutos. Se cuela con un colador de tela a un recipiente de cristal, escurriéndolo bien y separando el aceite que se ha producido de las hojas de cannabis y las guindillas; meter el aceite en el congelador durante dos horas; cuando se haya solidificado, separar el aceite del agua, colocándolo en otro recipiente, poniéndolo a fuego muy lento y temperatura muy baja, para que se derrita bien; cuando esté bien licuado, se añaden los sesenta y cinco gramos de cera de abeja, cortados en trozos muy pequeños, removiendo constantemente hasta que se disuelva la cera; añadir unas gotas del aceite de alcanfor, principalmente para perfumar la poción y enmascarar el olor a cannabis; cuando se haya fundido todo en una masa compacta, verter en un recipiente de cristal y dejar que se enfríe en el frigorífico; se forma una crema lista para su utilización, dos veces al día en la parte dañada”.

“Queremos arrebatarle al narcotráfico su mercado“, dijo en octubre pasado el presidente uruguayo en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y su objetivo es empezar a comercializarla durante el segundo semestre del presente año 2014, a un dólar americano el gramo de marihuana.

Soy de los que opinan que no son buenas las prohibiciones de ningún tipo. Sé que es abrir la caja de los truenos, pero tómense las presentes líneas única y exclusivamente como materia de discusión y debate a los niveles que fuesen necesarios, ya que las sociedades evolucionan y hay que “elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es normal” que dijo, en letras de oro, Adolfo Suárez.

Esto es válido también para el tema de la prostitución, su legalización y reglamentación, otro problema al que hay que dar solución. Porque pese a respetables opiniones contrarias, equilibradas a veces y otras transmitidas como si se estuviera en posesión absoluta de la verdad, lo peor de todo es que no se trata de si son o no conceptos progresistas, es que ambos son problemas reales, existen hasta en el último rincón de nuestra actual España.

A partir de este año, el Instituto Nacional de Estadística (INE) va a tener en cuenta a la hora de calcular el PIB de España las actividades ilegales, entre ellas lo que genera la prostitución y las drogas. Es una forma, como cualquier otra, de hacernos trampas en el solitario, pues aumentará sustancialmente el PIB pero sin contraprestación vía impuestos.

En cuanto a la prostitución los profesores Sanchís y Serra, de la Universidad de Valencia, han estimado que afecta en España a unas cien mil mujeres y mueve cada año unos 2.500 millones de euros que, en mi opinión, deberían contribuir con sus impuestos para poder obtener en el futuro una pensión contributiva.

Eso sí, conociendo cómo nos las gastamos los españoles, habría que invertir tiempo y dinero en educar, formar y enseñar a la población, y en diversos equipos de “intocables” multifuncionales que impidieran que la situación derivara en una realidad abyecta.

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